Bakunin era, innegablemente y al margen de lo que se piense sobre sus ideas políticas, un gran filósofo. Su pensamiento se agiganta con el paso del tiempo y merece la pena indagar en él, cuestionando con ello gran parte de nuestra herencia cultural, tratando de adquirir una mayor lucidez sobre nuestro entorno y alejándonos de todo dogmatismo. Esa herencia cultural, que nos hace tener tantas ideas preconcebidas, se encuentra impregnada de creencias sobrenaturales interiorizadas en la mayor parte de los individuos, como es el caso de la denominada “voluntad libre”, o de fantasías como la buscar en el ser humano una especie de toque divino que le llevará a la inmortalidad. Aunque chirríe para una mayoría, hablar de que el hombre esté en realidad determinado, la realidad es que hay que tener en cuenta todos los factores, políticos, religiosos y sociales, así como las condiciones materiales de existencia, que innegablemente condicionan nuestro pensamiento y nuestra existencia. Es posible que existen personas que quieran una verdadera independencia, y que actúen en consonancia, pero la realidad es que una amplia mayoría se muestra determinada por innumerables relaciones de todo tipo, por los prejuicios, las costumbres, y todo aquello que se manifiesta en la sociedad donde nacen, además de por el innegable legado cultural producto de siglos de historia.

Como el mismo pensador ruso escribía, “la mayoría piensa y quiere de acuerdo con las pautas sociales establecidas”. No se habla ya de personas (supuestamente) ignorantes, también aquellos que presumen de tener una formación elevada están condicionados por el pensamiento y el deseo del mundo circundante. Aunque tenemos la fantasía de un pensamiento independiente, la realidad es que la mayor parte de la veces reproducimos, de manera rutinaria y subordinada, lo que otros quieren y piensan. Bakunin consideraba que era esta rutina, esta falta de criterio y de iniciativa, lo que imposibilitaba un progreso rápido en la humanidad. Si existe una manera de conquistar la libertad y la conciencia, la auténtica emancipación, solo puede hacerse en sociedad. El hombre solo es capaz de desarrollar su personalidad, en aras de realizar su libertad individual, gracias al trabajo y con la cooperación del resto de miembros de la sociedad. La sociedad no supone, en la filosofía bakuniana, una reducción ni una limitación de la libertad del ser humano, sino la posibilidad de alcanzar la emancipación. Ésta, solo puede encontrarse al final, como objetivo y hecho logrado, nunca como concepto apriorístico.

Bakunin critica a Rousseau, y a otros pensadores individualistas y liberales, cuando hablan de un contrato tácito en el que el hombre se ata de antemano, cuando ni siquiera posee pensamiento ni voluntad, para fundar la sociedad. Es la premisa que justifica el Estado, que solo puede ser vista como símbolo de un estado natural primigenio en el que los individuos, supuestamente libres, aislados y autosuficientes, deciden firmar un contrato para renunciar a ciertas libertades en beneficio de crear una sociedad (o, más bien, un Estado) para asegurar su protección. Todas las leyes políticas y jurídicas, promulgadas por algún cuerpo legislativo, se deducen de esta idea del contrato social. Como es sabido, Bakunin y el anarquismo consideran que el Estado, nacido de esa fantasía de una voluntad libre y consciente del hombre (en su versión liberal, ya que el absolutismo político se funda en la voluntad divina), supone la negación de la sociedad. En suma, se niega que la sociedad solo se produzca después de la firma de un supuesto contrato entre individuos libres y conscientes. La sociedad precede a todo pensamiento, conciencia y voluntad de cada uno de sus miembros.

En la sociedad humana, al igual que en el resto de la naturaleza, todo cuanto en ella ocurre tiene como condición categórica la interferencia en alguna existencia. La absoluta independencia es imposible, ya que ello supondría la desaparición de la sociedad, cada uno de nosotros es a la vez producto y productor de una serie de relaciones mutuas con el resto de individuos. Es por eso que Bakunin considera la libertad como el efecto continuamente renovado de esa gran masa de influencia físicas, intelectuales y morales a las que está sometido el hombre por el entorno. Solo idealistas y metafísicos pueden aceptar que existe una independencia de esa realidad, la cual es definida por el pensador ruso como pura y simple no-existencia. Lo que desea Bakunin, y los anarquistas, lejos de negar todas esas dependencias sociales, es negar todo privilegio en ellas, toda influencia fáctica legitimada. Por lo tanto, no se niegan las leyes fundadas en la sociedad, pero sí todas aquellas leyes autoritarias, arbitrarias, políticas, religiosas y civiles que han llevado a cabo las clases privilegiadas en nombre de una moralidad ficticia.

Bakunin considera que la voluntad humana está sujeta a esa influencia del medio, o leyes naturales, pero al mismo tiempo es deseable una independencia, tan absoluta como sea posible, de cada individuo respecto a las pretensiones de gobierno de otros (es decir, de imposición de leyes arbitrarias). No es posible subvertir la influencia natural que los seres humanos ejercen entre sí, a nivel material, moral e intelectual, algo que podemos denominar solidaridad. Si hablamos de una vida ajena a la sociedad y extraña a toda influencia humana, es decir del absoluto aislamiento, ello equivale a la muerte intelectual, moral y material. Frente a otras concepciones individualistas, el pensamiento de Bakunin considera que es la solidaridad la que da lugar a la individualidad, y no al revés. Cada personalidad humana adquiere un elevado desarrollo, únicamente, en sociedad. Los intereses individuales y los sociales no tienen que ser antagónicos, lo que sí hay que hacer es liberarlos de la influencia fáctica de minorías privilegiadas y de toda aquella herencia cultural que impide el desarrollo de la conciencia.

Capì Vidal
http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com/
 
 

 

ORGANIZA CNT-AIT
9, 10 Y 11 DE DICIEMBRE 2011
LUGAR: Albergue Juvenil de San Fermín, Madrid.

A modo de introducción

CartelEl retroceso de la ilusión del estado como salvaguarda de unos mínimos nos devuelve a la realidad de hace más de un siglo cuando éramos las personas trabajadoras las que, aparte de producir para aquellos que detentaban el poder y el capital, proveíamos de lo imprescindible a los más cercanos (cuidados, alimentos, vivienda, vestido…) y, a través de fórmulas asociativas como sindicatos, cooperativas o sociedades de socorro, cajas de resistencia… encontrábamos respuesta a los servicios que iban más allá del ámbito vecinal: sanidad, auxilio social y educación.

Ya han pasado cuatro años desde que comenzara “la crisis”. Nosotros/as, clase trabajadora y ciudadanos/as estamos sufriendo especialmente los efectos de la desregulación, claudicación y desmovilización que han dado alas al capitalismo en su afán de mercantilizar todas las esferas de la economía. Una fuente inagotable de beneficios son nuestras necesidades más vitales. La burbuja hipotecaria -ese ciento y pico de endeudamiento familiar- explotó y se llevó por delante la ilusión de que podíamos vivir bien sin luchar por recuperar la plusvalía que el empresariado arranca de nuestro trabajo. La clase gestora (política, empresarial y burosindical) ha mostrado su cara más pusilánime sin respuestas ni migajas para repartir. Hay que recuperar parcelas abandonadas durante años de pacto social: nuestro futuro depende de ello. El camino ya ha sido transitado antes.

Recuperemos nuestra capacidad de producir y decidir, arrebatémosles la economía y construyámosla desde la plena igualdad, la cooperación y la autogestión para que este organizada por quienes producimos y orientada desde la racionalidad a atender nuestras aspiraciones y necesidades.

Hace 75 años nuestra meta se truncó. Levantemos la mirada, afiancemos el presente y olvidémonos de promesas vanas. Es nuestro momento.

Exposición de motivos

En su X Congreso Confederal (Córdoba, diciembre 2010/CeNTenario) la Confederación Nacional del Trabajo actualizó sus acuerdos sobre colectivismo y autogestión bajo el epígrafe Economía Alternativa, apostando por esta vía no solo para dar respuesta a las necesidades más apremiantes de la afiliación, sino como motor para el cambio social. Contamos con una buena infraestructura descentralizada, una red de solidaridad global y, lo más importante, un proyecto para la transformación integral de la economía fruto de la herencia de la memoria histórica de las colectividades y las colectivizaciones de industria y servicios. Y no vivimos del pasado seguimos creando proyectos, acumulando experiencias, investigando para crear las alternativas económicas para una sociedad sin clases ni estado, el comunismo libertario. En estas I Jornadas tendemos una mano al resto de los movimientos sociales para la interrelación y aprendizaje mutuo sobre las iniciativas por una economía alternativa y solidaria; con el fin de aportar, aprender y fortalecer entre todos/as las redes de economía alternativa y ayudarnos mutuamente al impulso de nuevos proyectos.

 

Secretaría de Acción Social | Comité Confederal CNT
Grupo de Trabajo de Economía Alternativa
social@cnt.es
638 201 990

http://www.cnt.es/conferencia-economia-alternativa



Este texto está escrito en Madrid, por lo que muchas de las
descripciones y reflexiones pueden no ajustarse a la realidad de otras
localidades, especialmente dada la heterogeneidad del movimiento 15M.
Aun así, pensamos que puede resultar útil como punto de partida para
la reflexión a todos los compañerxs que se están implicando en las
asambleas, independientemente del sitio. El texto ha sido redactado y
corregido precipitadamente para que estuviese disponible antes de la
convocatoria de asambleas de barrios y pueblos del 28 de mayo. Tenedlo
en cuenta a la hora de leerlo y disculpad las meteduras de pata que
pueda tener.
Algunxs anarquistas madrileñxs

0. Unas palabras para empezar…
Dejemos las cosas claras. Lxs que firmamos este texto somos
anarquistas, comunistas antiautoritarios, anticapitalistas o la
etiqueta que más os guste. Es decir, estamos por la abolición del
trabajo asalariado y el capital, la destrucción del estado y su
sustitución por nuevas formas horizontales y fraternales de vivir en
común. Creemos que los medios para conseguirlo deben ser lo más
coherentes posible con los fines que buscan y, por tanto, estamos
contra la participación en instituciones, contra los partidos
políticos (parlamentarios o no) y las organizaciones jerárquicas, y
apostamos por una política basada en el asamblearismo, la solidaridad,
el apoyo mutuo, la acción directa, etc.

Porque estamos convencidos que estos medios son los más eficaces para
llevarnos a la revolución. Si decimos esto es para eliminar cualquier
suspicacia y marcar las líneas sobre las que queremos que se mueva
esta contribución. Ahora bien, el que estemos por una revolución
social que destruya el capitalismo, el estado y que suponga la
abolición de las clases sociales (y de tantas otras cosas), no
significa que pensemos que esto puede ocurrir a corto plazo, de la
noche a la mañana. Lo que hemos planteado aquí son fines, es decir,
situaciones a las que, con suerte, llegaremos tras un largo recorrido
y un desarrollo considerable del movimiento revolucionario. Pensar lo
contrario no es que sea utópico, es un ejercicio de delirio y
ensoñación inmediatista. Un planteamiento revolucionario debe
plasmarse en una estrategia a corto plazo, en una serie de propuestas
para intervenir en la realidad que nos acerquen a situaciones en las
que estén en juego cuestiones como la abolición del trabajo
asalariado, la instauración del comunismo libertario, la revolución
social… cuestiones que hoy en día, obviamente, no están, ni de
lejos, sobre la mesa. Esta intervención no puede limitarse a repetir
machaconamente la rabiosa necesidad de revolución y de abolir el
estado y el capital. Ser anarquista no significa ser un chapas que
persigue a los demás repitiendo una y otra vez lo malo que es el
estado y lo buena que es la anarquía. Y sin embargo, a raíz del
movimiento 15-M, en los últimos días hemos leído por internet textos y
comentarios cercanos al delirio inmediatista y, lo que es peor, hemos
oído de compañerxs y amigxs posiciones que resbalan hacia el abismo
del anarco-chapismo, que, con toda su buena intención, se atrapan en
el maximalismo de las consignas grandiosas, de las propuestas a largo
plazo, etc. Sabemos bien de lo que hablamos, todxs nosotrxs hemos
estado en dichas situaciones y, lo que es peor, hemos contribuido en
muchas ocasiones a su extensión. Dejemos claro también que este texto
tiene tanto de crítica como de autocrítica, y que nos sirve, ante
todo, para tratar de no caer nosotrxs mismxs también en dichas
trampas. Para ir acabando, hay que tener en cuenta que este texto ha
sido escrito deprisa y corriendo, al ritmo que marcan los
acontecimientos, con el objetivo de que saliese antes del día 28,
cuando se han convocado las Asambleas Populares en diferentes barrios
y pueblos de Madrid, así que no os extrañe que en algunos puntos se
note la precipitación y la urgencia. No damos para más.

En resumen, este texto pretende ser una reflexión y una propuesta para
romper con el impasse en el que hemos estado anclados mucho tiempo,
para deshacernos de lastres que muchxs arrastramos y nos inmovilizan.
Es, en el fondo, una reflexión para intentar aclararnos en qué manera
podemos aportar y participar en lo que ocurre a nuestro alrededor.

1. El Movimiento 15-M: coordenadas básicas
Y lo que ocurre a nuestro alrededor es, obviamente, el llamado
movimiento 15-M, que en la última semana ha irrumpido como un elefante
en la cacharrería en la política nacional. Nos guste o no, y lo
queramos o no, el movimiento 15-M ha roto todas las expectativas y ha
sorprendido a todo el mundo: policía, políticos, periodistas,
convocantes, gente corriente, ciudadanistas, izquierdistas y, por
supuesto, a los anarquistas. En primera instancia todo el mundo se
quedó en fuera de juego y, a partir de ahí, todo ha sido una serie de
intentos más o menos afortunados de tomar posiciones frente a o dentro
del 15-M. No vamos a entrar a analizar sus causas o a repasar las
diferentes teorías conspiranoicas o intoxicaciones que han surgido a
su estela; no es importante para lo que queremos decir. Vamos a tratar
de aportar lo que entendemos que son las coordenadas básicas en las
que se mueve eso que llamamos movimiento 15-M o, al menos, las más
importantes para ver si es posible (y en ese caso cómo) una
participación anarquista o anticapitalista en él. Como es lógico, será
una descripción fragmentaria, parcial e incompleta. Nos da igual, las
cosas van demasiado rápido.
Lo primero que hay que decir es que el movimiento 15-M es un
movimiento social real y, como tal, es tremendamente heterogéneo y
contradictorio. Hay de todo y todo está en diferentes dosis. Es decir,
todo lo que digamos aquí no debe tomarse como características
definitorias absolutas, sino más bien como tendencias, matices, etc.
Expresiones de un movimiento en construcción en cuyo seno hay luchas,
tensiones y un continuo cambio.

Dicho esto, por su composición social y por las consignas que más se
oyen en las asambleas y grupos de trabajo, así como por las opiniones
de la gente que está continuamente publicitándolo en internet
(twitter) podría decirse que, principalmente, es un movimiento
ciudadanista y abiertamente demócrata. O mejor dicho, son este tipo de
planteamientos de reforma política y social (reforma electoral,
democracia real, mayor participación, crítica de los partidos
políticos mayoritarios pero no del sistema representativo o los
partidos en general…) los que, en general, aglutinan a más gente y
manos alzadas a su alrededor.

Sin embargo, este contenido se expresa bajo formas asamblearias, que
rechazan toda representación clásica (como por ejemplo, convertirse en
otro partido político) y que reniegan de toda ideología, símbolo o
forma política precocinada (desde partidos a banderas republicanas,
pasando por las A circuladas). Hay una consigna que rula por twitter
“Esto no va de izquierdas o derechas, sino de arriba y abajo”. Que,
por el momento, apuesta mayoritariamente por la auto-organización, por
la acción directa (no violenta) y la desobediencia civil, aunque no
utilice estas palabras mágicas. La no-violencia es, de hecho, otra de
las coordenadas fundamentales del 15-M, algo que, sin duda, es asumido
colectivamente sin discusión. Entraremos en esto más adelante.

Todo esto no quita para que en su seno se pueda ver claramente una
“lucha de poder” entre diferentes “facciones”, organizadas o no.
Miembros y militantes de partidos políticos de izquierdas, miembros de
los movimientos sociales, libertarios, gente normal y corriente
“indignada” que va con su propia visión del mundo, etc. todos pugnan
en su interior a todos los niveles, desde la orientación ideológica o
práctica del movimiento, al control (y en muchos casos, manipulación)
de las asambleas, comisiones, etc. En muchas comisiones y grupos se
está viendo de todo: pérdidas casuales de actas, personalismos, gente
que se aferra a las portavocías, delegados que se callan cosas en las
asambleas generales, comisiones que se saltan acuerdos, grupitos que
quieren mantener el chiringuito, etc. Muchas, seguro, fruto de la
inexperiencia y los egos; otras, parecen directamente sacadas de los
viejos manuales de manipulación de asambleas.

Alrededor de esta lucha, está también toda la gente que se acerca por
allí. Gente que se acerca a participar, a escuchar, a ser escuchado, a
aportar comida u otros materiales, a ver qué pasa, o simplemente a
echarse unas fotos en plan turista en su propia ciudad. Bajo las
carpas de Sol uno tiene la sensación de estar en un gran bazar en el
que no se vende ni se compra nada.

Por otro lado, uno de los grandes problemas de las acampadas es la
dificultad de participar en ella plenamente: no todo el mundo puede ir
al centro todos los días, ni todo el mundo puede quedarse a dormir, ni
todo el mundo puede participar habitualmente en las comisiones, etc.
Esto sin duda puede favorecer la creación de liderazgos informales,
camarillas, cosas raras y sesgos extraños que la gente, que gilipollas
no es, lo va a notar, lo va a comentar y a actuar en consecuencia. De
hecho, una posible consecuencia de quién está llevando el mayor peso
del campamento (y también de quién está más habituado a ir y proponer
actividades) es la progresiva guetización que ha sufrido la acampada
el fin de semana. Comparada con el ambiente de encuentro y de protesta
de los días más intensos (especialmente el viernes, dada la
expectación por la prohibición de la Junta Electoral Central) el fin
de semana la cosa perdió fuelle y comenzó a notarse un ambiente más
lúdico y menos de protesta, a pesar de que las comisiones,
subcomisiones y grupos de trabajo siguieron funcionando. A ratos,
#acampadasol parece estar reproduciendo lo peor y más banal de las
okupas del gueto: talleres, conciertos, batucadas, comedores,
actuaciones, clowns, etc. a costa de sus aspectos iniciales, mucho más
marcadamente de protesta, política e “indignación” (por pro-demócrata
y limitada que fuese). En twitter, que no olvidemos que tiene gran
culpa del ascenso del movimiento 15-M y del campamento de Sol, se está
filtrando ese descontento en mucha gente, que no ve con buenos ojos
esta deriva. Un ejemplo claro de ese descontento que tuvo lugar el fin
de semana fue el tema botellón sí-botellón no, el sábado una de las
asambleas tuvo que irse de Sol por la cantidad de gente que estaba a
su pedo, y el tema de las batucadas, que el domingo obligaron incluso
a aplazar a alguna asamblea que no oía con tanto ruido (aunque hay que
decir, que las batucadas tuvieron bastante seguimiento, igual que el
botellón).

Es obvio que el movimiento 15-M no es una revolución, eso es de
primero de militancia, y quien lo critique en base al hashtag
#spanishrevolution con el que se extendió inicialmente debería darse
cuenta de que era una mezcla de marketing, gracieta e ilusión. Sin
más.

El último apunte que queríamos hacer es lo que, para nosotrxs, quizás
sea lo más importante que hemos visto junto con su marcado carácter
asambleario y horizontal (con todos sus defectos, que son muchos): el
cambio brutal de actitud que hemos podido observar en los alrededores
de Sol durante toda esta semana. Recapitulemos. Tras la multitudinaria
manifestación inicial del 15 de mayo y, especialmente, tras el
desalojo de los primeros acampados, la gente ha tomado masivamente
noche tras noche la Puerta del Sol de una manera que ninguno de
nosotrxs habíamos visto nunca. Las movilizaciones contra la guerra,
aunque alguna fuera más masiva, no tuvieron, ni de lejos, la
continuidad, participación, actitud y ambiente que hemos visto esta
semana en Sol. Es como si, de repente, la pasividad y el ir cada uno a
lo suyo se hubiesen roto alrededor del Km. 0. Repartir panfletos en
Sol y sus calles aledañas es una gozada, la gente te entra para
pedirte que le des uno, los coge con una sonrisa, te pregunta, te da
las gracias… Los primeros días, si hacías un corrillo para hablar de
algo, la gente arrimaba la oreja para intervenir, para escuchar. Ha
sido normal ver a la gente de lo más variopinta discutiendo en
pequeños grupetes. Los grupos de trabajo y las asambleas generales son
acontecimientos masivos de entre 500, 600 y 2000 personas (sentadas,
de pie, arrejuntándose para oír algo), etc. Y aparte de esto, esa
sensación permanente de buen ambiente, de “esto es algo especial”.
Todo esto alcanzó su punto álgido la noche del viernes al sábado,
cuando empezó la jornada de reflexión. Escuchar a más de 20.000
personas gritar “Somos ilegales” y disfrutar como niños de saltarse la
ley, la verdad, impresiona. Bien es cierto que ese ambiente intenso,
de participación y de política real empezó a decaer a partir de esa
noche. En parte por el subidón del viernes noche, en parte por la
decisión de “no hacer política” durante el sábado y el domingo, el fin
de semana ha tenido un tono mucho más festivo, más “circense” que los
días anteriores. Aun así, nosotrxs no recordamos nada parecido, la
verdad.

2. Lo que no está en juego. Una visión estratégica.
Dicho esto, ¿qué pintamos los anarquistas por allí? Para cualquier
libertario con dos dedos de frente, afortunadamente la gran mayoría,
es evidente que es necesario estar allí, que ahí hay tema. Lo que
ninguno tenemos tan claro es qué podemos hacer, qué podemos aportar y
qué podemos esperar del movimiento 15-M. Y es lógico, dada la
heterogeneidad y contradicciones que abarca. En esta sección vamos a
intentar expresar cómo y en qué sentido vemos nosotrxs que puede ser
interesante participar y aportar en dicho movimiento. Decimos visión
estratégica porque es una visión general, que intentaremos acotar más
adelante con propuestas concretas y algunas consideraciones tácticas.

La mayor parte del proceso que se desarrolla actualmente en el
movimiento del 15-M consiste en tratar de encontrar las consignas y
reivindicaciones políticas que van a definirlo. Ese proceso se está
dando tanto en los grupos de trabajo como en las propias comisiones.
En los primeros está más el debate y la pelea ideológica, en algunas
de las segundas, en las que se concretan dichos debates, es donde se
están viendo las artimañas, tejemanejes, etc. No hay que ser muy listo
para saber dónde está el lio: comisiones como comunicación, interna,
asamblea y política son donde uno se va a encontrar mayor número de
políticos por metro cuadrado. Mientras que en comisiones como
infraestructura, alimentación o respeto, las cuchilladas serán mucho
menores. Ojo, que no estamos diciendo que en las comisiones sólo se
esté haciendo esto, pero algunas cosas que hemos visto o nos han
contado tienen tela.

Como hemos dicho anteriormente, las reivindicaciones con mayor eco en
#acampadasol son las de reforma política y, en menor medida, social,
de gran contenido ciudadanista: reforma de la ley electoral, una ley
de responsabilidad política, mayor participación, ley de dación en
pago de las hipotecas, etc. Los miembros y militantes de partidos de
izquierda (IU, IA, etc.) y movimiento sociales están tratando de virar
el barco más hacia la izquierda, para que asuma reivindicaciones
clásicas de la izquierda (desde la renta básica o la condonación de la
deuda externa, a la nacionalización de la banca) aunque en frente
tienen a los que prefieren que el movimiento sea lo más neutral
posible (por ejemplo, http://twitpic.com/51lyqa) y se centre en un
#consensodeminimos básico[1]. En nuestra opinión, creemos que lo más
probable es que el objetivo final de unos y otros sea que, o bien
mediante algún tipo de Iniciativa Legislativa Popular[2] o bien de la
mano de algún partido político, seguramente IU, se presente una
propuesta al Congreso y se pida su aprobación mediante un referéndum.
En este sentido, unos y otros se juegan los contenidos de dicha
propuesta y seguramente cómo se va a hacer, pero en un momento dado
pueden confluir en ciertos puntos básicos.

Obviamente, los anarquistas estamos convencidos de que si se lograran
algunas de estas reformas, aun cambiando algunos de los “defectos” del
sistema que más sulfuran a la gente, no van a modificar para nada lo
esencial. El problema no es la corrupción política, sino la política
como esfera separada de la vida, el problema no es la falta de
transparencia de los gobiernos, son los propios gobiernos, y el
problema no es la banca y los banqueros, sino la explotación
capitalista: la grande, y la pequeña.

Dicho esto, creemos que los anarquistas ni estamos ni deberíamos estar
en esa pelea, la de las reivindicaciones grandilocuentes y la política
de altos vuelos. No deberíamos entrar en ese juego, aunque si queremos
estar en las asambleas debemos asumir que tendremos que tragar y
enfrentarnos a ello. A nosotrxs no se nos ha perdido nada en ese
tablero. El movimiento del 15-M no es un movimiento anarquista o
anticapitalista, así que las reivindicaciones anarquistas maximalistas
están fuera de lugar. No tiene sentido luchar por que las asambleas
generales asuman cosas como la autogestión generalizada, la abolición
de las cárceles o incluso simplemente la huelga general indefinida,
porque es evidente que la gente que está ahí y la gente que lo sigue
con expectación y simpatía no está por eso. Suponiendo (y es mucho
suponer) que por alguna extraña razón, o tejemaneje, se consiguiese
que la asamblea general o las asambleas de los barrios aceptasen y
asumiesen como propia alguna de estas consignas, lo más seguro es que
el movimiento 15-M se desinflaría rápidamente, perdiese buena parte de
sus apoyos y simpatías, y se quedase en un extraño cóctel
frentepopulista de militantes izquierdistas, ciudadanistas, comunistas
y anarquistas. Es decir, justo lo que siempre hemos criticado y donde
nunca hemos querido estar. En política existe un término que se llama
“votar con los pies”, significa que cuando no te gusta la gestión de
un lugar, simplemente te vas a otro lado. Algo parecido pasa en todas
las asambleas, hay mucha gente que cuando algo no le gusta o no se
siente cómodo, se calla, agacha la cabeza y deja de pasarse, sin
reflejar su descontento.

“SOMOS EL NADIE y ESTAMOS AQUI” -

“!QUE SE VAYAN TODOS!”

“Somos el NADIE” se lee en una pancarta dentro de la multitud. Miles de NADIES levantan la cabeza los últimos dias para decir un “NO”rotundo no solo a los recortes, no solo a las medidas económicas, no solo a toda la clase politica sino tambien a un sistema que, para vivir, siembra la muerte de la dignidad y de la vida.

Videos de Atenas, quinta noche: http://www.youtube.com/watch?v=sndN…

¿Hay palabras para describirse lo que era el Domingo de ayer en Grecia? ¿Lo tan diferente de lo que hasta ahora hemos conocido, lo tan nuevo?

Seguro que habran, seguro que hay, yo no las tengo.

Los múmeros (100.000 de personas en la Plaza de Sintagma dicen los medios masivos de comunicación) tampoco pueden describir: ¿como se puede valorarse una asamblea popular de 4.000 personas que por seis horas, entre un mar de miles y miles, buscaba dar rostro colectivo a los deseos de miles diferentes? ¿Como pueden describirse las asambleas populares, en como 69 ciudades griegas (ver mapa aqui: http://real-democracy.gr/el/%CF%80%…), que por quinta noche tejen redes desde abajo?

¿Como puede explicarse que tantos y tantos, miles, hablan de democracia directa, de autoorganización, de horizontalidad? Yo no sé, no puedo, es pronto todavia….Me presto las palabras de un compañero del Puerta del Sol: “Miro los rostros, hay de todas las edades, de todos los estilos… esto es impresionante, que ganas había de tener un espacio así, vienen y se desahogan, cuentan tantas frustaciones, tanto cansancio de no sentirse escuchados…. Que ganas tenían, teníamos, de tener esto…..”…

“Somos el NADIE” se escribe en una pancarta. Miles de NADIES levantan la cabeza los últimos dias para decir un “NO” rotundo no solo a los recortes, no solo a las medidas económicas, no solo a toda la clase politica sino tambien a un sistema que, para vivir, siembra la muerte de la dignidad y de la vida. Para reivindicar su vida.

Vale… valen estas pocas palabras y estas pocas fotos de ayer en Atenas para compartir alegria, nerviosismos, rebeldias, dignidad y resistencia.

Autor: europazapatista.org

La Libertad política sin la igualdad económica es una pretensión, un fraude, una mentira; y los trabajadores no desean mentiras.

Los trabajadores se esfuerzan luego, necesariamente, en una transformación fundamental de la sociedad, el resultado de la cual debe ser la abolición de las clases, igualmente en lo económico como en sus aspectos políticos: un sistema social en el cual todos los hombres entrarán en el mundo bajo condiciones especiales, podrán desplegarse y desarrollarse, trabajar y gozar de las cosas buenas de la vida. Éstas son las demandas de la justicia.

¿Pero cómo podría, desde ese abismo de ignorancia, de miseria y esclavitud, en que los trabajadores sobre la tierra y en las ciudades son hundidos, llegar a aquel paraíso, los logros de justicia y humanidad? Para ello los trabajadores tienen un medio: la Asociación de Consejos.

A través de la Asociación ellos se refuerzan, mutuamente se mejoran el uno al otro y, a través de sus propios esfuerzos, hacen a un lado esa ignorancia peligrosa que es el sustento principal de su esclavitud. Por medio de la Asociación ellos aprenden a ayudar y apoyarse entre si. Por eso ellos convocarán, finalmente, un potencia que se demostrará más poderosa que todo el capital burgués confederado y poderes políticos reunidos.

El Consejo debe convertirse en la Asociación en la mente de cada trabajador. Debe convertirse en la contraseña de cada organización política y de agitación de los trabajadores, la contraseña de cada grupo, en cada industria en todas partes de la tierra. Indudablemente el consejo, es la muestra más grandiosa y esperanzada de la lucha proletaria, un presagio infalible de la próxima emancipación completa de los trabajadores.

La experiencia ha demostrado que las asociaciones aisladas no son más poderosas de lo que son los trabajadores aislados. Hasta la Asociación de todas las Asociaciones de Trabajadores de un país solo no sería suficientemente poderosa para levantarse en conflicto contra la combinación Internacional de toda ganancia que hace el capital mundial. La ciencia económica establece el hecho de que la emancipación del trabajador no es sólo una pregunta nacional. Ningún país, no importa cuan rico, poderoso, y bien servido sea, puede emprender -sin arruinarse y rendir a sus habitantes a la miseria- una alteración fundamental en las relaciones entre el capital y el trabajo, si esta alteración no es lograda, al mismo tiempo, al menos, en la mayor parte de los países industriales del mundo. Por consiguiente, la pregunta de la emancipación del trabajador del yugo del capital y sus representantes, los capitalistas burgueses es, ante todo, una pregunta Internacional. Su solución, por tanto, sólo es posible a través de un Movimiento Internacional.

¿Este Movimiento Internacional es una idea secreta, una conspiración? En absoluto. El Movimiento Internacional, el Consejo de Asociación, no dicta desde arriba o prescribe en el secreto. El federa desde abajo y va a mil cuartos. Habla en cada grupo de trabajadores y abraza la decisión combinada de todas las facciones. El Consejo vive la democracia: y siempre que la Asociación formula proyectos, esto lo hace abiertamente, y habla a todos quienes quieran escuchar. Su palabra es la voz del trabajo que recluta energías para el derrocamiento de la opresión capitalista.

¿Qué dice el Consejo? ¿Cuál es la demanda que hace a través de cada asociación de aquellos que trabajan y piensan, en cada fábrica, en cada país? ¿Qué pide? ¡Justicia! La justicia más estricta y los derechos de la humanidad: el derecho de hombres, mujeres y niños, independiente de toda distinción de nacimiento, de raza, o de credo. El derecho de vivir y la obligación de trabajar para mantener ese derecho. El servicio de cada uno a todos y de todos a cada uno. Si esta idea aparece espantosa y prodigiosa a la sociedad burguesa existente, tanto peor para esta sociedad. ¿Es el Consejo Acción una empresa revolucionaria? Sí y no.

El Consejo de Acción es revolucionario en el sentido que substituirá a la sociedad basada sobre la injusticia, la explotación, el privilegio, la pereza, y la autoridad, por una que se funde sobre la justicia y la libertad para toda la humanidad. En una palabra, quiere una organización económica, política, y social, en la cual cada persona, sin prejuicio alguno respecto de sus idiosincrasias naturales y personales, encontrará igualmente posible desarrollarse, aprender, pensar, trabajar, ser activa, y gozar de una vida honorable. Sí, esto desea; y repetimos una vez más, si ello es incompatible con la organización social existente, tanto peor para esta sociedad.

¿Es revolucionario el Consejo de Acción en el sentido de barricadas y de la sublevación o manifestación violenta? No; el Consejo manifiesta poco interés en esta clase de políticas; o, más bien, hay que decir que el Consejo no toma en absoluto parte en ellas. Los revolucionarios burgueses, ansiosos por algún cambio de poder, y los agentes policiacos, que encuentran ocupación en las explosiones pasajeras de ruido y furia, se fastidian enormemente con el Consejo de Acción debido a la indiferencia de este hacia sus actividades y esquemas de provocación.

El Consejo de Acción, la Asociación de aquellos que quieren y trabajan, comprendió, hace mucho, que el político burgués -no importa cuan rojo y revolucionario haya podido parecer- nada ha servido para la emancipación de los trabajadores,sino, mas bien, ha endurecido su esclavitud. Y aún cuando el Consejo no hubiese comprendido este hecho, el juego miserable, que ocasionalmente juegan, el burgués republicano e incluso el burgués socialista, habrían abierto los ojos de los trabajadores.

El Consejo de Acción, siempre desarrollándose más completamente en el Movimiento de los Trabajadores Internacionales, se sostiene con severidad a distancia de las tristes intrigas políticas, y conoce hoy sólo una política para cada grupo y para cada trabajador: su propaganda, su desarrollo y organización en la lucha y la acción. El día cuando la mayoría de los trabajadores del mundo se haya asociado a través del Consejo de Acción, se haya firmemente organizado a través del Consejo de Acción, y así, firmemente organizadas sus divisiones en una solidaridad común de movimiento, ninguna revolución, en el sentido de insurrección violenta, será necesaria. Así se verá que los anarquistas no apoyan la violencia abortiva que sus enemigos les atribuyen. Sin violencia, la justicia triunfará. La opresión será liquidada por el poder directo de los trabajadores por medio de la asociación. Y si aquel día hay impaciente suplica, y algún sufrimiento, esto será culpa de la burguesía que rechaza reconocer lo ocurrido con su maquinación. Para el triunfo de la revolución social en sí misma, la violencia será innecesaria.

Manifiesto feminista de Sol.

Estamos en la plaza porque:

-Queremos una sociedad en la que el centro sean las personas y no los mercados. Por eso decimos: servicios públicos gratuitos y vitales como la educación, la salud, la atención y cuidado a la infancia y a las personas con necesidades especiales de atención frente a los recortes sociales, la reforma laboral y de las pensiones.

-Queremos el compromiso de todas y todos para la construcción de una sociedad donde no tengan cabida las violencias machistas en todas sus expresiones: económica, estética, laboral, física, psicológica, sexual, institucional, religiosa, en forma de trata con fines de explotacion laboral y sexual …

-Queremos decidir libremente sobre nuestro cuerpo, disfrutar y relacionarnos con él y con quien nos dé la gana.

-Queremos aborto libre y gratuito y educación afectiva y sexual.

-Queremos una sociedad diversa donde se respeten las multiples formas de vivir el sexo y la sexualidad (lesbianas, gays, intersexuales, bisexuales, transexuales, transgéneros …) y se reconozca el derecho a la sexualidad en todas las etapas de la vida. Exigimos la despatologización de las identidades trans.

-Exigimos que el estado y la iglesia dejen de interferir en nuestras vidas.

-Para hacer un cambio real en la sociedad hay que tomar las decisiones por consenso y que las mujeres participen de forma decisiva.

-Es imprescindible incorporar un enfoque feminista en la transformación del modelo económico y social al servicio de las personas y el planeta, en los servicios públicos, en la creación de otro modelo de ciudad y gestión del territorio y, en las políticas ambientales y agroalimentarias.

-Es imprescindible que las mujeres sean protagonistas en dichos procesos de transformación social, política y económica y en las decisiones que se tomen para este fin. Y también en el diseño, ejecución y evaluación de las políticas resultantes.

-Los temas que afectan a las mujeres afectan a toda la sociedad y queremos que estén en el corazón de la agenda política, económica y social.

- Exigimos que las trabajadoras domésticas y empleadas del hogar se incluyan en el régimen general de la seguridad social y tengan derecho a negociación colectiva.

-Exigimos que se contabiliceel trabajo doméstico como parte de la riqueza de los países.

-Exigimos el reconocimiento de las tareas de cuidado de las personas, los hogares, la vida y su socialización completa: también, el derecho a decidir libremente si queremos o no cuidar, el derecho a ser cuidadas y cuidados en condiciones y el derecho al autocuidado. En resumen, el derecho a la Cuidadanía.

- Exigimos el reparto de los trabajos y la riqueza. Trabajar menos para trabajar todas y todos. Condiciones laborales y profesionales dignas. Reparto igualitario del trabajo productivo y reproductivo, igual remuneración y reconocimiento por los trabajos entre mujeres y hombres. Y que la riqueza esté al servicio de las clases populares.

-Exigimos el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras sexuales.

-Exigimos que se reconozca la ciudadanía de las personas sin condiciones legales ni normativas, la eliminación de la Ley de Extranjería y de los Centros de Internamiento de Extranjeros.

-Exigimos el uso de un lenguaje que nombre a todas las personas y esté libre de homofobia, machismo, clasismo y racismo.

-Reivindicamos que se valore y reconozca los saberes y conocimientos de las mujeres y su función primordial como transmisoras de cultura.

-Queremos una escuela coeducativa.

-Queremos una sociedad donde tengan cabida todo tipo de familias y grupos de convivencia.

-Rechazamos la heteronormatividad y feminidad obligatoria.

-Estamos contra las guerras, rechazamos el uso del cuerpo de las mujeres como arma de guerra y no creemos que ninguna intervención militar garantice la paz. No a la militarización de las sociedades, a la producción y al comercio de armas. Invitamos a hacer objeción fiscal.

- Reivindicamos la solidaridad transnacional feminista como herramienta para cambiar el mundo. En todas las plazas hay feministas indignadas, nos sumamos a sus reivindicaciones y les damos todo nuestro apoyo.

¡Sin las mujeres no hay Revolución!

¡La Revolución será feminista o no será!

Después del 15M muchas preguntas e incógnitas sobrevuelan por el aire.

Toma la calle#democraciarealya , #nolesvotes #indignaos #acampadasol #noalaleysinde son flor de un día o el principìo de un cambio real en el status quo de las cosas.

¿ Acabará este movimiento de descontentos con el sistema en partido político?

¿ O se apropiará, sin pudor alguno, algún partido político del movimiento hasta dejarle sin contenido? ¿ O simplemente se lo llevará el viento de estos tiempos que no corren sino vuelan por encima de nuestras cabezas pasando de todos nosotros?

Como bloguero que alentó con sus artículos y que divulgó posteando hasta la saciedad sus postulados, pienso que este movimiento debería de permanecer en el tiempo como guardían de la democracia para que su esencia ni se desvirtúe ni se prostituya como sucede en nuestros días.

Donde la corrupción del sistema en todos sus aspectos deja en una indefensión absoluta al ciudadano que atónito e impertérrito ve como le recortan sus derechos sociales y laborales así como su libertad de expresión y para colmo le hacen comulgar con ruedas de molino.

Este movimiento puede que aún no tenga claro que quiere. Pero tiene muy claro lo que no quiere.

Y lo que se desprende de este 15 de mayo que acaba de surgir es el hecho de que la ciudadanía no va a aguantar más que estos políticos que nos gobiernan., tanto los del PP como los del PSOE, nos sigan tomando el pelo.

Y entre las muchas cosas que los ciudadanos no estar dispuestos a aguantar más es…

que con el pretexto de salvarguardar la propiedad intelectual se intente coartar la libertad dexpresión en la Red,

que esta crisis la sigan pagando los ciudadanos y no los que la provocaron,

que nos recorten nuestros sueldos y derechos laborales y un sin fin de prestaciones sociales, como por ejemplo la jubilación, con las pérfidas y engañosas promesas de creación de empleo y sostenibilidad del sistema, cuando se ha demostrado y se puede demostrar con el tiempo que el único problema que existe en este país y en la mayoría de los que están en crisis, es la ausencia de crédito por parte de las entidades financieras.

Habiendo crédito, el sistema volvería a funcionar como es debido y el crecimiento volvería de nuevo a la economía.

Entre los muchos factores que han hecho que los países estemos endeudados hasta las trancas, uno sobresale por encima de todos, y es el haber utilizado dinero público para salvar a los bancos.

Ese dinero que tan solo a servido para maquillar unos balances que hacen agua por todos lados y encima sin ningún tipo de contraprestación alguna a los ciudadanos.

El pueblo ha tardado en entenderlo, pero hoy en día sabe una gran mayoría, que con los rescates a los países, no se salva al país rescatado sino a los bancos.

Y que con el cuento del rescate encima se exigen más y más recortes de derechos a los ciudadanos cuando deberían de ser ellos, los políticos y los banqueros, los que deberían de ser los primeros en dar ejemplo con sus actos.

Y no, que son ellos, con sus actuaciones y sus privilegios, con sus sueldos, dietas y comisiones, con su reparto de beneficios y sus corruptelas, con su desfachatez y su hipocresía aparte de su provocadora impunidad, los que tienen al pueblo encendido,indignado y más que harto.

Los ciudadanos con estas acampadas lo único que manifiesta a sus políticos y gobernantes, con firmeza y claridad es un “hasta aquí hemos llegado”, un no aguantamos ni un recorte más” y queremos un cambio real en el sistema para que la lacra del paro y la precariedad desaparezca y los ciudadanos tengan derecho a una vivienda digna y asequible.

Y lo suyo, porque o sino sería un sinsentido todo esto, es que se continue con lo empezado hasta que esto suceda y que, en el caso de que se consiguiera y para que no volviéramos a las mismas, continuara como guardián de lo conseguido.

No sea que en desapareciendo el movimiento, más tarde caiga en el olvido o en saco roto todo lo que ahora se consiga.

ARMAK DE ODELOT.
 

Acción Directa

Estando tan cerca de las próximas elecciones autonómicas, con todo el circo montado, no podíamos dejar pasar una oportunidad como ésta para señalar nuestro rechazo más absoluto a este tipo de farsa, y manifestar nuestra más absoluta convicción en que sólo la acción directa y sin intermediarios puede realmente cambiar las cosas.

Las elecciones como el proceso destinado a elegir sujetos que nos representen en los aspectos políticos (como si lo social y lo político fueran posible de disociar), en lo público, es el proceso por el cual un determinado grupo se hace con el control de la sociedad, con la capacidad de definir y distinguir por todos nosotros lo posible de lo imposible, lo deseable de lo indeseable, lo justo de lo injusto. Para nosotros sólo queda lo privado, el poder elegir dónde comprar y a quién elegir para que nos mande, nos queda en definitiva sólo la libertad de elegir, pálido reflejo de la libertad que anhelamos.

Lo paradójico de nuestro mundo es que, como señala Eduardo Colombo, “En una sociedad de individuos privatizados, la nuestra, la creencia generalizada en la democracia oculta paradójicamente un profundo escepticismo acerca de la capacidad que tenemos colectivamente de cambiar el mundo”.

Como apuntábamos, nuestra opción es clara y sin ambages: La acción directa. Es decir, que no es posible separar lo social de lo político y que los únicos capacitados para resolver sobre los asuntos que les atañen son los propios afectados. De otra forma terminamos irremediablemente con un mundo que no nos pertenece y que no queremos. Desde luego al tomar las decisiones en conjunto nos equivocaremos muchas veces, pero ¿acaso no se equivocan ya suficientemente nuestros políticos? Parafraseando a Kropotkin, en ciencia cuando un procedimiento o teoría no da resultado se cambia, ¿por qué entonces  si llevamos tantos siglos de gobiernos de diversos tipos, no cambiamos este sistema y probamos otra cosa, llevar por nuestra propia cuenta nuestros asuntos?

Para esto el anarquismo ha propuesto, además, desde sus orígenes el federalismo como método para resolver en conjunto y por vía de la acción directa los asuntos que nos competen. Partiendo desde la autonomía del individuo, la asociación libre entre individuos a distintos niveles a fin de resolver las diversas cuestiones que nos atañen en las diversas circunstancias que debemos enfrentar.

Cada vez que votas delegas tu capacidad de decisión. cada vez que votas estás entregando tu soberanía para resolver los asuntos que te atañen. Cada vez que permitimos a los políticos llevar a cabo el circo electoral permitimos la expropiación a la sociedad, a nosotros mismos, de la capacidad para auto instituirse como tal, de determinar y modificar sus normas. Cada vez que votas estás reafirmando la idea del delegacionismo, aquella suposición de que necesitamos que alguien que nos resuelva los problemas, pues somos incapaces de resolver las cosas por nosotros mismos en compañía de los demás. Nada cambia con un voto, y si así fuera, como dijo Emma Goldman, ellos lo harían ilegal.

Ante todo, acción directa.

Tratar de ofrecer una visión de conjunto del pensamiento de Murray Bookchin no es tarea fácil dada la amplitud de miras que el activista e investigador norteamericano  demostró tener en su intensa vida. Sin embargo, se hace necesario comenzar a acometer esta tarea dado que -salvo en aspectos parciales- apenas se encuentran estudios dedicados a analizar su trabajo y a valorarlo como un todo.

En este sentido, una de las cuestiones principales que se ha de tener en cuenta a la hora de hilar el pensamiento de Bookchin es que su trayectoria vital discurrió en un marco temporal que cubre buena parte de los acontecimientos sociales y culturales del siglo XX: La Gran Depresión en la  década de 1930, la Segunda Guerra Mundial, los años de postguerra, la década de 1950, las décadas tan específicas  de 1960-70 y la  entrada y el despliegue de la  postmodernidad en los años 1980 y 90.

Bookchin, que falleció el 30 de julio de 2006, trató de responder a cada uno de estos momentos históricos aportando sus teorías y puntos de vista; y entrando las más de las veces  en confrontación directa con el pensamiento de sus coetáneos.  Todo ello hace que su obra pueda percibirse como un legado rico y  complejo y, a la vez, polémico o  contradictorio.

 De formación autodidacta, su trabajo se constituyó como un diálogo intenso y sostenido con los más variados autores: Marx, Hegel y Engels  fueron junto a Proudhon, Bakunin y Kropotkin los más frecuentados. Pero también fue importante su diálogo  con representantes de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt (Horkheimer, Adorno y Marcuse) así como con la cultura clásica, con la tradición utopista, con la sociología de Max Weber; con la biología y las teorías antropológicas de su tiempo, con su admiración por Josef Weber o con su estudio de las obras de Lewis Murdoch,  Karl Polanyi,  Hans Jonas y otros muchos.

El reto holístico e interdisciplinar que se desprende de la obra de Murray Bookchin va unido a su estilo  penetrante  y desenfadado. Un estilo que puede deslumbrar y conducir a la fascinación acrítica; del mismo que puede producir rechazo. Pero, en cualquier caso, lo ingrato sería no reconocer desde un punto de vista libertario el esfuerzo intelectual con el que Boookchin intentó trascender la autorreferencialidad histórica y teórica a la que el anarquismo  se vio abocado desde la década de 1940 y que aún no ha superado. Y es que, en el fondo,  su intención fue tratar de abrir ventanas mientras ponía  a prueba la validez de los principios libertarios para ofrecer alternativas  a las complejas transformaciones  de nuestro tiempo.

 

De la fábrica a la comunidad

Murray Bookchin nació el 14 de enero de 1921 en el barrio del Bronx, en Nueva York, en el seno de una familia de inmigrantes judíos rusos que había participado en el movimiento revolucionario de su país. Con nueve años entró a formar parte del movimiento juvenil comunista educándose en el marxismo-leninismo y, ya en la adolescencia, actuó como formador en una sección  de la Liga de Jóvenes Comunistas; organización de la que acabaría siendo expulsado por desviacionismo.  En 1936 se involucró en Support Spain, el movimiento neoyorkino de apoyo  a la república española y, en 1939  -tras el pacto Hitler-Stalin-, se alineó con el trotskismo militando hasta 1946 en el Partido Socialista de los Trabajadores (SWP). Tenía entonces 18 años. Después de graduarse en la enseñanza secundaria, su familia no pudo costearle estudios superiores (su vocación era la biología)  y se fue a trabajar a una fundición  de Nueva Jersey donde iniciaría su actividad como sindicalista en el Comité de Organización Industrial (COI).

 Tras el servicio militar comenzó a trabajar en el sector de la automoción implicándose activamente en la United Auto Workers (UAW): sindicato de predominio comunista y libertario hasta que, en 1946, fue elegido presidente el demócrata Walter Reuther. La UAW protagonizó la huelga de trabajadores de la General Motors iniciada en noviembre de 1945. La huelga, que se radicalizó y prolongó casi cuatro meses, terminó sin embargo con la aceptación por parte del sindicato de un incremento salarial muy inferior al que aspiraban y algunas mejoras laborales como planes de pensiones o la ampliación de vacaciones pagadas.

 Bookchin, que sería delegado sindical en 1948, se referirá a menudo a este hecho decepcionante como un punto de inflexión en la orientación de su pensamiento ya que, para él, revelaba la connivencia que se empezaba a producir entre trabajo y capital. De este modo pudo intuir que las expectativas puestas en el proletariado industrial como sujeto hegemónico del cambio social en el capitalismo avanzado no iban por buen puerto. Desde entonces, la fábrica y el sindicato ya no serán para Bookchin el único lugar que posibilitaría la transformación y sus intereses se ampliarán hacia la comunidad en su conjunto.

No deja de ser significativo  que este punto de vista que Bookchin  y  otros compañeros de viaje adoptaron ya en la década de 1940 desde su propia experiencia directa como trabajadores, en 1964 sería formulado en buena parte por autores como Herbert Marcuse en “El hombre unidimensional, ensayo sobre la ideología en la sociedad industrial avanzada” y André Gorz en “Estrategia obrera y neocapitalismo”.

 

Del marxismo a la contracultura

El primer texto publicado por Bookchin registrado en su bibliografía data de 1950 y es un artículo titulado “Capitalismo de Estado en Rusia”, publicado en la revista Contemporary Issues  (cuestiones contemporáneas, o de actualidad: Dinge der Zeit en su edición alemana). En esta misma revista será  donde publicará la mayoría de sus textos durante la década de 1950,  utilizando hasta  cuatro seudónimos para su firma. Y es que, el uso de seudónimos, era una suerte de norma tácita y, en cierto modo, un “principio de autoría colectiva o anonimato”  seguido por la mayoría de colaboradores de esta publicación que  ejercía de portavoz del Movement for a Democracy of Content (Movimiento por una Democracia de Contenido). Un movimiento que aún está prácticamente por estudiar y que se formó en 1947 en torno a Josef Weber,  músico y notable ex trotskista alemán (participó en 1938 en la creación de la IV Internacional en París), autor de textos como “Socialismo o Barbarie capitalista” (1944) y “La Gran Utopía” (1950).

 Josef Weber se exilió primero en París y después en Nueva York, ciudad en la que  Murray Bookchin le conocería  en 1944 a raíz de la publicación de “Socialismo o Barbarie capitalista”, convirtiéndose pronto en un admirador e involucrándose en el movimiento con la aportación de textos tan significativos como “Armas para Hungría” (en apoyo a la revolución antiestalinista de  1956) o “El problema de los productos químicos en los alimentos”, publicado en 1952 con el seudónimo de Lewis Herber. Este será uno de los primeros textos relevantes de Murray Bookchin; no sólo por la temática, impactante y novedosa en aquellos años (Josef Weber la había perfilado brevemente en “La Gran Utopía”), sino porque a través de esta investigación se  despertaría su conciencia ecológica a la que tanto esfuerzo llegará a dedicar. Al año siguiente el texto fue traducido al alemán y logró causar debate en este país.

También  es interesante señalar que el Movimiento por una Democracia de Contenido  no tuvo demasiada resonancia, pero sí tuvo una vida dilatada: duró desde 1947 a 1964 y tuvo representantes y colaboradores en Reino Unido, Alemania, Estados Unidos y Sudáfrica.  Por otra parte, su particularidad guarda aspectos relacionados con grupos como Socialismo y Barbarie (1948-1967) y la Internacional Situacionista (1957-1972), aunque en principio no tuviera conexiones con ellos.

Aunque Murray Bookchin siempre mantuvo a lo largo de su trayectoria un diálogo con la obra de Marx, a finales de la década de 1950 su pensamiento experimentó una transición del marxismo al anarquismo a partir de conectar con la Libertarian League (Liga Libertaria), que se había creado en Nueva York en 1954, así como con textos como  “La filosofía del anarquismo” (1940)  del teórico de arte Herbert Read que sería  su primera lectura sobre el tema. Sin embargo, como señala Janet Biehl –  compañera de Bookchin desde 1987 e investigadora de su trabajo-, no fue la lectura directa de los grandes pensadores anarquistas sino que fuero, en primer lugar, las críticas hacia ellos de Marx y Engels las que despertaron en Bookchin el interés por profundizar en el anarquismo. A ello se uniría  también su estudio de la polis griega y el conocimiento de las  observaciones de Engels sobre la naturaleza y la necesidad de conciliar ciudad y  campo. Idea ésta que conduciría a Bookchin a considerar las posibilidades transformadoras de la descentralización urbana. Fruto de ese primer empuje serían sus trabajos sobre el desarrollo de la ciudad burguesa, publicados en 1958 y reunidos en forma de libro en 1974 con el título “Los límites de la ciudad”. Estos primeros estudios sobre urbanismo –junto a su obra “Crisis en nuestras ciudades” (1965)-  serán la base del interés con el que en años posteriores  trataría de contribuir al desarrollo de  las formas de organización social libertarias.

En la década de 1960 Murray Bookchin se convirtió en una de las voces de la contracultura y la llamada “Nueva Izquierda” en los Estados Unidos. Movimientos ambos que, aunque obviamente se prestan a establecer paralelismos con los movimientos surgidos en Europa en torno a Mayo del 68, en  Norteamérica tuvieron unas características propias que muy pronto arraigaron popularmente en lo que se vendrían a llamar “los nuevos movimientos  sociales”: minorías étnicas,  feminismo y    liberación sexual, pacifismo,  ecología, etc.  Ellos crearían el ambiente cargado de energía que se respiraría en la Universidad Alternativa de Nueva York en la que Murray Bookchin dio clases en los últimos años de la década.

En este clima de cuestionamiento permanente, uno de los textos de Bookchin que más difusión  tuvo a partir de 1969 fue “¡Escucha marxista!”. En él enfatizaba sus críticas a lo que consideraba el anquilosamiento del marxismo en unas estructuras rígidas de partido y en un dogmatismo economicista y doctrinario que se volvía inútil para contemporaneizar con la sociedad y responder a las transformaciones del capitalismo.  Sin embargo, a diferencia de ese debate, que en realidad fue muy común en la época y que aún está vivo, donde más se sitúa el interés del trabajo de Bookchin es en los textos que desde comienzos de 1960 – y hasta el final de su vida- dedicó a la elaboración teórica de la  que llamaría “ecología social”.


          

La ecología social como superación de las jerarquías

Para Murray Bookchin el concepto de ecología social se basa en la convicción de que  los problemas ecológicos actuales tienen su origen en profundos problema sociales y que, por lo tanto, la crisis ecológica es inseparable de la crisis social. Este enfoque de la ecología, que seguramente a cualquier persona con talante de izquierdas le puede parecer obvio, no lo es tanto si tenemos en cuenta el modo como las cuestiones sociales acostumbran a brillar por su ausencia en la mayoría de los estándares ecologistas: empezando por el medioambientalismo que nutre a las políticas liberales, y siguiendo por el biocentrismo que caracteriza a la Ecología Profunda o la mística que sustenta a las más variadas formulaciones en torno a una etérea búsqueda de armonía con la naturaleza. Con  todas estas tendencias, a las que se añadiría el primitivismo,  Bookchin mantuvo un debate permanente.

Otra convicción que está siempre latente en su teoría ecológica, y que  le gustará repetir a menudo como recordatorio de sus principios, es la idea de que la propia noción de “dominación de la naturaleza” proviene directamente  de la dominación del hombre por el hombre. Si bien la crítica a  la idea negativamente civilizatoria de “dominio de la naturaleza” ya había sido expresada por Horkheimer y Adorno (“Dialéctica del Iluminismo”, 1944) en el sentido de que “en el dominio de la naturaleza está incluido el dominio del hombre”; Bookchin  altera los conceptos reforzando en su formulación la idea de que son las relaciones sociales de  dominación las que conducen al dominio de la naturaleza en todas sus formas. De hecho, el estudio minucioso de la jerarquía (en tanto que principio de dominación) será el eje sobre el que girará la que se considera su obra más relevante: “La ecología  de la libertad, el surgimiento y la disolución de la jerarquía”, libro escrito a lo largo de los años 70, terminado en 1980 y publicado en 1982.

Para Bookchin, la noción de jerarquía incluye tanto a las clases sociales económicas, como a todas las formas existentes de dominación y, especialmente,   aquellas que -como el patriarcado-  son anteriores a la formación de las clases y del Estado. De este modo, la jerarquía no sólo recorre transversalmente la historia sino que se instala como dominación en cada lugar y a cada instante de nuestras vidas. En este sentido, la percepción humana de la naturaleza  como objeto de dominación proviene del arraigo panjerárquico de nuestro entendimiento. Reconocer a la naturaleza como sujeto y no como objeto, así como hallar las formas de conciliación entre humanidad y naturaleza, es el  reto principal que nuestra civilización tiene en juego.

Haciendo una rápida  comparación, bien se puede decir que al igual que para el racionalismo expresado por Descartes el dominio de la naturaleza por el hombre conduciría a la libertad, para la ecología social es justo todo lo contrario: será la relación simbiótica con la naturaleza -fundamentada en una ética de la complementariedad-  la que nos puede hacer libres. Ello supondría, pues, “la humanización de la naturaleza y la naturalización de la humanidad” formulada por   Marx en el tercero de sus  manuscritos de economía y filosofía (1844). Bookchin  se apoyará en la cita del joven Marx como elemento concluyente de uno de  sus escritos más conocidos: “Por una sociedad ecológica” (1974).

El lugar en el que Bookchin  trató los aspectos más teóricos de su pensamiento es en “La filosofía de la Ecología Social” (1990); obra que supone una tentativa de creación de un “naturalismo dialéctico” que, trascendiendo el espiritualismo de Hegel y el cientificismo de Engels, renueve la tradición dialéctica y pueda servir de herramienta conceptual en el análisis de las relaciones entre sociedades humanas y naturaleza.

Sin embargo, la Ecología Social no persigue constituirse únicamente como una opción teórica -con la que correría el peligro de convertirse en mera retórica-, sino que ha de entenderse como una búsqueda constante  de alternativas que puedan sustituir a la sociedad jerárquica por la que Bookchin llamará “la sociedad orgánica”. Es decir, una sociedad  armónica consigo misma y con los ecosistemas naturales.

Es en este punto donde Murray Bookchin encontrará en la idea de mutualismo simbiótico, basada en el “apoyo mutuo” de Kropotkin, y en los principios básicos del anarquismo como la descentralización, la autogestión o la cooperación, la apertura de todo un inmenso campo para la creación de una sociedad ecológica. De hecho, lo que se producirá en Bookchin será también  una suerte de simbiosis o fusión  entre ecología y anarquismo hasta el punto de que ambas resultan a menudo indistinguibles. Por eso, no le disgustaba que se hablara de “ecoanarquismo” para referirse a su trabajo; del mismo modo que tampoco se le escapaba el componente utópico de su propuesta a la que, de tanto en tanto, se refería felizmente como una “ecotopía”.

En 1974 Murray Bookchin fundó junto a Daniel Chodorkoff el Instituto para la Ecología Social ubicado en Plainfield (Vermont). Y,  entre 1974 y 1983, fue profesor de Teoría Social en el Ramapo College de New Jersey, institución docente que supo convalidar su “falta de titulación académica” a cambio del valor de sus conocimientos.

 

“Nuestro medio ambiente sintético”

Interesante es también trazar una génesis somera de las aportaciones de Bookchin a la ecología y a la propia formación del  movimiento ecologista contemporáneo. La primera tentativa – ya mencionada- fue la investigación en torno a la utilización de productos químicos en los alimentos que realizó en 1952. Diez años después, ampliaría la cuestión adoptando un enfoque ecológico completamente actual en  “Nuestro medio ambiente sintético”, libro publicado en abril de 1962 con el seudónimo de “Lewis Herber”.

Como suele ser costumbre remarcar entre los seguidores y conocedores del trabajo de  Bookchin, la publicación de este libro precedió en unos meses a “Primavera silenciosa”: la famosa obra que la bióloga norteamericana Rachel Carson dedicó a la advertencia del  peligro del uso de DDT y otros pesticidas. La gran divulgación que tuvo el libro contribuyó a que se convirtiera en un lugar común a la hora de ser señalado como el iniciador de la conciencia medioambiental que unos años después daría paso al  movimiento ecologista.

Por otra parte, “Ecología y pensamiento revolucionario” (1964) será otro de los textos relevantes de Bookchin  en el que, por ejemplo, ya se habla de  la cuestión del calentamiento del planeta y de la fundición de los casquetes polares, no como una información o curiosidad científica, sino como un problema acuciante que procede del alcance destructivo del hombre sobre la naturaleza.  También en este texto Bookchin deja ya establecidas las relaciones entre anarquismo y ecología que, tras su desarrollo,  le conducirán a  la fusión mencionada de ambas concepciones.

“Hacia una tecnología liberadora” es un texto de 1965 en el que Murray Bookchin muestra su confianza en el uso de la tecnología a partir de la creación de una tecnología a escala humana  y “al servicio de la vida”. Algo que bien nos puede recordar a la “herramienta convivencial” de la que en 1973 nos hablaba Ivan Illich. En el ámbito de la energía, Bookchin propondrá el uso de tecnologías renovables como la  solar y la eólica.  Esta propuesta ya la había hecho en el texto de 1962 mencionado y, en lo sucesivo, se referirá a estas tecnologías como “tecnologías adecuadas” o, de manera más significativa, como “ecotecnologías”.  Todo un campo, pues, que  -ironías de la historia- el capitalismo verde acaba de descubrir  como un nuevo y oportuno nicho de negocio.

Sin embargo, en el ámbito de la energía, hay una gran diferencia entre la concepción de Bookchin y el discurso mercantilista. Y es que, mientras que  el capitalismo verde hace trampa y plantea contradictoriamente que la  implantación a gran escala de tecnologías alternativas supone un chorro de energía fresca, y un new deal industrial que va a permitir salir de la crisis sistémica renovando la economía y elevando las cotas de crecimiento… Para Bookchin, sencillamente, el uso de tecnologías y fuentes de energía alternativas no debe  concebirse como el “sustituto” de ninguna energía del pasado, sino como el principio de algo nuevo: una nueva sociedad basada en una nueva relación con la naturaleza.

Los dos textos de Murray Bookchin que acabamos de reseñar formarían parte de un libro recopilatorio que, en 1971, se publicó con el título “Anarquismo post-escasez” y que España se editaría en 1974 con un título comercial y engañoso como es “El anarquismo en la sociedad de consumo”.   Y es que, desafortunadamente, Bookchin introdujo la idea de “post-escasez” en su pensamiento, pero, apenas la desarrolló. Cabe pensar, pues, que tal  vez sea este el motivo por el que esta idea acostumbra a interpretarse  erróneamente.

 Dicho en breve: cuando Bookchin habla en sus textos de “post-escasez” no se está refiriendo al fenómeno del consumismo, ni tampoco está diciendo  que la humanidad haya entrado en una era de abundancia material de alcance planetario y socialmente equitativo, ya que es obvio que tal cosa no existe.  Tampoco se está refiriendo a que los recursos naturales sean infinitos, porque también es obvio que son finitos. Cuando Bookchin utiliza el término “escasez” lo hace tanto en el sentido material como en el sentido humano de  “lucha por los medios de existencia”. Asimismo, se centra en la consideración de que la escasez material  ha brindado – y sigue brindando- la justificación histórica para la constitución de la sociedad jerarquizada, el desarrollo de la propiedad privada y la dominación de clases. No en vano la concepción de la economía  más hegemónica insiste en  definirse como “ciencia de la gestión de la escasez”, aunque en realidad actúe como motor de la desigualdad.

Para Bookchin, se ha de aspirar a rebasar la escasez ajustando y resituando a la vez nuestra percepción de las necesidades; por lo que queda claro que “la sociedad post-escasez” no es algo que ya exista, sino que es una utopía – o ecotopía- hacia la cual caminar. Aquí intervendrá de nuevo su confianza en la potencialidad liberadora de las ecotecnologías, basadas en la propia abundancia energética que la naturaleza nos ofrece a través, por ejemplo, del sol y el aire.

Bueno es tener en cuenta que la confianza casi ingenua en la tecnología como portadora de un mundo mejor,  y como potencialmente liberadora de esclavitudes como el trabajo, era una creencia muy compartida por autores progresistas en las décadas de 1960 y 1970… y aún lo sigue siendo en muchos aspectos; sobre todo cuando se sigue hablando  en términos como “el fin del trabajo” o “la sociedad del ocio”. Sin embargo, bien sabemos que la cosa no termina de llegar y que, más bien,  a lo que tiende el desarrollo tecnológico es a crear nuevos problemas y a reforzarse a sí mismo como instrumento de dominación.

 

La muerte de un pequeño planeta

Por lo demás, la conciencia de la finitud de los recursos y de la depredación del planeta a partir del imperativo del crecimiento económico como único principio civilizatorio del capitalismo, no solo es muy clara en el trabajo de Bookchin sino que, en un tiempo como el nuestro en el que -al igual que en la década de 1970-  la cuestión de “los límites del crecimiento” vuelve a ocupar el centro de debate, su punto de vista merece ser tenido en cuenta.  Bookchin situará la cuestión del crecimiento en la disyuntiva  de “crecimiento o muerte” que en la economía capitalista actúa como espada de Damocles y que Marx evidenciaría en “El capital”. Esta percepción del problema  será uno de los ejes sobre los que se articulará la Ecología Social  en su propósito de poner de manifiesto las raíces sociales de los conflictos  ecológicos y medioambientales. Significativo será por ello el texto que, en 1989, Murray Bookchin titulará “La muerte de un pequeño planeta, un crecimiento que nos mata”.

Ante la ambigüedad de posturas similares a las que en la actualidad plantean la necesidad de un “decrecimiento” centrándose solo en  cuestiones como “la crítica al consumo” o aconsejando una “simplicidad voluntaria”, Bookchin dejó claro en textos como el que acabamos de mencionar  que la demanda de controlar el crecimiento no tiene sentido si al mismo tiempo se quiere dejar intacta la economía de mercado, que es la que genera la carrera del crecimiento ilimitado a costa de la depredación de la naturaleza y la explotación humana. Sin esa carrera el sistema capitalista no puede funcionar, por lo que  la solución está en su desmantelamiento como sistema. Cabe pensar, pues, que  esa es la primera premisa coherente que debe asumir un movimiento por el decrecimiento que aspire a convertirse en  un referente  transformador.

Por otra parte, resulta oportuno señalar que, precisamente, la ausencia de un cuestionamiento explícito de los fundamentos de la economía  capitalista  es una característica común del informe “Los límites del crecimiento” y del “Manifiesto  para la supervivencia”: las dos iniciativas que fueron auspiciadas en 1972 por el círculo de científicos y empresarios conocido como Club de Roma. Ambos textos tuvieron mucha  difusión  y  se consideran el inicio y los pilares del movimiento ecologista  junto a  la primera Cumbre de la Tierra organizada por la ONU en Estocolmo (1972), y la formulación en 1973 de la Ecología Profunda  por parte de Arne Naess.

Pues bien, en contraste con estas aportaciones consideradas pioneras, se debe mencionar por  último en este pequeño recorrido sobre la relación de Murray Bookchin con la formación del movimiento ecologista contemporáneo, su texto “Poder de destruir, poder de crear” escrito en 1969 como manifiesto  para el grupo norteamericano Ecology Action East.

En este texto destaca entre otras cuestiones la propuesta de Bookchin de descentralizar las ciudades y crear “ecocomunidades”. Una alternativa que, tres años más tarde,  será    planteada por los 40 científicos y académicos que -encabezados por Edward Goldsmith- firmaron el “Manifiesto para la supervivencia” (por lo demás, la propuesta se convertirá en uno de los puntos más citados y celebrados de este manifiesto).

Ciertamente, es obvio que la historia y el conocimiento son siempre una acción compartida; por lo que no tiene sentido enfatizar constantemente quien fue “el primero” que hizo o dijo algo que fuera útil a los demás. Sin embargo, en el caso de Murray Bookchin respecto a la ecología, y al propio movimiento ecologista, sí resulta pertinente poner ése énfasis dado que no resulta difícil darse cuenta de que su marginación en el ámbito académico -y en los medios en general- proviene de su explícita filiación libertaria y de su inequívoca posición anticapitalista. Lamentablemente, resulta frecuente toparse con licenciados en biología o en “ciencias ambientales” que desconocen su trabajo.

 

La apuesta comunalista

La dimensión política y esencialmente práctica que la Ecología Social necesitaba para trascender su propia dimensión teórica,  Bookchin la encontrará en la tendencia comunalista del anarquismo recogida sobre todo  en los escritos de Bakunin y Kropotkin. A ellas se añadirían también cuestiones clave como el principio federativo expresado por Proudhon, o la atención a sus utopistas favoritos: Fourier y William Morris.  Pero donde más se refuerza la apuesta comunalista de Bookchin es en los estudios históricos que llevó a cabo sobre las formas de organización social en las que intuía que podían encontrarse “formas de libertad” que fueran útiles para nutrir nuevas alternativas. Es interesante observar al respecto que, en la línea del viejo Bakunin, Murray Bookchin no percibe la libertad como un proceso de conquistas individuales sino, literalmente, como un proceso de “comunalización”. Un proceso que se expresa en la capacidad de autoorganización colectiva que emana directamente de la propia libertad de los individuos. Algo que pronto nos trae a la mente la célebre máxima de Proudhon en la que apuntaba que la libertad “no es hija del orden” sino que es “la madre del orden”.

Los estudios de Bookchin en esta dirección abarcarán desde tentativas como, por ejemplo, la revuelta de los Comuneros de Castilla en el siglo XVI, la Comuna de París de 1871, el proceso revolucionario de la Francia del XVIII o la experiencia de las   colectivizaciones libertarias durante la Guerra Civil española de 1936-39.  De hecho, Bookchin hizo varias incursiones en el estudio del anarquismo en España. La última de ellas fue publicada en el cuarto volumen de “La Tercera Revolución” (1996-2003),  su obra magna dedicada al análisis histórico de los movimientos revolucionarios.

Por otra parte, su estudio sobre la polis griega y la democracia ateniense le conducirá  a reforzar la noción de democracia directa propia de la tradición libertaria, y a recobrar el sentido genuino que para la ciudadanía griega tenía el concepto  de política en tanto que “preocupación por los asuntos de la polis”.

A través de todo este bagaje, al que se añadirá sus estudios de urbanismo mencionados en apartados anteriores, la propuesta comunalista y política (en el sentido griego) que Bookchin propondrá como expresión de la Ecología Social se dirigirá al ámbito municipal. En consonancia con la tradición libertaria, el municipio será percibido como la unidad de convivencia básica que puede facilitar que el logos común fluya y adopte la forma de democracia directa: el “cara-a-cara” que se repite a menudo en sus escritos. Llamará a la propuesta “Municipalismo Libertario”.

Por otra parte, el sentido práctico y comunal del municipio radicará para  Bookchin en lo que acertadamente llamará “la municipalización de la economía”. Es decir, en la propiedad comunal y en la dirección colectiva de la economía local (que incluye por igual las tierras y las fábricas). Así, pues, los municipios –nuevos o viejos- constituidos como “ecocomunidades” posibilitarían la creación de una sociedad orgánica y  descentralizada regida por el intercambio y el apoyo mutuo a través de la confederación  de los municipios formando una “Comuna de comunas”: el viejo sueño revolucionario que la historia nos ha mostrado solo a través de experiencias fugaces y cruentas, y a pesar de las bellas y sensatas plasmaciones escritas como la que Kropotkin nos legó en su obra “Campos, fábricas y talleres” (1898).

La propuesta municipalista de Bookchin se encuentra diseminada desde 1972 en distintos textos. Uno de los más conocidos es “Seis tesis sobre Municipalismo Libertario” (1984). Aunque, donde más elaborada puede encontrarse, es en una publicación que realizó Janet Biehl titulada “Las políticas de la Ecología Social, municipalismo libertario” (1998). Y en “La urbanización de las ciudades. Hacia una nueva política de ciudadanía” (1992-1995): obra que se considera la más importante de Boockchin tras “La ecología de la libertad” pero que, a diferencia de ésta, no ha sido traducida al castellano.

Murray Bookchin consideraba que para poder alcanzar el ideal comunalista se debía de poner en marcha un movimiento municipalista amplio formado por personas decididas a trabajar en su ámbito más próximo. Animaba por ello a que los colectivos libertarios participaran en los comicios locales con programas inequívocos a través de los cuales se pudiera comenzar a recorrer el camino para que los municipios llegaran a ser gobernados por las asambleas populares y la democracia directa. A falta de esa posibilidad, animaba a crear asambleas extralegales ejerciendo como contrapoder.

Ni qué decir tiene que la opción electoral se convertiría en el aspecto más polémico del pensamiento de Bookchin. El ejemplo más sonado fueron las jornadas internacionales sobre Municipalismo Libertario que,  entre el 26 y 28 de agosto de 1998, se celebraron en Lisboa en un ambiente de encendida polémica que aún está muy presente en el imaginario ácrata.  Sin embargo, las acusaciones  de contradicción flagrante, de mero posibilismo o de parlamentarismo municipal que se lanzan a menudo a la apuesta comunalista de Bookchin, difícilmente pueden invalidar el conjunto de su pensamiento y de su trabajo. Un trabajo que, por otra parte, no fue concebido  como una ideología que debiera ser tomada al pie de la letra, sino como un producto inspirador.

En cualquier caso, Murray Bookchin prefirió desmarcarse del anarquismo en los últimos años de su vida y autodefinirse simplemente como “comunalista”. Al fin y al cabo, ésa era la tradición histórica  a la había dedicado todo su esfuerzo intelectual.  Para entonces, ya se había cansado de defender a capa y espada el anarquismo social frente al anarquismo individualista convertido en una moda. Y se negaba a escuchar la melodía del “fin de la historia” silbada por el relativismo y la diseminación posmoderna. Razones no le faltaban: Bookchin tenía mucha historia detrás, y hacía mucho tiempo que sabía que “el capitalismo no produce individuos,  sino átomos egoístas”.

 

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Bibliografía

Obras de Murray Bookchin en castellano:

La Ecología de la Libertad. Nossa y Jara Editores/Colectivo Los Arenalejos, Madrid, 1999

Ecología Libertaria, Madre Tierra, Madrid 1991

Historia, Civilización y Progreso. Nossa y Jara Editores, Madrid, 1997

Los anarquistas españoles: los años heroicos, 1868-1936. Grijalbo, Barcelona ,1980 y Ed. Numa, Valencia, 2001

Por una sociedad ecológica. Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1978

El anarquismo en la sociedad de consumo. Ed. Kairós, Barcelona, 1974

Los límites de la ciudad. Ed. Hermann Blume, Madrid 1974

Seis tesis sobre municipalismo libertario en “La utopía es posible. Experiencias posibles”, págs. 81-99. Tupac Ediciones, Buenos Aires, 2004

Sociedad, política y Estado en “La sociedad contra la política”, págs. 53-70, Ed. Nordan, Montevideo, 1993

El anarquismo ante los nuevos tiempos en “El anarquismo y los problemas contemporáneos”, Ediciones Madre Tierra, Móstoles, 1992

Janet Biehl con la colaboración de Murray Bookchin. Las políticas de la ecología social, municipalismo libertario. Ed. Virus, Colectividad Los Arenalejos, Fundación Salvador Seguí. Barcelona, 2009 (1ª ed.1998).

 

Páginas en Internet en las que se pueden consultar textos de Murray Bookchin , Janet Biehl y otros investigadores:

Institute for Social Ecology:  http://www.social-ecology.org/

Journal Communalism: http://www.communalism.org/

Anarchy Archives: http://dwardmac.pitzer.edu/anarchist_archives/

La ilusión, idea, objetivo, de este encuentro es que conozcáis la realidad de diferentes pueblos okupados en los valles navarros, primero en Rala, Uli-Alto, Lakabe y Aritzkuren.

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ENCUENTROS DE PRE-OKUPACION Y AGITACION RURAL VALLES DE ARZE y LONGIDA NAFARROA 2011.

La propuesta que os hacemos es elegir un pueblo, y pasar allí los primeros cuatro días con el grupo que se cree, y después juntas en Lakabe,( del 23 al 26 de junio), para unir luchas, ideas, sueños, anhelos, creatividad? compartiendo? alrededor del fuego?

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