La Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista

octubre 30, 2011

 

 

 

Crisis sistémica y anarquismo revolucionario.

No sabemos con toda certeza si la crisis capitalista por la que atravesamos es de sobreproducción o no, lo que sí parece evidente es que hay una incontrolable sobreproducción de derivados financieros que el casino de las Bolsas no alcanza a procesar exprimiendo exclusivamente el trabajo de las masas, especialmente cuando la demanda va menguando debido precisamente a esa excesiva polución de papeles sin respaldo en la economía real. Quizá por eso mismo los neoliberales insisten en que las recetas keynesianas no son adecuadas para salir de la crisis. Parasitando sobre la economía real está la economía financiera y esto ya parece incontrolable como se puede ver en el caso de Grecia y, en general, en todos los países centrales del sistema-mundo.

Casos como el venezolano que algunos definen como un neokeynesianismo de izquierda requieren de un férreo control de las operaciones del casino: en Venezuela, por ejemplo, hay un estricto control de cambio –lo que ha impedido la masiva fuga de capitales- y se ha intervenido y se vigila a los Bancos como si se tratara de potenciales delincuentes (lo que no es desacertado), aparte de que Chávez ha golpeado a su propio entorno burocrático al intervenir y cerrar Bancos establecidos por sectores de la burocracia y apresado a banqueros bolivarianos simplemente porque se les detectó maniobras especulativas que trataban de reabrir el casino.

Desposeída del poder financiero especulativo la burocracia chavista no ha podido establecer alianzas sólidas ni con la burguesía nacional ni con la transnacional con lo cual su desarrollo histórico como clase dominante está trabado. Y a merced de las iniciativas populares en todos los escenarios. No será, pues, la continuación de Chávez como Presidente lo que impedirá a largo plazo que esa nueva clase devenga en dominante sino la iniciativa de las masas populares empleándose a fondo para consolidar posiciones y conquistar muchísimos más espacios mediante la autogestión obrera en alianza con la juventud y los estudiantes organizados. A decir verdad, esta es la garantía de que la contrarrevolución endógena al proceso bolivariano se evapore; no pueda aliarse con el escualidismo realmente existente ni con el capital transnacional, y este impedimento originado en la acción directa de las masas populares sólo puede ser quebrado por la guerra como las que acostumbra a implementar la mismísima OTAN.

Esta configuración esquematizada nos ilustra la dualidad del poder en la Venezuela actual. La serie de entidades que conforman el movimiento popular tiene una capacidad de movilización y presión que, por ahora, es reconocida por el poder político instituido como oba suya aunque en verdad es más obra de la dinámica revolucionaria misma que arranca desde 1989 (cuando se derrotó la versión radical del neoliberalismo), que se reimpulsa con las rebeliones de los jóvenes militares de 1992, que cobra más bríos con el golpe militar fallido de 2002 y el sabotaje petrolero subsiguiente, aunque, obviamente, el chavismo ha contribuido a su permanencia.

Mientras que la clase trabajadora y campesina, compuesta por obreros, empleados, pequeños propietarios del campo, marginales de los barrios populares del cinturón urbano del país, etc., conforma un bloque antisistémico más o menos homogéneo desde el punto de vista del poder popular, la clase media y la pequeña burguesía sólo puede ser incentivada mediante mecanismos de defensa y acceso de/a la propiedad privada, especialmente de la vivienda. De aquí que la nueva ley de arrendamientos venga a beneficiarlos, aunque algunos sectores se sienta desventajados ante su aprobación. Por eso la derecha hace campaña por la defensa de la propiedad y contra el comunismo como en lo tiempos cumbres de la Guerra Fría; entendiendo “la-propiedad-como-la- libertad” y “comunismo” como la presencia de cubanos en diversos sectores de la administración del país siguiendo los pactos del ALBA.

A su vez, la clase media o pequeña burguesía es poco proclive a aceptar el desmontaje de las desigualdades sociales más allá de las atenciones a la lucha contra el hambre y la pobreza, porque los valores de una sociedad desigual siguen teniendo un influjo cultural que no es fácilmente modificable por una propaganda o una lucha ideológica más o menos bien planificada en aras de un igualitarismo social que, aunque se pudiera admitir en el imaginario social. no se practica a la hora de los hechos, y esto requerirá un cambio radical (a decir verdad, una revolución) de la universidad, proveedora de las desigualdades sociales que dicen fundamentarse en la capacidad y el talento. Influjo al que juega con especial cinismo la cúpula de la Iglesia Católica.

La revolución bolivariana no ha llegado ni a las universidades autónomas ni a los cuarteles, con todo y aparentar o no que ha llegado a todo el país.  En los últimos doce años el juego de la democracia burguesa ha orillado terrenos muy candentes ante la opción de ganar elecciones. Hay que buscar las formas de darle un vuelco a esto, porque de las universidades reclutan las clases dominantes sus especialistas y de los cuarteles sus perros guardianes. Y, en la etapa actual, ciertamente, de momento son fuentes que nutren al gobierno bolivariano, especialmente los segundos antes que las primeras, pero tratándose de instituciones jerarquizadas y emanadoras del principio jerárquico en las sociedades de la modernidad líquida requerirían estar bajo el control del poder popular horizontalmente autogestionado por las trabajadoras y los trabajadores.

Mal podemos presagiar la “toma del poder” por el proletariado (entendido este como el conjunto de sectores de la población que producen la riqueza social con su trabajo) si el trabajo está a merced del casino financiero. Si no reinstitucionalizamos el trabajo como la fuente de toda riqueza, y esto deberá empezar por algún sitio para proyectarse a escala global –y no será precisamente en aquellas zonas en las cuales la precarización ha sustituido al trabajo e incrementado, por tanto, el poder de la clase dominante-. Y, curiosamente, dentro de las fronteras de una economía extractivista que depende del mercado global casi exclusivamente esa reinstitucionalización es casi imposible. Por eso la importancia que le damos a juntar saberes y poderes de pueblos diversos, por encima de las fronteras burguesas, entendiendo que la emancipación del proletariado sólo podrá ser internacional (por encima de las naciones).-

5/10/2011.

El_eco_de_los_pasos.

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