INTERESES_NO_TAN_OCULTOS..

octubre 26, 2011

El monte de Ayega lleva más de 10 años sufriendo fuegos intencionados.

Cada dos o tres años, una mano negra causa incendios en esta rica masa forestal, ubicada en el límite con Vizcaya y Álava y que el lunes perdió 77 hectáreas de pino de repoblación.

Visión panorámica del incendio del paraje de la Celadilla en el monte de Ayega.

El monte de Ayega «lo han quemado toda la vida, está muy castigado». Así se expresaban ayer algunas voces en el Valle de Mena que conocen la triste y larga historia de incendios del monte de esta junta vecinal compuesta por las aldeas de Arza, Las Arenas, Orrantia y San Pelayo y que el pasado lunes perdió 77 hectáreas de pino de repoblación en 16 horas. Su alcalde, José Crisanto Angulo, lo confirma: «Esto no es nuevo, por desgracia, no es la primera vez que sucede», pero si que el de esta ocasión «es uno de los incendios que más daño ha causado en los últimos años en lo económico y en lo medioambiental». También hubo fuego intencionado hace tres años, hace cinco, hace ocho, hace diez…
Quien provocó el último, muy cerca de Arza, sabía muy bien lo que hacía, según fuentes cercanas al operativo de extinción del incendio. Prendió el monte entre las dos y las tres de la madrugada. Lo hizo en una ladera sur y en una jornada con mucho viento. Tanto que por la mañana, cuando el operativo de extinción se pudo poner en marcha, ya se habían quemado la mayor parte de las 77 hectáreas afectadas y solo quedaba frenar el avance de las llamas.
El viento, además, dificultó las tareas de extinción, porque impidió al helicóptero volar en algunos momentos e incluso se revolvió y obligó a salir del monte a quienes trabajaban en el siniestro en una ocasión. Por suerte, no hubo que lamentar incidentes.
El alcalde de Ayega no encuentra explicación: «No sé quien se puede beneficiar de hacer daño en su propia casa, en un bien que es de todos. No sé si es la misma persona la que ha causado los incendios todos estos años, ni si tiene los mismos objetivos». A su juicio, los pocos vecinos que quedan en las aldeas conviven en armonía y la junta vecinal vela por conservar el monte con mejoras en las pistas, podas, limpias y desbroces, pero también por los ganaderos, a los que se ha acondicionado y abonado pastizales y se les facilita el pasto con desbroces. «No creo que nadie pueda tener queja», señaló el alcalde, también ganadero, y que asegura que «el monte es el futuro económico del pueblo».
La junta vecinal, que aún no ha valorado los daños económicos, perderá el aprovechamiento forestal que hubiera podido obtener del monte, pero, además, el ganado no podrá pastar en la zona durante cinco años, por lo que todos salen perjudicados en la zona. Por suerte, no hubo que lamentar ningún accidente ni los pueblos se vieron afectados.

Y que bien que quedarían unos pisitos de lujo. La junta echa una firmita y ¡ale! el amiguete constructor forrándose un poquito más. Que tengan cuidado los vecinos de esa zona,que en cualquier momento les clavan un campo de golf o unos chalets de lujo.

 

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