El poder sobre la vida.

noviembre 27, 2011

Artículo que trata sobre cómo el Estado tiene poder sobre la vida y la muerte, y de cómo han ido cambiando las intromisiones que ejercita.

A continuación vamos a comentar, muy brevemente y valiéndonos de determinados análisis realizados por Michel Foucault (1), la transformación de las intromisiones que el Estado ejercita sobre la vida y la muerte. Señalaremos como la muerte, en el paso de la justicia divina a la terrenal, dejó de ser un espectáculo para pasar a ser un tabú. Y aplicaremos, en cierta forma, dichos postulados con el objeto de comprender la situación que el Poder genera sobre la existencia individual y social.

Para estudiar las prácticas del Poder debemos remitirnos a Michel Foucault, que fue, sin duda, una de las mentes más brillantes de la edad contemporánea gracias a ensayos como “Vigilar y Castigar” (1975). Amigo de Louis Althusser, mostró simpatías por el Partido Comunista Francés, rechazó la etiqueta de estructuralista y desarrolló un interés considerable por un psicoanálisis dominante entre los intelectuales franceses en la década de los setenta. Otras de sus obras más conocidas son “La Arqueología del saber” (1969) y “Microfísica del poder” (1980), que complementan, junto con otras publicaciones, una extensa aportación al pensamiento moderno.

En el comienzo del texto “Del poder de soberanía al poder sobre la vida” (1976) Foucault manifiesta que el sistema tiene la potestad sobre la vida y la muerte pero que, a través de la transformación histórica, éstas no tienen el mismo significado que en el siglo XVIII y XIX. La muerte era tomada como un ritual (2), como el paso de la justicia terrestre a la divina, y se convertía en un espectáculo al que toda la sociedad asistía. Sin embargo, ahora, se ha tomado como un tabú mayor que el sexo, como una vergüenza. La vida también ha cambiado y el Estado se dedica a intentar extenderla, a hacerla más grata y duradera. La intromisión estatal llega hasta tal punto que para prolongar la vida de sus ciudadanos, por ejemplo, se demoniza al tabaco.

También han variado los medios de castigo y de disciplina con el objeto de aislar a cada persona. En el Estado español encontramos la criminalización – e ilegalización- del Movimiento de Liberación Nacional Vasco, que es el único que amenaza la hegemonía del Estado, y de cualquier protesta subversiva. Los presos políticos son privados de su vida social en las cárceles y separados por largas distancias de sus familiares. Así, la policía sirve como cuerpo represor pero a su vez es disciplinario. El objetivo es aislar a cada individuo en su familia, en su casa, o en la prisión. El Poder, a lo largo del siglo XIX, tomó a la vida como suya a través de la regulación, del sometimiento de los cuerpos y la economía de la vida.

La muerte no es universal dado que en el Estado español muchos casos de fallecimientos de trabajadores, causados por la inseguridad laboral, se ocultan para que no sean conocidos por la opinión pública. Sin embargo, cuando otras personas mueren – y más si están relacionadas con el Poder – se las glorifica como si su vida valiese más. Mecanismos tan antiguos y espantosos como la pena de muerte o la cadena perpetua son utilizados todavía en multitud de lugares. No hay que echar la mirada muy atrás, durante la dictadura fascista de Franco se fusilaba y utilizaba el garrote vil.

Como expone Ramón Alcoberro “el poder se convierte en «control», «vigilancia», «mejora» y «organización» de las fuerzas que somete” (3) y se sustenta en el miedo a amenazas externas. Encontramos, en diferentes emplazamientos del Estado español, la instalación de cámaras que comprometen la privacidad además de un control férreo de las administraciones.

Foucault relaciona a las guerras, a la muerte en último término, con el racismo. El autor pone el ejemplo de la Alemania nazi, donde la violencia sistemática iba encaminada a eliminar a las razas inferiores y de poner al borde de la muerte a la población alemana para así regenerar el mundo. Para vivir más, para que existan menos “anormales”. En la lectura de Darwin (selección, supervivencia de los más fuertes), el filósofo ve también un modo de pensar que legitima la colonización, el imperialismo y la barbarie.

El racismo reapareció con la llegada y triunfo del capitalismo, en la lucha contra el enemigo, en la política encaminada a la guerra, en la eliminación y represión física. Pero no es exclusivo del mercantilismo, el racismo también estaba fuertemente arraigado en los países socialistas (Foucault se refería a la Unión Soviética), ya que el comunismo no se ocupó de estudiar el biopoder y se limitaba a ser capaz de matar al adversario.

En la actualidad Estados Unidos trata de buscar adversarios a los que aniquilar, encontrándolos en Oriente, ya que debe justificar su elevadísimo gasto militar y perpetuar su imperialismo.


NOTAS:

1. Foucault, M. (1976) “Genealogía del Racismo”. Undécima lección: Del poder de soberanía al poder sobre la vida. Edición consultada: Ed. Altamira, Argentina: La Plata.

2.La muerte era, entonces, una ceremonia al que accedía públicamente cualquiera que lo desease. En Vigilar y Castigar (1975) se expone un ritual donde el condenado es mutilado.

3.Esta reflexión puede encontrarse en la página de Ramón Alcoberro “Filosofía i Pensament”. [Dirección: www.alcoberro.info] Consultada en: 11/12/2010.

La Haine.

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