Trabajo y capitalismo nacieron juntos, y juntos morirán.

noviembre 30, 2011

¿Queremos trabajo, desempleo?

¿O acabar con los dos?

El siguiente texto fue repartido en panfletos en la manifestación contra el paro, en el centro de Atenas, el 15 de diciembre.

Día tras día se hace cada vez más comprensible por el cuerpo social la gravedad del momento en que se encuentra este mundo. En la vorágine de la crisis, se producen todas aquellas rupturas verticales, cuyo receptor es la misma relación Trabajo-Capital, en sus cimientos. Aunque de momento la ofensiva es tal que desafía incluso a la existencia física de los trabajadores (deficiencia de asistencia, aumento de personas sin hogar, inmigración), apenas estamos comenzando.

La dificultad de reproducción del Capital en sus diversas formas, poco a poco tomará la forma tradicional que le corresponde, es decir, la de la dictadura sobre las clases bajas. El aumento del nivel de represión en las metrópolis del mundo, desde las detenciones masivas y las balas de goma en las plazas de América, los tanques en las calles de Moscú, las nuevas técnicas de gestión de las manifestaciones en Roma y los muertos en las insurrecciones árabes, hasta la represión de movilizaciones pacíficas o de ocupaciones en Grecia y la cobertura que le ofrece (a la represión) su representación ultraderechista en el Parlamento, se convierten en el nuevo rostro del Orden capitalista en la guerra que está por estallar. El ciudadano- el hijo consentido del Estado/tutor-(suponiendo que fuera expresado social y políticamente por la clase media ampliada) se desvanece junto con las dulces promesas de una perspectiva social y de diálogo entre los fragmentos sociales.

Uno de los principales aspectos de este proceso, junto con la generalización del trabajo precario, es el creciente número de despidos. La legislación laboral en relación con estos temas se va derrumbando pieza por pieza, y paulatinamente nos conducimos a una centralización de estas características, como un hecho social. Los recortes de gastos, los despidos y la reserva laboral en el sector público, los contratos a plazo fijo en departamentos del sector público (profesores que cobran por hora, trabajo de todo tipo a destajo, médicos de horario flexible, contratados por obra, señoras de limpieza arrendadas, etc) traen a la primera fila de la actualidad una nueva realidad laboral: la de la desmasificación del trabajo y la continua alternancia entre el desempleo y el trabajo flexible. Es indicativo que los puntos acumulados en la tarjeta de desempleo es prácticamente el único criterio para encontrar trabajo. Llevas 12 meses desempleado (o trabajando en negro), y luego con los puntos acumulados de este período de desempleo puede ser que trabajes con un contrato de 8 meses, sin llegar a edificar relaciones con tus compañeros de trabajo, y dale que dale.

Esta tendencia del proceso de la lucha de clases, determina ya en gran medida las formas que obtienen las luchas, es decir, sus posibilidades y límites (desde luego, junto con aquellos trabajadores que aún su trabajo se rige por algunas de las viejas relaciones laborales y formas de lucha, como por ejemplo lugares de trabajo masivos, fábricas, etc.) Se nota que el descenso del valor de los títulos universitarios y el hecho de que no están conectados con algún trabajo, las sucesivas alternancias de roles laborales y la deslegalización de las demandas salariales que se está promoviendo a través de los convenios (contratos) de trabajo individuales, hacen que la identidad laboral sea más flexible y que las luchas sean discontinuas, no sindicalizadas en el sentido tradicional de la palabra, y que se difundan en el campo social. Esta última característica, a causa de la ofensiva al sector de la reproducción (Sanidad, Electricidad, impuestos, Transporte), parece estar ganando terreno como una organización práctica del proletariado y de la clase media que se está aproximando al estado del proletariado, a través de los movimientos en las plazas, las asambleas barriales, la ósmosis de los sindicatos con los consumidores de los servicios (metro, electricidad, hospitales). Mientras el Estado renuncie a la continuidad “normal” de la cotidianidad, estas formas de organización, que por ahora están en sus inicios, se pondrán a prueba a un grado cada vez mayor, endureciéndose la furia de la represión y los enfrentamientos internos.

Para muchas personas, las alternativas de la supervivencia o de una vida digna bajo las circunstancias que conocíamos, van a pasar por nuevos campos. Estos pueden ser tanto el mercado negro como los márgenes de la Mafia, ya que el Estado se vuelve hacia la economía sumergida para aumentar el porcentaje de beneficio, o incluso unas estructuras de auto-gestión de la pobreza (como, por ejemplo, la vida en guetos, u otros fenómenos que hemos visto recientemente en Grecia – el traspaso del costo de la educación a los padres a través del voluntarismo, colectas para recolectar dinero para comprar los apuntes universitarios, etc.) Por otro lado, es una apuesta la organización de unas tentativas de desarrollo de un movimiento de características combativas, que construya redes y relaciones entre sus miembros, más allá del coste y del Capital. Aquí se muestra la importancia de estas primeras aventuras de auto-organización en los barrios y de las iniciativas correspondientes en los lugares de trabajo: tales son los proyectos, abiertos y horizontales, los cuales dando pasos cortos pero sinceros y creando lazos, pueden superar la mediación consolidada de los mecanismos partidistas o la introducción de ideologías que favorecen la fragmentación, como el nacionalismo y el racismo. Por lo tanto, la dinámica de estas iniciativas no puede ser usada de herramienta, como creen los partidos de la Izquierda, los cuales están preocupados por las estrategias del Estado griego y por la soberanía nacional.

Las reflexiones que están naciendo, aparecieron en 2001 con la crisis y los disturbios en Argentina, pero con otros datos, respecto de la producción y composición de los barrios, y fueron respondidas en cierta medida con la autogestión y la solidaridad entre los desempleados (piqueteros) y la ex clase media que salió a la calle (cacerolazos). Aparte de la fuerza que tienen la expropiación y el funcionamiento de las fábricas por los trabajadores, que hasta un cierto punto parecen ser una solución dentro del capitalismo, la autogestión como una práctica se verá afectada tanto por la competencia internacional y la ley del coste, como por el contenido del mismo trabajo en los centros modernos, es decir, la total ausencia de sentido y la alienación total. Si hoy la revolución parece imposible, es porque toda actividad humana se ha sometido al Capital, por lo que no podemos imaginar la vida el día siguiente. Este afán del movimiento de construir las plataformas de una sociedad sin clases, tiene que ser abandonado. Es seguro que una potencial rebelión global, se plantearán todas las cuestiones: ¿cómo van a llegar los bienes a la gente? ¿Cómo vamos a cultivar y comer? ¿Cuál será la forma de la Educación y de la Sanidad? Todas estas preguntas críticas son respondidas con ejemplos de la lucha más allá del trabajo asalariado. La insistencia en volver al trabajo asalariado es, sin duda, necesaria como una estrategia, por ejemplo empleada para los desempleados para fortalecer la lucha de clases, pero como proyecto no es realista (ya que hoy día el Capital no necesita de una gran parte de la población activa), pero también oculta la verdad histórica y brutal: ¡que el trabajo y el desempleo juntos nacieron y juntos morirán!

 

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