La escuela de la libertad.

diciembre 30, 2011

Una escuela, considerada como institución educativa, es reflejo constante y variante de la sociedad que nos rodea. Y cuando la iniciamos intentando hacer una pequeña revolución, porque tratamos de educar conforme a unos principios esencialmente humanos de libertad, responsabilidad, justicia, igualdad, felicidad, identidad y solidaridad, vemos que ante el análisis de los resultados hemos perdido de vista la educación constante que toda la gran escuela que es la sociedad realiza; y lo hace en oposición suave y constante, utilizando los mecanismos que la educación autoritaria ha introyectado en sus mentes manipuladas por todos los medios educativos posibles.

Por ello, la dinámica educativa de la anarquía debe ser eminentemente colectivista, en detrimento de la preponderancia individualista que sofoca cualquier forma de autogestión y es eficazmente receptiva a los principios que la sociedad actual manifiesta como valores… Defendemos una escuela que eduque en la búsqueda de la felicidad, de un progresivo camino de libertad y solidaridad comunitaria. Debiendo ser y siendo conscientes de que no existen paraísos artificiales y que la anarquía es un camino que hay que alcanzar, la felicidad es consecuencia de un apoyo mutuo y la colectividad la estructura social en la cual nos debemos asentar para poder mínimamente, acceder a las puertas de la anarquía

Pero el error en el cual caen y han caído algunos anarquistas, es el de pensar que ellos o ellas, eran seres diferentes del humanamente constituido y que podían encontrarse por encima de la realidad humana, ser asépticos, que no lo eran, y defender que el ser humano nace libre y si se desenvuelve libremente, llegará a ser y a asumir los principios de libertad, solidaridad, justicia e igualdad, obviando que con su sola presencia manipulan las maneras de su alumnado, y si no intervienen, las manipulaciones que reciben desde otros sitios se volverán contra quienes eduquen en la anarquía, porque al no ser educados en la madurez, rechazaran, por la inseguridad, la libertad y por ello el pensamiento anarquista.

El ser humano es en principio una predisposición, y su herencia filogenética es indudablemente clarificadora de su tendencia al apoyo mutuo, a la necesidad del grupo, a la solidaridad manifiesta o encubierta con paternalismos estúpidos. Lo que es mas autentico y real, es la constante “Manipulación” que se hace de las posibilidades del ser humano, su plasticidad infantil, su indefensión primaria y la educación que lo configura y dirige hacia fines altamente predeterminados.

De nuevo, los pobres nos hemos conformado con las migajas que se escapan a los ricos, la diferencia estriba en que hoy se acompañan con televisión y antes con tertulias de protesta y sedición. El derecho de palabra, durante tanto tiempo reivindicado, en la actualidad se falsea haciéndolo innecesario, pero fomentando la creencia de que es un derecho real y existente. Nada puede destruir más al ser pensante que la noción de que no usa algo porque ‘no lo quiere’, cuando en realidad es que se le mata la posibilidad de hacerlo. Por ello, se establece la incomunicación y los elementos que la hacen posible como formas educacionales reales de una sociedad que se manipula por medio de la implantación de los mecanismos de defensa imprescindibles para evitar crítica, confrontación y sobre todo lucha.

Ello implica que la función de educar, como posibilidad de recrear personas mas humanas, utilizando la cultura y el análisis crítico de la historia para evolucionar, se ha minimizado de tal forma, que son únicamente elementos de una estructura ancestral, que se mantiene para recrear la idea de una evolución existente. Tal vez, como dice Agustín García Calvo, la verdadera finalidad sea “aburrir a los niños y seguir aburriendo a los adolescentes y -sí todavía hace falta- seguir aburriendo a los adultos”.

De ahí la tesis de nuestro planteamiento: Contra-manipular, es decir, introducir en las mentes de las generaciones futuras, líneas generatrices opuestas diametralmente a las que la sociedad introduce y demanda. Nuestra creencia errónea de respeto a la persona, no influyéndola y dejando que la naturaleza actúe con las experiencias que se realizan en la acción educativa, no sirve para nada, y de servir para algo, es para fomentar el miedo a la libertad y la defensa de la sumisión y de los valores conservadores … por lo que sin caer en la represión, siempre negativa, en la sumisión, siempre deformante, debemos educar frustrando determinadas necesidades egóticas e impulsar a la realización de otras, que sin prioridad en ese momento, al ser sentidas proporcionan un placer muy superior, que de no ser instadas a realizar nunca podrán sentir.

Estamos de acuerdo con Ricardo Mella cuando dice que “la escuela no debe, no puede ser ni republicana, ni masónica, ni socialista, ni anarquista, del mismo modo que no debe ser religiosa”, porque ello seria darle a niños y niñas las ideas hechas y por ello predeterminar sus personalidades y pensamientos. La escuela debe ser el sitio donde se vive y se aprende a vivir conforme a unos principios y valores de acuerdo con el derecho natural y una determinada ética, por lo que se convertiría, no en la escuela de un determinado color o tendencia, sino en la Escuela de la Anarquía.

Josefa Martín Luengo
“Colectivo Paideia”

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