¿A dónde van las asambleas de plazas españolas?

junio 1, 2011

¿A dónde van las asambleas de plazas españolas?

Al socialismo no van.

Al socialismo no van, o no parecen ir. El socialismo es una propuesta a alcanzar, pero sólo para aquellos que lo tienen en mente y que por eso se llaman a si mismos “concientes”. Los europeos tienen todo en la mano para rechazar el socialismo, algunos porque como cualquiera otra sociedad organiza el autoritarismo y la verticalidad, otros porque ya no creen en la necesidad de un estado capitalista de transición para avanzar a la sociedad sin clases.

Por lo tanto es de esperar, como en las asambleas vecinales argentinas, que los partidos de izquierda lleguen ahí a reclutar a todo el mundo, pelear unos contra otros porque el bueno soy yo o llevar a la gente detrás de la vanguardia o de la estrategia tal o cual.

Qué hacen o han hecho las asambleas españolas para evitar los inconvenientes de las asambleas argentinas?

Piden que no se lleven banderas y piden que los militantes de partidos no se pronuncien como organización, sino como personas. De seguro hay otras medidas, es muy interesante el grado de madurez que han alcanzado los jóvenes autónomos en estos últimos años en todo el mundo.

Primera fase: Salir del centro de la ciudad.
Las asambleas de plaza, localizadas en el centro de las ciudades, están comenzando a salir hacia los barrios, convocando vecinos a juntarse en espacios locales. De hecho están funcionando así las asambleas de Madrid y la de Sevilla. La de Barcelona no ha alcanzado a materializar esa fase debido a la fuerte represión que lanzó la policía. Se parte de la base que hay alrededor de 60 ciudades en asamblea, sin embargo no hay noticias de si las otras están orientándose a los barrios.

Segunda fase: Instalar las asambleas barriales.
Ello implica trasladar hacia allá algunas medidas que se están tomando en el centro, tales como la huerta, la comida conjunta, la autoorganización en comisiones de trabajo, es decir, actos comunitarios de cotidianeidad como producción, distribución y consumo, por lo tanto fundamentos de otros modos de relaciones entre las personas. Tal vez fundamentos de otra sociedad, como en el “otro mundo es posible”, sin embargo hay que seguir acompañando, pues los lazos de compartir la cotidianeidad pueden derivar en formas de vida, es decir, más allá de los lazos societarios, cuestión que puede indicar otro modo de transición a la sociedad sin clases.

Tercera fase:
Hasta ahora solamente en gérmenes y solamente en el centro de las ciudades, que son las nuevas relaciones reiterándose en ciclos cortos de acción comunitaria cotidiana concentrada en la producción, la distribución y el consumo de modo tal que sectores geográficos y sociales puedan ir rompiendo la dependencia hacia los lazos materiales e ideológicos del estado y del mercado, formándose así espacios de multitud autoconstituyente, es decir que asumen las formas de relacionamiento que derivan del despliegue de la potencia liberada con la ruptura del poder-sobre y la expresión del poder-hacer. No de tácticas preconcebidas ni “guías para la acción”.

En esta fase va a ser fundamental el encuentro y la interacción de estas dinámicas que vienen desde la plaza con prácticas diversas de huertas barriales, casas okupas, centros culturales y, en especial, de los colectivos de “los que no queremos vivir en el capitalismo”, que han desplegado experiencias en diversos lugares, especialmente en Catalunya. Es como un reforzamiento que llega de una multitud dispersa que camina no “en búsqueda” de sentido, sino esta vez intentando llevar a la práctica un sentido dilucidado en el debate horizontal, libre, asambleario y democrático, donde las miradas tienen más valor que los conceptos, ya que permiten expresar el instinto de lo común, arrinconado por la racionalidad estricta de los modos instrumentales de acción social, aquellos que se definen con objetivos y mueven hilos y piezas para lograrlos.

Ese encuentro de micro experiencias barriales aisladas, con la punta de lanza de la multitud andante que busca terrenos para sembrar como antiguos agricultores nómadas, va a ser como un abrazo, ya que muchos de ellos están allí en el centro y apoyan o proponen avanzar hacia los barrios, que es donde se vive la cotidianeidad y están ellos sin lograr quebrar en muchos casos las barreras autoestablecidas por el rol involuntario de vanguardia que algunos han asumido (y que en muchos lugares, especialmente en Chile, llega a dar lástima) y que les separan de la población. Entre ambos podrán constituir un tercer elemento, un espacio común, donde la vivencia corporal de los que ya estaban intentándolo servirá para que otros cuerpos puedan aprender en el nuevo espacio de la asamblea de la plaza local, evidentemente mucho más convocante que el espacio-isla de la casa okupa o centro cultural.

Mal harían los concientes que intenten instalar en esas asambleas sus experiencias, ya que deberán descubrirse modos de incorporación a actos de cotidianeidad desde esa tierra de nadie que es ese nuevo espacio común solamente a partir de los vaivenes del cuerpo en cada tarea que se emprenda en común. Los colectivos de afinidad van a intentar mover sus cuerpos de tal modo, o peor aún mediante un “discurso” que convenza por vías lógicas a los demás, de que lo que estaban haciendo en su espacio-isla era lo que ellos, los que ahora al fin les escuchan, debían ya haber hecho antes, que si se hubieran incorporado estaría todo de otra manera y así, reproduciendo nosotros mismos el voluntarismo que criticamos en las vanguardias.

Los mecanismos, frases, rutas y construcciones que irán haciendo esas multitudes de vecinos encontrándose por encima de los muros del individualismo, van a ser todas diferentes y mal haríamos en encontrar recetas para hacer el pan de las asambleas. El despliegue de la potencia es a su vez la ruptura de los cánones y de los proyectos que algunos atesoran durante años y aún toda una vida.

Las más variadas propuestas deben hacerse, como una huerta, sin embargo habrá que evitar la pugna entre los diferentes tipos de hacerla, sea rompiendo tierra, sea sacando champas reinstalables, sea mediante orientaciones llamadas “orgánicas”, “permaculturales”, etc. que más bien parecen nuevas ideologías y paradigmas para aprisionar la creatividad reduciéndola a reglas del juego. Más interesa que todos den un paso con la propuesta del otro a que tengamos que pasar por discusiones interminables entre dos o varias propuestas, entre las cuales “la mía”. Lo mismo sucede con los vegetarianos y veganos, que hay de varios tipos algunos muy sectarios y poco tolerantes, en tanto otros entienden que son procesos y culturas donde aún no se ha dicho la última palabra y que ojala no se diga nunca.

Lo esencial va a ser la actividad productiva, la práctica del trueque, la olla común, el comedor comunitario, el comprando juntos, la energía alternativa, la salud atendida por los propios vecinos y la educación idem. Una de las tareas inmediatas debiera ser visitar casa a casa anotando los enfermos en cama, discapacitados, ancianos, embarazadas, enfermos crónicos, recién nacidos, etc. y constituir un comité de salud con médicos y enfermeros que atiendan en horarios voluntarios a la lista confeccionada por el comité. Los vecinos se cuidan entre ellos.

También se pueden hacer variantes, o ninguna de ellas, pero hacer.

¿Se puede comparar con la Minga que camina la palabra desde el Cauca?

Abrazos

Jaime Yovanovic Prieto
(Profesor J)

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