En_democracia_tú_eliges:_explotación_o_miseria.

noviembre 3, 2011

Los referéndums: Último recurso de la opresión democrática .[1]

Ante el actual panorama político-social, en el que cada vez son más las Organizaciones que se unen a las diferentes propuestas políticas de realizar referéndums (privatización del agua, Plan Bolonia…) nos parece necesario hacer algunas aportaciones a este campo para destapar el verdadero papel que juegan los referéndums. El referéndum, posicionamiento último del pueblo [2] (dentro de la dicotomía pueblo-poder), supone uno de los recursos más valiosos de las “democracias” para afianzar su fuerza y asegurar su credibilidad. Es muy importante no olvidar que la “democracia” intenta anular en los individuos su capacidad de iniciativa, los referéndums son el último reflejo de lo que exponemos: el referéndum se origina a raíz de una decisión política, no a raíz de una necesidad concreta. Cuando se ha generado un descontento social importante, los políticos intentan arrastrar a su campo toda una serie de movilizaciones sociales.

El principal papel de los referéndums es transformar a todo un movimiento social en un mero porcentaje, cambiar los individuos organizados, con todas sus capacidades, para reducirlos a números, con dos opciones: sí o no. Cumplen el papel de, una vez más, llevar al campo de la política la lucha social para así eliminarla; ofrecer el Parlamento como la única vía posible. Repetimos, una vez más, la única posibilidad de cambio surge de la auto-organización.

Este hecho supone un problema mayor en la medida en que no sólo desde dentro del Parlamento surgen esas tentativas, sino que éstas se reproducen en aquellas Organizaciones que orientan la movilización a un fin político; en este caso los referéndums.

La preparación del referéndum

El referéndum no es un hecho que surja por la petición de las Organizaciones movilizadas, sino una respuesta conciliadora de la clase política. Eso sí, una vez que se ha estudiado el tema y se han visto índices de viabilidad. En temas particulares con un gran descontento general no se realizan referéndums, sino después de una gran campaña de propaganda. No olvidemos, como ya comentábamos en el Suplemento 5 de Germinal Libertario: Monográfico contra los Medios de Comunicación, que la clase política cuenta con la disposición de los Medios de Comunicación y, por ello, prácticamente del monopolio informativo.

De esta forma, se bombardeará a les “ciudadanes” con toda aquella información favorable a los intereses políticos: Manipulación de las propuestas “alternativas”: Por ejemplo a través de las criminalización de las acciones sociales en los telediarios (de forma que la “opinión pública valore el parlamento como única vía), creando falsos debates televisivos en los que sólo se muestran las posturas oficiales o si se muestra otra diferente es en un marco de marginación (intentando significarla de este modo en la sociedad) o de ridiculización (los casos de manipulación directa de intervenciones son numerosos, ¿qué se esperaba?), mostrar el lado opuesto al del campo político como algo idealizado (es decir sin base real), esto no es, en muchas ocasiones, una manipulación intencionada, sino la muestra de que el sistema político ha hecho ya efecto directamente en gran parte de la Sociedad.

La creación de la necesidad

Se intenta de esta forma que la propuesta política aparezca como algo necesario aún no siéndolo. Es un esfuerzo por hacer partícipe a la gente del sistema de representación para que este no pierda legitimidad. Este hecho de crear una necesidad ficticia se ve claro en el referéndum de 1986: el PSOE, que durante la campaña electoral se posicionó en contra de la incorporación de España en la OTAN (“OTAN, de entrada NO” decía el lema) y que obtuvo el 48% de los votos en las elecciones de 1982, fue el que impulsó cuatro años más tarde el referéndum en el que el sí obtuvo el 52% (todo ello obviando las cifras de Abstención).

La creación del miedo

Ante situaciones concretas, la finalización de un régimen dictatorial, por ejemplo; los referéndums se constituyen no sólo como elementos “legitimadores” sino además como limitadores, volviendo a esa idea de dicotomía del referéndum de la que no se puede salir. Un ejemplo transparente de ello es el referéndum sobre la “Ley para la Reforma Política”. Este referéndum, que en caso de aprobarse abriría las puertas al camino de la “Transición” (Ver Suplemento 2 de Germinal Libertario), tenía el claro papel de intimidar a la población española: por un lado se ofrecían dos únicas posibilidades: democracia o dictadura, y se hacía en unos momentos de represión importantes (Asesinato de Salvador Puig Antich en 1974, Fusilamientos de Txiki, Otaegui y “los tres del FRAP” en 1975, Montejurra en 1976…), de esta forma se jugaba con el miedo al “no” identificándolo con un “sí” al franquismo. Ni que decir tiene que este referéndum sirvió para legitimar el Estado “democrático” para que este continuara haciendo lo mismo que el anterior (Matanza de Atocha en 1977, asesinato de Agustín Rueda y Caso Scala en 1978…).

La celebración del referéndum: El caso europeo

Un caso aparte es el referéndum realizado para la aprobación de la Constitución europea. Este acontecimiento refleja claramente nuestra posición respecto a los referéndums: estos son solamente convocados cuando su resultado es positivo para los intereses de la clase política. Los referéndums convocados para la Constitución europea fueron negativos y, sencillamente, se paralizaron. En el Estado español, en el que la participación en referéndums ha ido cayendo de forma progresiva (77% en 1976, 67% en 1978, 59,4 en 1982 y 42% en 2005), el resultado fue a favor, aunque el referéndum ni tan si quiera era vinculante. Sin embargo, el proceso se paralizó cuando en Francia e Irlanda el resultado mayoritario fue el no. Ante esto, el parlamento europeo comenzó el estudio de una nueva reforma para el Tratado.

Esto pone en evidencia que los referéndums no sirven para expresar la voz del pueblo sino para canalizar, a través de ésta, la opinión de les polítiques. Sin embargo, la fuerza del proletariado reside en su capacidad de organización no en su capacidad de “decisión”.[3]


[1] El Grupo Bandera Negra ha reeditado este texto de las Juventudes Anarquistas de León en un panfleto actualizado, el texto original es de Junio de 2009. Puedes descargarlo aqui.

[2] Las referencias hechas en todo el artículo al concepto “pueblo” no nos propias, sino que las hemos adoptado para adaptarnos al lenguaje de la “democracia”, dentro de la cual los conceptos pueblo y poder aparecen como una dicotomía. Desde nuestro punto de vista, esta dicotomía es inconclusa ya que el concepto “pueblo” se nos antoja como una idea, dentro de la concepción “democrática”, interclasista.

[3] Extrapolado del panfleto “El referéndum: Un paso más hacia Bolonia” de la Sección de Estudiantes del Sindicato de Oficios Varios de León (CNT-AIT). Está claro que ponemos en tela de juicio, cuanto menos, que el proletariado tenga alguna capacidad de decisión en los mecanismos políticos.

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Abstención activa contra la democracia.

La postura que ha defendido el Anarquismo ante las elecciones siempre
ha sido la misma: la abstención. El no reconocimiento de la llamada
legalidad democrática y, por tanto, la no participación en ninguna de
sus instituciones, como colectivo, ni en ninguno de sus cauces, como
individuos. Esta postura ha tenido algunos momentos históricos de gran
repercusión, tanto en el plano social como político, como por ejemplo
en la década de los treinta, pero en las últimas décadas ha sufrido un
ataque por parte de los agentes políticos y comunicadores del Sistema.
Este ataque ha intentado desvincular la abstención de cualquier tipo
de posicionamiento social, político o ideológico; reconociendo de esta
forma la exclusividad de la participación social dentro de los cauces
de la representatividad. Sin embargo, en los últimos meses ha tomado
especial relevancia en el Estado español el panorama político y
social.

En un país en el que parecía que las inquietudes sociales y políticas
habían quedado relegadas a una serie de profesionales, ha emergido un
movimiento popular, considerado propiamente como “ciudadano”, que puso
en las primeras páginas de los periódicos oficiales la denuncia de una
serie de irregularidades que en los últimos tiempos están tornándose
insoportables para la clase proletaria; que, en nuestra opinión, son
fruto inherente de los sistemas jerárquicos.

Este movimiento ha dado una especial importancia, desde nuestro punto
de vista inmerecida, a la actitud que hemos de tomar los individuos
ante las elecciones; municipales en su momento, generales en la
actualidad. Y han intentado, desde nuestra opinión, reconducir el
descontento de les trabajadores y demas proletaries hacia los cauces
democráticos, continuando y asumiendo el discurso establecido desde el
Sistema. Se han puesto en la palestra opciones hasta el momento
ampliamente minoritarias como el voto nulo o el voto en blanco,
intentando asumir para la democracia representativa a aquellos
sectores descontentos con la política actual, en una especie de
regeneración de la representatividad.

De esta forma se da una nueva imagen al Sistema, los sectores
descontentos con los políticos parece que ya no están en desacuerdo
con el Sistema por éstos generado, y base de todas las atrocidades
cometidas contra les proletaries. Simplemente quieren que se vayan
unos políticos para que vengan otros a hacer lo mismo, una especie de
ensayo conductista que parece tener como intención desmovilizar a la
clase proletaria por agotamiento o desilusión.

Ni que decir tiene que ha sido fundamental el papel jugado por los
profesionales de la política ante esta situación. Por un lado el
Partido Socialista, autointitulado como representante mayoritario del
progresismo ha intentado maquillar su discurso político con algunas
medidas populistas, intentando acercar a su seno a aquellos sectores
de la izquierda más simplona que se camuflan bajo aquel tradicional
lema del “voto útil”. Por otro lado, Izquierda Unidad y otros partidos
aún más minoritarios, han intentado aglutinar adeptos bajo su programa
político a través de la materialización del viejo dicho de “pescar en
río revuelto”.

En todos los casos, lo que se intentó de forma generalizada fue asumir
como propio un movimiento que, en la teoría, estaba desideologizado y
despolitizado; demostrando, en realidad, que asumía la ideología del
sistema y hacía el juego a partidos extra o cuasi-extraparlamentarios,
poniendo en tela de juicio la veracidad de su apolitización. De esta
forma, parecía que todes tenían cabida bajo el lema de reivindicación
de una democracia real. Desde les que defienden la dictadura de los
mercados hasta les que defienden la dictadura del proletariado,
incluso, y a nuestro pesar, parecía que aquelles que abogan por la
abolición del Estado y toda forma de autoridad también se sumaban a
las demandas de una democracia más eficaz para ponerla al servicio de
los intereses de una clase consumista.

Nosotres, rehusando cualquier tipo de posibilismo, nos declaramos
abiertamente antidemócratas. Estamos en contra de la democracia
representativa, porque no creemos en ningún tipo de delegacionismo y
estamos convencidos de que éste siempre deriva en la usurpación del
interés personal. Del mismo modo estamos en contra de la llamada
democracia directa, porque esta, por no erradicar el sistema de
votación, deriva en la sumisión del individuo a la llamada voluntad
colectiva que no tiene porqué representarle. Toda democracia supone la
imposición de una mayoría, a lo sumo, sobre un minoría.

Así, dentro de ese obnubilamiento intelectual que genera la democracia
a su alrededor, y bajo el cual férrees defensores de estructuras
diferentes, dentro de los Sistemas jerárquicos, se autointitulan como
incondicionales defensores de los valores democráticos; nosotres nos
negamos a sumarnos a esa corriente unitaria y tendenciosa. La
democracia, en realidad, no se diferencia, al menos en este aspecto,
de otros regímenes totalitarios. Pues si bien en estos se condena a
través del castigo físico a sus detractores, en la democracia, además,
se les condena a través del ostracismo ideológico, siendo considerades
una especie de detractores del género humano.

A nosotres no nos vale la reforma del sistema electoral o la creación
de listas abiertas, no nos vale con mejorar un Sistema con el que no
estamos de acuerdo. Nos es indiferente el valor que el Sistema quiera
dar a nuestra voz, porque lo que pretendemos es que nadie pueda
cuantificar nuestra opinión cuantitativamente; sino que sea
considerada cualitativamente por nuestros iguales. Cuestión ésta que
no puede conseguirse en ningún sistema de votación, sino en un sistema
de asambleas horizontales que funcionen por consenso unánime.

Porque no creemos que sea posible, en ningún modo, que la delegación
en una serie de individuos suponga otra cosa que la enajenación del
interés de los individuos a merced del interés propio de un individuo,
sujeto, de forma generalizada, no sólo a presiones externas, como
mercados o intereses de grandes emporios, sino también a favores
personales.

Tampoco creemos que sea viable el ideal de democracia. Pues, a pesar
que entendemos que las situaciones actuales de corrupción y
desentendimiento de la clase política son inherentes al sistema de
representación, no damos por bueno ningún tipo de delegación que no
sea asumido bajo un mandato conciso, emanado de una asamblea
horizontal y siempre con la posibilidad de revocación. Es decir, solo
entendemos la delegación cuando ésta no tiene ningún margen de
actuación fuera de lo emanado de forma consensuada. Pues es ésta la
única posibilidad de que los intereses de los individuos permanezcan
blindados ante cualquier intento de enajenación o desvirtuamiento.

No nos vale, pues, con actuar dentro de los cauces legalmente
establecidos, no atendemos a ningún tipo de imposición ajena a
nosotres mismes y a la propia razón. Hacemos un llamamiento a la
reflexión, a la coherencia, a la abstención, al boicot y al sabotaje
de todo tipo de elecciones y al fortalecimiento de las organizaciones
anarquistas para seguir recorriendo el camino de la revolución social
hacia el Comunismo Libertario.

¡Salud, Organización y Revolución Social Anarquista!

Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas (F.I.J.A.)

www.nodo50.org/juventudesanarquistas/

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