ASKO DE RELIGION!

abril 15, 2011

¡Procesiones ateas, no; militares, si!

     El alarmismo mediático desatadopor los grupos de presión conservadores ha llevado al Estado a prohibir en Madrid la “primera procesión atea”, que el Jueves Santo recorrería el multicultural barrio de Lavapiés. Al mismo tiempo, las calles de la mayoría de nuestras poblaciones son ocupadas en santa alianza por el clero, las fuerzas vivas y los cuerpos armados, que en muchos casos convierten las procesiones en desfiles militares.

         Que una “procesión pagana” en la Semana Santa no tiene por que ser fuente de disturbios, lo muestran dos arraigados ejemplos: en León capital, el “Entierro de Genarín”, comitiva pagana con miles de devotos que en la medianoche del Jueves Santo recuerda, bebiendo y recitando poemas en su honor a lo largo de su última ruta etílica, al pellejero pícaro, putero y borrachín que en 1929 murió atropellado por el camión de la basura mientras orinaba en la muralla; y en el almeriense Vélez-Rubio, el “Entierro de la Sardina” en la noche del Sábado Santo, presidido por un falso obispo que pregona los defectos y errores cometidos por las autoridades locales durante el último año. Hubo otras “antiprocesiones” en Semana Santa de efímera vida, como las de 1985 en Vitoria (en las que jóvenes con máscaras de diablos quemaron cruces) y Jumilla (que terminó su recorrido en el cementerio), sin que se registraran incidentes.
         Es un hecho que la luna llena de primavera ha sido festejada con nocturno júbilo por todas las culturas, apropiándose las religiones de su celebración, al reconducir la alegría colectiva por el renacer de la vegetación hacia el culto a divinidades que “resucitan” cíclicamente, como el sumerio Tammuz, el babilónoco Marduk, el egipcio Osiris y el hebreo Cristo. En el caso de España, las grandes procesiones en Semana Santa surgen en el siglo XV con carácter penitencial, basadas en las cofradías “de sangre” que se azotaban por las calles. Acusadas de excesos (uno de los cuales alquilar hombres para sacarse sangre en lugar del fiel), las cofradías de disciplinantes fueron prohibidas en 1777.
         A principios del siglo XX, tanto las cofradías pasionistas como las procesiones de Semana Santa languidecían hasta casi desaparecer. Bajo la dictadura de Primo de Rivera serán potenciadas, con la rica burguesía monárquica en sus órganos directivos. Durante el franquismo se convierten en materialización de la triunfante ideología nacional-católica, con el patriotismo y la glorificación militar integrados a un discurso simbólico sobre la salvación por la pasión.
         Paralelamente se van convirtiendo en espectáculo turístico para atraer forasteros, hasta que en la actualidad su aspecto vacacional y de feria está sustituyendo al piadoso. Pero sin desprenderse de una impositiva propaganda bélico-religiosa en desacuerdo con el carácter laico del estado.
         Para mostrar en detalle los mecanismos políticos que han ido estructurando las actuales procesiones, en artículo anexo se estudia la integración de un cuerpo armado tan represivo como la Legión en la celebración del Jueves Santo en Málaga, hasta constituir un claro ejemplo de culto militar a la muerte, de la más rancia estirpe franquista.
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