anarkismo.net

Los próximos 5 y 6 de diciembre cursarán las elecciones generales de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), agrupación de la principal casa de estudios superiores tradicional del país andino, originalmente pública, nacional, gratuita, laica y estatal, pero desde los tiempos de la tiranía y la Concertación, arrojada al autofinanciamiento, a una subvención fiscal insuficiente y administrativamente diezmada a través de la diáspora de las universidades regionales salidas de su vientre.

Podrán participar en los sufragios más de 20 mil estudiantes ante un cuadro electoral donde compiten 9 listas. Ilustrando la peregrina situación de los sectores progresivos en Chile,   5 de las ofertas reivindican la izquierda (Creando Izquierda, Izquierda Estudiantil, Nueva Izquierda, ¡Abran paso a la lucha!, y     Luchar, creando universidad popular). Una de la Concertación denominada Nace (DC + PPD); dos de derecha (CDU Atrévete a pensar diferente (RN) y La Chile Para Todos,   la solución es naranja! (gremialista)); y una formada por quienes acamparon en la Casa Central de la universidad (República Independiente, Autárquica y Anárquica de la cochina). Los 5 cargos de la nueva mesa directiva se prorretearán proporcionalmente de acuerdo a la cantidad de votos que obtenga cada postulante.

Mientras quien suscribe lee un correo urgente que denuncia que, una vez más,  la policía militarizada asaltó esta madrugada territorio mapuche de “Temucuicui, en la Comuna de Ercilla. Son unos 200 carabineros, con armamento, disparando a las casas y a la gente, niños incluidos, bombas lacrimógenas. Enorme y descontrolada violencia”, por medio de skype se realiza la siguiente entrevista con el candidato que encabeza la Lista I para las próximas elecciones de la FECH, Felipe Ramírez Sánchez.

Felipe (23 años) expresa el proyecto del Frente de Estudiantes Libertarios, colectivos independientes, Praxis, Igualdad, y Auka-Mapu, y cursa su último año de periodismo en el Instituto de la Comunicación Imagen de la Universidad de Chile, donde presidió el centro de estudiantes. Se ha desempeñado como comunicador social en el periódico de papel y digital El Ciudadano, y haciendo largas caminatas como trabajador de Correos de Chile. Felipe Ramírez proviene de una familia graneada políticamente que recorre todo el espectro existente.     

-¿Cuáles son los aspectos esenciales del programa de tu lista?

“Fortalecer el movimiento estudiantil y articularlo con el movimiento social (trabajadores y pobladores); la educación como un derecho social fundamental de los pueblos y no una mercancía, que esté asegurada por el Estado en su conjunto y ligada a cada persona y colectividad; la construcción de un sistema de enseñanza pública popular y de excelencia.”

-Ustedes hablan de un diseño de universidad otro…

“Sí. Junto con las modificaciones a sus formas de financiamiento y a los currículos, nos interesa abrir el debate más amplio posible respecto de la orientación de la educación superior en el país, el rol de la universidad, su relación con el mundo social. La universidad debe superar los ámbitos educativos convencionales y dedicarse también a la producción de conocimientos asociados a los derechos laborales, medioambientales, de género. El objetivo superior es crear un proyecto de país que provenga desde abajo, desde las grandes mayorías hasta ahora, subordinadas.”

-¿Y cuáles serían sus determinaciones?

“Las del socialismo.”

-¿Cuál de sus versiones?

“Una sociedad que se construya sobre la decisión participativa de todos y todas, lejos de un Estado y sobre la base del movimiento social ‘en poder’, bajo el control de la producción y administración económica del conjunto social.”    

“ES PRECISO ‘TIRARSE A LA PISCINA’”

-¿Por qué estimas que se ganaron la posibilidad de conducir la FECH?

“El espacio nació a lo largo de los meses de movilización y cristalizó en la actual confluencia que represento. Ocurrió que el énfasis de las distintas agrupaciones en el trabajo diario era muy parecido; territorial, de base, junto a organizaciones sociales. Y nos encontramos de cara a las elecciones de la FECH sin una alternativa de carácter estratégico que empatara con nuestra visión, diferente a la de la izquierda convencional. Como nunca antes, los estudiantes están empoderados. No es responsable soslayar esta posibilidad histórica. Resulta preciso ‘tirarse a la piscina’ para transformar la institucionalidad estudiantil vigente.”

“EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL ES UN RESULTADO HISTÓRICO”

-¿Qué evaluación hacen del movimiento de este año que termina, en el medio vaso lleno y en el medio vaso vacío?

“No conseguimos los objetivos que habíamos comprometido en la movilización. No logramos la educación gratuita y la desmunicipalización de la enseñanza escolar no está resolviéndose como lo demandan los jóvenes. Sin embargo, lo vivido y lo luchado es incomparable con procesos sociales anteriores. Hubo objetivamente un acompañamiento ampliado de la sociedad a través de protestas concretas, como los ‘caceroleos’ y las marchas nocturnas en un sinnúmero de comunas de todo Chile. Existe un avance tangible del movimiento social. Ahora bien, nosotros estimamos que el movimiento no ha terminado. Los estudiantes no se fueron ‘para la casa’. Ya existe una fuerza para enfrentar un nuevo ciclo de lucha en la calle, incorporando a los estudiantes de la enseñanza técnica, los institutos profesionales. ¿Cómo los integraremos a la Confederación de Universidades de Chile? Y los estudiantes ya están en condiciones de ser parte sustantiva de un eventual movimiento popular general. Y no sólo por lo que ha ocurrido estos meses. En rigor hay un largo trabajo anterior sin el cual era imposible lo acontecido. Es decir, el movimiento estudiantil es un producto de acumulación de fuerzas, es un resultado histórico.”

-¿Qué rol le asignas a los trabajadores?

“Si no   paralizan los sectores económicos estratégicos, como los portuarios, los forestales, los mineros del cobre, el comercio, el retailer, la banca, simplemente los estudiantes no podemos ganar.”

-¿Y los estudiantes de secundaria?

“El gobierno se ha ensañado con los escolares. Han sido los más duramente reprimidos por un lado, y políticamente el Ejecutivo ha adoptado una ofensiva privatizadora y cerrado establecimientos municipalizados, por otro. Aquí urge la alianza y la solidaridad más férrea y concreta.”

Nota de periodista: En pos de la unidad, se están realizando gestiones para   entrevistar a candidatos de otras listas que representen las demandas originales del movimiento estudiantil chileno.

Noviembre 26 de 2011

Anuncios

Pafletos repartidos en las Jornadas de Protesta en Valparaiso

colaboracion solidaria

¡De la Lucha Estudiantil a la Lucha de Clases!¡De la movilizacion a la Revolucion!

“Estamos tocando a tu puerta, esto va a comenzar: Es la lucha de clases”

(The Apostles – Pigs for slaghter)

Son millones l@s proletari@s que con desición y sin permiso alguno salen a las calles a enfrentar el mundo que los domina. Aunque las razones varíen de forma y color, los estallidos se multiplican por el ancho y largo del mundo, la revuelta toma forma y se dirige directamente a destruir todo aquello que represente nuestra subyugación a este mundo de mercancías.

L@s charlatanes de siempre – la prensa oficial y “alternativa” – tratan ilusamente de disfrazar el carácter antagónico y general de la revuelta. Nos dicen que en medio oriente las luchas son religiosas o contra ciertos dictadores y tiranos; que en Grecia, Inglaterra y el resto de Europa se trata de jóvenes inmigrantes y marginad@s afectad@s por el desempleo y la crisis; aquí mismo hablándonos de delincuentes e infiltrad@s -“inútiles subversiv@s”- que desvirtúan y empañan la causa estudiantil. L@s poderos@s persisten en hacernos pensar que entre una lucha y otra no hay horizonte común, que entre un país y otro no hay explotador@s es común y que solo la vía pacifica es la forma de expresar el descontento “democráticamente” (disociando de esta forma violencia y no-violencia, partes integrales de toda lucha). La estrategia del poder es la de hacernos asumir este discurso y llevarlo a la practica en nuestras propias movilizaciones, separándonos nosotr@s mism@s de la lucha de nuestr@s herman@s de clase. La estrategia del poder radica en negar lo máximo su realidad total, social y mundial y por ende su negación histórica: La vieja LUCHA DE CLASES.

Aun así la práctica nos demuestra todo lo contrario a lo que nos dicen: Es la misma causa apuntando a l@s mism@s enemig@s; son l@s proletari@s empujad@s por la irreconciabilidad entre sus necesidades y deseos contra la necesidad avasalladora del mercado por lucrar con todo vestigio de vida a cualquier costo. Son las manifestaciones de la opresión burguesa las que están siendo atacadas al rededor del mundo: policías, comisarías y cárceles; multitiendas, bancos y empresas; instituciones del poder burgués y de sus partidos políticos. Aunque la causa que rebalse el vaso sea distinta en cada lugar (reivindicaciones estudiantiles, la muerte de un joven en manos de la policía, estados dictatoriales, etc.) la historia es la misma en todos lados: son l@s proletari@s hart@s de su realidad y de los llamados a la calma y la paciencia quienes toman las calles y arremeten contra todo símbolo de su miseria.

Hoy esta es también nuestra realidad local, la causa estudiantil a sobrepasado toda parcializacion e intento de apagar la rabia de las calles: el olor a lacrimógena se siente, las consignas aunque aun débiles se leen en las murallas y tomas, las piedras y vidrios se ven tras los enfrentamientos y quizás lo mas importante: la discusión se retoma en las calles, nadie esta indiferente a las movilizaciones.

Son cada vez mas quienes rompen con el discurso inmovilizante de la prensa y el poder, para salir a exigir lo que se considera propio; he ahí las principales fuerzas y debilidades del movimiento. Su fuerza es la de seguir en pie, sin dar brazo a torcer, a pesar de los costos, en sus reivindicaciones y exigencias; al entender que la lucha es la que puede cambiar las condiciones materiales de nuestra existencia y no la actividad fúnebre/ciudadana del voto, la apatía y la delegación. Su fuerza es la de la clase proletaria alrededor del mundo que ya no tiene nada que creer, ni nada que pactar con la clase que la explota. Aun así, son las debilidades las que siguen tiñendo de amarillo los avances del movimiento: su exceso de confianza (cuando solo la confianza ya es desastrosa) en la estructura institucional, en el Estado como regulador de los excesos del empresariado, en el mito interclasista del ascenso social y de la vía universitaria como forma de mejorar las condiciones de subsistencia. Estas son las principales debilidades del movimiento estudiantil, pero que son herencia de todo el viejo discurso socialdemócrata que se pretende revolucionario. Los jóvenes que hoy salimos a las calles hemos crecido con la mentira de una Unidad Popular que con nacionalizaciones y estatificaciones lo único que hizo fue sepultar el intento revolucionario de una clase social entera por cambiar el rumbo de la historia.

¿Acaso se piensa que una sociedad completa basada en el mercado nos va a educar para algo que no sea ser mercancías más rentables? ¿Acaso se piensa que con educación gratis o con mejores condiciones en los colegios seremos algo distinto de lo que ya somos ahora, es decir, material dispuesto para la creación de la riqueza de otros?

Compañer@s, aprendamos de nuestros herman@s ingles@s, aunque ahí el Estado cubre educación, salud y desempleo, la miseria no escapa a la vida de l@s proletari@s y su revuelta lo demuestra a todas luces. Profesionales o no, educad@s por municipios, particulares o por el Estado, llegada la hora seremos la misma mierda que llevamos siendo por siglos: Asalariad@s, con el único derecho de recibir lo indispensable para seguir siéndolo.

Compas, hoy l@s “dirigentes estudiantiles” evalúan el dialogo con el gobierno (¡como si no llevasen dialogando ya desde meses mediante l@s representantes de sus partidos!) poco a poco intentan hacer que nuestra lucha se encuadre dentro de los canones que nos permiten nuestr@s patron@s y gobernantes, llamándonos a la calma, a no radicalizarnos, a volver a la normalidad, a denunciar a l@s infiltrad@s, etc… Debemos romper con ell@s y también con el aislamiento como “lucha estudiantil”.

Compañer@s, el llamado es a no decaer, a seguir y superar la movilización, pasar del conflicto estudiantil al conflicto como clase relacionándonos con otros sectores en lucha. Lo mas probable es que las exigencias como estudiantado no se vean realizadas por las nuevas reformas (¡ningún cambio real se logra con reformas!), aun así, no nos decepcionemos de la lucha, se ha ido demasiado lejos como para que las reivindicaciones sean acogidas por cualquier gobierno. Si se ha denunciado el lucro en la educación, seamos capaces de denunciarlo en todas las áreas de nuestras vidas, como condición indispensable para la vida del capitalismo.

Nuestra lucha es una lucha histórica y mundial, por ella han pasado generaciones asesinadas y encarceladas, pero que nos acompañan hoy en todo enfrentamiento con el orden. Aprendamos de ellas y de las que hoy luchan por todo el planeta, reconozcámonos como parte de una misma clase y avancemos así hacia un real cambio social. Rompamos con la mentira de los medios de comunicación, de los partidos y sus representantes; su mentira es la única forma de mantenernos cautiv@s, dividid@s e incapaces de tomar protagonismo en la historia.

Expandamos el dialogo y la discusión, mantengamos y multipliquemos los contactos y las redes aun acabándose las movilizaciones, creemos nuestros propios medios de comunicarnos al margen de los del poder y el espectáculo, cuestionémonos sobre fondo y forma, descubramos los caminos para tomar con nuestras manos el rumbo de nuestras vidas, aboliendo el Estado, sus instituciones, el trabajo asalariado, el lucro y la sociedad de clases, condición indispensable para la vida libre en comunidad.

CONTRA EL LUCRO SOBRE NUESTRAS VIDAS: REVOLUCION PROLETARIA, INTERNACIONALISTA Y ANTI-ESTATAL.

*** ** ****** *

¡Fin al Lucro! ¡Guerra a la Burguesia!

¿Acaso se piensa que una sociedad completa basada en el mercado nos va a educar para algo que no sea ser mercancias mas rentables? ¿Acaso se piensa que con educación gratis o con mejores condiciones en los colegios seremos algo distinto de lo que ya somos ahora, es decir, material dispuesto para la creacion de la riqueza de otros

El lucro no es “algo” que se pueda eliminar de una area especifica de la sociedad capitalista, sino una condicion indispensable para su funcionamiento

¡Y ESTA EN TODAS LAS AREAS DE NUESTRAS VIDAS!

- En la alimentacion cuando nos llenan de productos toxicos solo para reducir gastos y elevar la ganancia de los productos.

- En nuestro tiempo cuando este esta completamente condicionado por nuestras actividades laborales y el consumo.

- En la salud cuando los bolsillos de doctores y banqueros se llenan a medida que se llenan los hospitales y cementerios.

– En la vivienda cuando nuestros hogares se parecen cada vez mas a ratoneras solo para sacar el maximo de casas por un minimo espacio.

- En la diversion cuando el dinero es el principal mediador de toda actividad recreativa. Desde que nacemos hasta despues de morir, desde que despertamos hasta que nos acostamos, toda nuestra existencia esta totalmente condicionada por el trabajo y el consumo ¡por el lucro que le generamos l@s proleteri@s a la burguesia!

Para eliminar el lucro de nuestra realidad debemos partir por entender su funcionamiento y su implicancia en el desarrollo de la sociedad, reconocerlo como motor de la explotacion total de la clase dominante sobre l@s proletari@s, l@s animales, el medioambiente ¡y todo aquello que le genere ganancias!

Bakunin era, innegablemente y al margen de lo que se piense sobre sus ideas políticas, un gran filósofo. Su pensamiento se agiganta con el paso del tiempo y merece la pena indagar en él, cuestionando con ello gran parte de nuestra herencia cultural, tratando de adquirir una mayor lucidez sobre nuestro entorno y alejándonos de todo dogmatismo. Esa herencia cultural, que nos hace tener tantas ideas preconcebidas, se encuentra impregnada de creencias sobrenaturales interiorizadas en la mayor parte de los individuos, como es el caso de la denominada “voluntad libre”, o de fantasías como la buscar en el ser humano una especie de toque divino que le llevará a la inmortalidad. Aunque chirríe para una mayoría, hablar de que el hombre esté en realidad determinado, la realidad es que hay que tener en cuenta todos los factores, políticos, religiosos y sociales, así como las condiciones materiales de existencia, que innegablemente condicionan nuestro pensamiento y nuestra existencia. Es posible que existen personas que quieran una verdadera independencia, y que actúen en consonancia, pero la realidad es que una amplia mayoría se muestra determinada por innumerables relaciones de todo tipo, por los prejuicios, las costumbres, y todo aquello que se manifiesta en la sociedad donde nacen, además de por el innegable legado cultural producto de siglos de historia.

Como el mismo pensador ruso escribía, “la mayoría piensa y quiere de acuerdo con las pautas sociales establecidas”. No se habla ya de personas (supuestamente) ignorantes, también aquellos que presumen de tener una formación elevada están condicionados por el pensamiento y el deseo del mundo circundante. Aunque tenemos la fantasía de un pensamiento independiente, la realidad es que la mayor parte de la veces reproducimos, de manera rutinaria y subordinada, lo que otros quieren y piensan. Bakunin consideraba que era esta rutina, esta falta de criterio y de iniciativa, lo que imposibilitaba un progreso rápido en la humanidad. Si existe una manera de conquistar la libertad y la conciencia, la auténtica emancipación, solo puede hacerse en sociedad. El hombre solo es capaz de desarrollar su personalidad, en aras de realizar su libertad individual, gracias al trabajo y con la cooperación del resto de miembros de la sociedad. La sociedad no supone, en la filosofía bakuniana, una reducción ni una limitación de la libertad del ser humano, sino la posibilidad de alcanzar la emancipación. Ésta, solo puede encontrarse al final, como objetivo y hecho logrado, nunca como concepto apriorístico.

Bakunin critica a Rousseau, y a otros pensadores individualistas y liberales, cuando hablan de un contrato tácito en el que el hombre se ata de antemano, cuando ni siquiera posee pensamiento ni voluntad, para fundar la sociedad. Es la premisa que justifica el Estado, que solo puede ser vista como símbolo de un estado natural primigenio en el que los individuos, supuestamente libres, aislados y autosuficientes, deciden firmar un contrato para renunciar a ciertas libertades en beneficio de crear una sociedad (o, más bien, un Estado) para asegurar su protección. Todas las leyes políticas y jurídicas, promulgadas por algún cuerpo legislativo, se deducen de esta idea del contrato social. Como es sabido, Bakunin y el anarquismo consideran que el Estado, nacido de esa fantasía de una voluntad libre y consciente del hombre (en su versión liberal, ya que el absolutismo político se funda en la voluntad divina), supone la negación de la sociedad. En suma, se niega que la sociedad solo se produzca después de la firma de un supuesto contrato entre individuos libres y conscientes. La sociedad precede a todo pensamiento, conciencia y voluntad de cada uno de sus miembros.

En la sociedad humana, al igual que en el resto de la naturaleza, todo cuanto en ella ocurre tiene como condición categórica la interferencia en alguna existencia. La absoluta independencia es imposible, ya que ello supondría la desaparición de la sociedad, cada uno de nosotros es a la vez producto y productor de una serie de relaciones mutuas con el resto de individuos. Es por eso que Bakunin considera la libertad como el efecto continuamente renovado de esa gran masa de influencia físicas, intelectuales y morales a las que está sometido el hombre por el entorno. Solo idealistas y metafísicos pueden aceptar que existe una independencia de esa realidad, la cual es definida por el pensador ruso como pura y simple no-existencia. Lo que desea Bakunin, y los anarquistas, lejos de negar todas esas dependencias sociales, es negar todo privilegio en ellas, toda influencia fáctica legitimada. Por lo tanto, no se niegan las leyes fundadas en la sociedad, pero sí todas aquellas leyes autoritarias, arbitrarias, políticas, religiosas y civiles que han llevado a cabo las clases privilegiadas en nombre de una moralidad ficticia.

Bakunin considera que la voluntad humana está sujeta a esa influencia del medio, o leyes naturales, pero al mismo tiempo es deseable una independencia, tan absoluta como sea posible, de cada individuo respecto a las pretensiones de gobierno de otros (es decir, de imposición de leyes arbitrarias). No es posible subvertir la influencia natural que los seres humanos ejercen entre sí, a nivel material, moral e intelectual, algo que podemos denominar solidaridad. Si hablamos de una vida ajena a la sociedad y extraña a toda influencia humana, es decir del absoluto aislamiento, ello equivale a la muerte intelectual, moral y material. Frente a otras concepciones individualistas, el pensamiento de Bakunin considera que es la solidaridad la que da lugar a la individualidad, y no al revés. Cada personalidad humana adquiere un elevado desarrollo, únicamente, en sociedad. Los intereses individuales y los sociales no tienen que ser antagónicos, lo que sí hay que hacer es liberarlos de la influencia fáctica de minorías privilegiadas y de toda aquella herencia cultural que impide el desarrollo de la conciencia.

Capì Vidal
http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com/
 
 

 

Apoyo Mutuo

La burocracia sindical es parte del sistema de dominación a la que estamos sometidos los trabajadores, cumple la función de ser una pieza importante del capitalismo en estos nuevos tiempos, y se ha transformado en su “agente”, jugando el papel de policía ideológicaen el movimiento obrero organizado. Tiene como prioridad la tarea de adormecer la conciencia de los trabajadores. Su lógica radica en que nuestras luchas económicas no se transformen en una demanda y en un proceso de profundos cambios sociales.

El movimiento obrero organizado está sometido a sus prácticas organizativas piramidales y corporativas, donde los “liderazgos” dan el carácter y la orientación de sus estructuras. Los sindicatos son hoy un sistema feudal de poder, que usan a  los trabajadores para perpetuar a dirigentes en las conducciones y atarnos a los intereses de la  lucha política de éstos y  a la práctica  de  la  conciliación  de clase entre patrones y obreros. Son organizaciones jerarquizadas, donde se desarrollan en su seno luchas para disputarse el espacio de poder dentro de sus estructuras. Por supuesto que esto nada tiene que ver con los intereses de la clase trabajadora y sus necesidades.

Los sindicatos que “conduce” la burocracia están estructurados sobre la base de una concepción ideológica carcelaria, donde cada sector de la actividad sindical son compartimentos estancos y en cada uno de ellos tienen sus propios y hasta “privados negocios” con las patronales. Sus políticas son sumisas a la dependencia del Estado y arreglan los conflictos laborales en las trastiendas de los ministerios, fundamentalmente en el de Trabajo. Todas sus actividades tienen como “filosofía”: mejorar el sistema o “humanizar” al capitalismo, con la intencional idea de no cambiar nada.

Los sindicatos, en estos tiempos, son una estructura de negocios amparados por el Estado, que a través de las obras sociales tienen prendado a los trabajadores al sistema de una medicina semi prepagas, embolsando para sus arcas enormes masas de dinero. El sistema de atención solidario a los trabajadores activos y jubilados ha sucumbido frente al negocio de los dirigentes con los laboratorios medicinales y el Estado.

Otra manera de hacer gremialismo

Los trabajadores organizados desde los talleres y fábricas, debemos de contrarrestar con nuestras prácticas y acción anti-burocrática sus políticas autoritarias y demostrar que existe otra forma de hacer gremialismo, que existen otros métodos de organización y de lucha, y que para hacer actividad y acción gremial, no es necesario pedir el voto de ningún trabajador, que sólo se requiere voluntad e intencionalidad de hacer uso de otras prácticas, de otros métodos organizativos, donde sea el conjunto de los trabajadores desde las bases mismas los que ejecuten esas otras formas de prácticas colectivas, siendo las asambleas la fuente de inspiración y de todo principio. Nuestra actitud siempre estará orientada a ayudar a construir organizaciones de base con capacidad de lucha, propagar nuestras ideas organizativas sobre la base de la horizontalidad y la ayuda mutua, y demostrar a nuestros compañeros de trabajo en el terreno de los hechos, que se puede estar organizados sin dirigentes que nos digan qué es lo que debemos hacer y cómo debemos luchar.

La experiencia como herramienta

Y no olvidamos, que los trabajadores sólo con la lucha alcanzaremos a romper las cadenas que nos sujeta a la explotación, es por eso que cada uno de nosotros debe transformarse en  un organizador, en un propagandista y activista de un modo y metodología basada fundamentalmente sobre la coherencia de los medios con los fines, entendido como voluntad de adecuar los medios a los fines determinados. Toda la práctica y con ello la experiencia del pasado será siempre útil en esta lucha dentro del movimiento obrero organizado y en el seno de la clase trabajadora. En estos tiempos donde la crisis del capitalismo se está manifestando como una especie de mutación, y su sustentabilidad se basa cada vez más en una mayor profundización de la explotación de los trabajadores. El movimiento obrero necesita idear y proclamar un proyecto revolucionario que sea capaz de nuclear a grandes sectores de trabajadores y de excluidos, para enfrentar con nuestras luchas al sistema capitalista de explotación y dominación.

Grandes masas de trabajadores y pueblos segregados y sometidos son víctimas de los ensayos irracionales de las clases que sustentan la dictadura capitalista, y es por esa razón que se hace necesario construir nuevas formas de organización y por ende nuevos hábitos y costumbres que estén a tono y sean contestatarias a las agresiones de la burguesía patronal, contrarrestando su irracionalidad con un nuevo accionar, nacido desde las necesidades de los trabajadores como productores y consumidores, que tenga la voluntad de cambiar el capitalismo por nuevas formaciones sociales y nuevas relaciones de producción.

Nuevos tiempos

Los tiempos nos determinan las realidades, y debemos reconocerlas, para luego tratar de cambiarlas en beneficio de los trabajadores. Actuar organizadamente siempre en el lugar en que estemos, talleres y fábricas, conformando comisiones internas y estimulando agrupaciones de base con el claro propósito de fortalecer nuestras luchas contra las patronales. Las realidades que el presente nos depare, debemos de asumirla y enfrentarlas organizadamente, haciendo todos los esfuerzos necesarios que las situaciones nos aconsejen, para llevar a la victoria las luchas de los trabajadores.

Con estas actitudes iremos aislando cada vez más a la burocracia sindical. Y es en ése aspecto que debemos dar la batalla de ideas frente a los dirigentes autoritarios y corruptos, basándonos en ése otro gremialismo que arranca desde las bases, con nuestras convicciones de medios y de fines y tratar de convencer a nuestros compañeros en organizarse y luchar, y que esas formas se basen en la libertad de acción, en la igualdad sobre las responsabilidades, en la solidaridad y la ayuda mutua como deber hacia la comunidad. He ahí nuestra carta de presentación y nuestra moral de combate. Debemos organizarnos para poder dar con mayor eficacia una salida triunfal a nuestras luchas. No dejemos el espacio vacío, llenémoslo de actividad de base en el terreno útil de fábricas y talleres, de lo contrario, los burócratas y sus pandillas, más los “oportunistas” y “vanguardistas” de todos los colores se adueñarán del espacio y harán fracasar nuestras intenciones de conquistas económicas y sociales, y nuestro no oculto anhelo de desarrollar un proyecto social autogestionario sobre la base de la posesión de los medios de producción y distribución expropiados a la burguesía capitalista.

Nosotros, desde la Sociedad de Resistencia de Oficios Varios de Zona Norte del Gran Buenos Aires, no conformamos “listas” para disputarle a la burocracia la “conducción” de la superestructura de los sindicatos, no la queremos, pues, no tenemos vocación de dirigir a nadie, ni anhelamos el poder de las cúpulas sindicales; pero esta concepción que tenemos del gremialismo no quita, sin ser ingenuos, que les dejemos el terreno libre a los que sí quieren encadenar a los trabajadores al sistema de dominación patronal-capitalista.

Expropiación

Nosotros no luchamos para conquistar las conducciones burocráticas de los sindicatos, nosotros luchamos por las conquistas económicas de los trabajadores, y en un momento dado de esas luchas económicas expropiar a los patrones sus fábricas. Luchamos para que la clase trabajadora posea un proyecto revolucionario y cambie a la sociedad de base, dando nacimiento a una nueva formación social autogestionaria, donde el federalismo sea el nervio motor que aune por abajo todas las comunas donde el pueblo sea el que delibere directamente y no a través de sus representantes.

En estos tiempos que estamos viviendo y teniendo en cuenta la realidad de la clase trabajadora, es necesaria la palabra y el activismo valiente de nuestros compañeros de ideas en el seno mismo de nuestra clase. Será siempre mejor “pecar” de desobedientes frente a un sindicalismo que se ha transformado en negocio de los nuevos empresarios que se dicen dirigentes sindicales, y que son un eslabón más de la cadena que nos ata a esta moderna esclavitud, que es la dictadura capitalista. Y hoy como siempre hemos dicho desde la F.O.R.A., que la “emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”.

Para nosotros, trabajadores que adherimos a la Federación Obrera Regional Argentina, y somos sus activistas y militantes, nuestro parlamento continúa estando en las calles, en las fábricas y talleres y en todos los lugares y ambientes donde exista un explotado. Nuestro Pacto de Solidaridad y Sistema de Organización nos viene desde el fondo de la historia del movimiento obrero y la clase trabajadora y encaminaremos todos nuestros esfuerzos hacia nuestros fines de emancipación. Es por eso que valiéndonos como medio a nuestras Sociedades de Resistencia, procediendo de lo simple a lo compuesto, de lo singular a lo plural y ajustándonos a las prácticas que aconseja el más amplio federalismo, como enuncia nuestro Pacto de Solidaridad, podamos formar una gran Confederación de todos los productores y como hijos del pueblo nuestro compromiso militante es sólo con él y los trabajadores. Luchemos organizados y unidos en la acción y la razón para desterrar definitivamente de las organizaciones gremiales a todos los elementos burocráticos amparados en las sombras de un sistema capitalista depredador e irracional. La burocracia sindical fue creada para ejercer el poder y el dominio inmediato sobre los trabajadores, sin dominio se desmorona su poder.

Campi, activista y militante de la Sociedad de Resistencia
de la Zona Norte del Gran Buenos Aires, adherida a la F.O.R.A.
 

ManifestaciónUn intento de ensayo de ideas asociadas hacia una finalidad emancipadora, contribuyendo a construir una nueva sociología organizativa y hacia la construcción de una sociedad igualitaria, donde el sentir y la razón transiten por un mismo camino, fundamentando su morada en la libertad y la ayuda mutua.

Sociología académica o sociología militante, ¿esa es la cuestión? ¿Por qué esa dicotomía? ¿Por qué ese salto? ¿Será ésta una nueva aporía? ¿Por qué no una sociología trascendental? Siempre será saludable preguntarse, porque la pregunta nos concentra en el problema, nos hace atender la cuestión y nos puntualiza lo que pretendemos abordar.

La pregunta es la duda, pero a su vez es el impulso que nos conmueve. Sin preguntas el conocimiento no se descubre, no se percata, no se obtiene. Ella es la incitación a conocer lo que está oculto o re-cubierto, lo que no se deja ver, es en consecuencia la intencionalidad indagadora que despierta la investigación. Nos asocia, no sólo al problema, sino al colectivo.

¿Por qué no podemos pensar en una sociología que trascienda el interrogante? Que trascienda como conocimiento mancomunado hacia el espacio del hacer. ¿Por qué no pensar en una sociología que no habilite la separación entre lo académico y lo práctico? ¿Por qué no re-pensar la ecuación teórico-práctico en vez de teórico y práctico?

Y no se trata de “encontrar síntesis” entre lo uno y lo otro, se trata de trascender a partir de lo presencial y allanar la construcción del conocimiento desde lo colectivo, que se manifiesta como un todo dentro de otro todo y que actúa desde la inmanencia de los hechos.

Reafirmo: teoría-práctica desde la inmanencia de los hechos, eso es lo presencial, la posesión del espacio intermedio. Sólo la presencia logra abolir, disipar, esa artificialidad desconstructora, ese invento de la “razón pura”. El “ser ahí”, “el estar ahí”, “el contemplar ahí”, instaura una fenomenal percepción teórico-práctico y sintetiza la distancia ilusoria, intencionalmente caprichosa de la “razón pura”.

La (y) divisoria es la “trampa”, es el espejismo de la razón. La idea no es condensar todas esas vivencias-fuerza que la presencia acumula, sino mantenerlas libres de distorsiones para que interactúen realidad y razón. Sociología presencial es mucho más que un adjetivo semántico, es coproducir conocimiento con el conjunto y desde el conjunto. Es por ello que la sociología presencial está vinculada estrechamente a la coproducción de conocimiento.

Reconocerse en el otro, es vernos nosotros mismos con otros rostros, es comenzar a edificar una nueva utopía, que programada en el tiempo, se hace realizable. Es asociar lo que está disperso, es conquistar lo que se nos niega, es construir herramientas culturales que nos permita crecer en conocimientos y hacer del tiempo una creación constante e infinita. La sociología presencial, es en definitiva una idea-fuerza capaz de aglutinar sueños, esperanzas y viabilidad de proyectos, de ingenios, que tengan utilidad real en la corta vida humana.

Alberto Bialakowsky, a mi entender ha dado en el clavo y ha centralizado dicha problemática entre una sociología académica y otra militante, cuando me expresa en una reciente misiva: “. . . mi propuesta de sociología presencial, superando, intentando  superar esta dicotomía trágica y mortífera, entre la sociología académica y la sociología militantes”. Aquí Alberto expresa su angustia, por no haberse superado esa dicotomía trágica y mortífera que nos acerca nuevamente a falsas conclusiones. Es un intento de despegar de esas concepciones basadas en actos grandilocuentes y palabrerías altisonantes, olvidando las enseñanzas de la historia. Él encontró la “palabra”, pero para llegar a ella, recordó antes los hechos de la historia, que le dieron lugar a forjar una nueva concepción, más allá de la semántica.

La sociología presencial expresa el compromiso activo, el estar ahí junto a los otros, (mejor que el militante, dije mejor, que no quiere decir denostar), porque no pide nada a cambio, promueve ideas, debates, es una conciencia libertaria a los cepos, fantasmas y tabúes y desobediente a las imposiciones y ataduras, a la regimentación de la vida, es la acción que promueve movimientos y nunca se conforma y da por perdido nada.

Campi – Activista y militante de la Federación Obrera Regional Argentina – F.O.R.A. Zona Norte del Gran Buenos Aires

_________________________________

Declaración del Encuentro Internacional “Mujeres Sujetas Políticas: fortaleciéndose para la transformación”. MMM

30 de octubre de 2011.

Declaración del Encuentro de la Marcha Mundial de las Mujeres de Paraguay, Argentina, Chile y Brasil, en Asunción, Paraguay, los días 25, 26 y 27 de octubre.
Nosotras de la Marcha Mundial de las Mujeres de Paraguay, Argentina, Chile y Brasil reunidas en Asunción, Paraguay, los días 25,26 y 27 de octubre, en *el Encuentro Internacional “Mujeres Sujetas Políticas: fortaleciéndose para la transformación”CONDENAMOS *la declaración de Estado de excepción en la zona norte del Paraguay así como demás medidas de criminalización de la protesta en nuestra región.
La región está viviendo la expansión de un modelo de seguridad, basado en la militarización total de los espacios de convivencia.
Esta Militarización se basa en la instalación de bases militares por todo el continente, el aumento en los presupuestos para las fuerzas militares, la compra de armamentos y equipos para la guerra, la aprobación de leyes de tipo represivo, esto combinado con la aplicación de programas de tipo “social” que aprovechan de la ausencia de políticas sociales estables para legitimar la presencia y la actuación de las milicias.
Al mismo tiempo este tipo “ayudas sociales” han sido utilizadas para desmovilizar a los sectores populares con amenazas de que se van a dejar de dar si alzan sus voces de protesta.
En América Latina este modelo de militarización se fortalece con la aplicación del Plan Colombia y está directamente ligado al funcionamiento del modelo de desarrollo económico vigente de tipo extractivista, en el que se saquean nuestros bienes naturales como el agua, las tierras, los minerales, el petróleo y todo lo que les genere ganancia, para la instalación de multinacionales que se aprovechan estos bienes, ocasionando grandes perjuicios sociales y ambientales.
En nuestros países la militarización se evidencia no solo con el aumento de tropas, sino con la criminalización de las luchas populares y de las organizaciones sociales que se organizan para defender sus derechos. También busca generar una cultura del miedo y de desconfianza hacia el otro y la otra en nuestras relaciones cotidianas.
Nosotras las mujeres conocemos la violencia sexista utilizada como arma de guerra, para desestabilizar nuestras comunidades, para colonizar nuestros cuerpos a la vez que nuestros territorios.
*RESISTIMOS *a la instrumentalización de nuestro trabajo y de nuestras vidas para instalar la militarización en nuestros pueblos.
*RECHAZAMOS *el falso discurso de que necesitamos ser protegidas por hombres con armas, en la realidad sigue la violencia domestica, la impunidad, la desaparición de niñas para la trata y la prostitución, los feminicidios, aún más frecuentes en las zonas militarizadas.
Nos *PREOCUPA *la situación actual en Concepción y San Pedro, donde la violencia intimidatoria y la desinformación producidas por los medios de comunicación empresariales están provocando la expulsión de varias familias, su aislamiento y atemorización. La situación se siente también en las demás regiones con la estigmatización de las organizaciones sociales, sobretodo campesinas e indígenas, con objetivo de callar las voces y el pensamiento autónomo de los y las que defendemos la soberanía de los pueblos.
Nos *SOLIDARIZAMOS *con nuestras compañeras que viven y luchan en estas regiones y amplificaremos su voz en todo el mundo.
*DENUNCIAMOS *la acción de la policía chilena, con la connivencia del gobierno nacional, en la represión a las movilizaciones estudiantiles; y en especial la represión a las mujeres jóvenes con agresiones y maltratos cuando fueron agarradas por los pelos o cuando han obligado a mujeres jóvenes de 14 a 16 años a desnudarse en la comisaria como si fuera un procedimiento “normal”. En todos nuestros países vivimos la criminalización de la pobreza y de las mujeres, como es la ofensiva contra las mujeres que recurren al aborto mientras no hay políticas que afrontan los altos índices de mortalidad materna.
También *VIVIMOS *la represión contra las luchadoras, el asesinato de campesinas y campesinos e indígenas que resisten a las políticas de saqueo del capitalismo extractivista, de las compañías mineras, la contaminación del ambiente y los agravios a la salud de las personas por la expansión de monocultivos como la soja transgénica, la ganadería y la caña de azúcar para la producción de agrocombustibles.
Nos *COMPROMETEMOS *a organizar acciones concertadas de denuncias y afirmación de alternativas, como a generar y difundir informaciones de lo que pasa en nuestra región, para que las voces de las mujeres que resisten cotidianamente al ataque de sus derechos sean escuchadas y que la solidaridad entre mujeres de todo el mundo se haga sentir. Reivindicamos el derecho a vivir una *vida libre violencia *y a promover una *cultura de paz*, donde la buena convivencia entre las personas sea uno de los principales valores de nuestras sociedades.
Estaremos en marcha hasta que todas seamos libres!!! MMM.
Fuente: Grup de Dones de la Marxa Mundial de Valencia


Proletarios internacionalistas.
30/10/2011.

La explosión de rabia que se constata en todo el mundo, no parte de ciudadanos jubilosamente indignados, respetuosos del estado de derecho, que se podrían permitir el lujo de la no violencia…, sino, bien por el contrario, de proletarios hartos de explotación y opresión, llenos de bronca y odio contra las condiciones de sobrevivencia, cada vez más insoportables, que nos impone el capitalismo.

¡No estamos indignados, impactados, sorprendidos…!

Lo que hoy queda en evidencia (y ya no es ninguna novedad) son horrores inherentes al sistema capitalista. Las recetas que impone la burguesía son las de ayer, hoy y siempre contra nosotros.

¡La continuidad del sistema actual sólo puede realizarse a expensas de nuestra clase!

¿Porqué indignarse de los excesos del capitalismo y no luchar contra el capitalismo mismo? ¿Porqué indignarse del enriquecimiento de los bancos y no cuestionar su existencia misma, dado que su objetivo es enriquecerse? ¿Cómo indignarse de las dificultades de nuestra clase social, sin poner en cuestión la existencia misma de clases sociales?

Pero tampoco estamos resignados

De manera global y general la correlación de fuerzas favorece a la burguesía que detenta los medios para continuar explotándonos, reprimiéndonos y desapareciéndonos. Sin embargo frente a la flagrante e inocultable incapacidad del sistema capitalista para disminuir la catástrofe que el mismo engendra y la consecuente agravación de todos los problemas humanos las revueltas proletarias se generalizan. Contra dichas revueltas, la burguesía utiliza toda su potencia y todos sus medios para cantonarlas en meros movimientos pacifistas, ciudadanistas, legalistas, apolíticos… buscando encerrarlas en el modelo “socialmente admitido”, en la democracia. Por el contrario nuestro objetivo es superar/reventar todos esos límites establecidos en los cuales quieren encerrar nuestro movimiento.

Estamos profundamente convencidos…

de que el futuro de la humanidad no se jugará en el terreno de las indignaciones multiformes, ni de las causas humanitarias, o los combates individuales…; sino por la conjunción de fuerzas que permitan eliminar este sistema mortífero. Los proletarios están forzados a destruir el capitalismo de raíz si no quieren que este destruya todo nuestro mundo.

¡Estamos en guerra de clases!

Todo lo que se quiere imponer como “indignados” (libros, plataformas, manifiestos, contenidos…) no representa para nada el movimiento de protesta generalizada contra el capitalismo, sino que es, por el contrario, un verdadero chaleco de fuerza que el capitalismo, la democracia quiere imponer para sujetar a los proletarios e impedir el verdadero movimiento y su desarrollo hasta la destrucción del capitalismo.

Rompamos con todos los límites “indignados”, ciudadanistas, democráticos…

REAFIRMEMOS LA GUERRA DE NUESTRA CLASE, PARA ELIMINAR POR COMPLETO EL SISTEMA SOCIAL BURGUÉS MUNDIAL.

www.hommodolars.org

 

 

 

Crisis sistémica y anarquismo revolucionario.

No sabemos con toda certeza si la crisis capitalista por la que atravesamos es de sobreproducción o no, lo que sí parece evidente es que hay una incontrolable sobreproducción de derivados financieros que el casino de las Bolsas no alcanza a procesar exprimiendo exclusivamente el trabajo de las masas, especialmente cuando la demanda va menguando debido precisamente a esa excesiva polución de papeles sin respaldo en la economía real. Quizá por eso mismo los neoliberales insisten en que las recetas keynesianas no son adecuadas para salir de la crisis. Parasitando sobre la economía real está la economía financiera y esto ya parece incontrolable como se puede ver en el caso de Grecia y, en general, en todos los países centrales del sistema-mundo.

Casos como el venezolano que algunos definen como un neokeynesianismo de izquierda requieren de un férreo control de las operaciones del casino: en Venezuela, por ejemplo, hay un estricto control de cambio –lo que ha impedido la masiva fuga de capitales- y se ha intervenido y se vigila a los Bancos como si se tratara de potenciales delincuentes (lo que no es desacertado), aparte de que Chávez ha golpeado a su propio entorno burocrático al intervenir y cerrar Bancos establecidos por sectores de la burocracia y apresado a banqueros bolivarianos simplemente porque se les detectó maniobras especulativas que trataban de reabrir el casino.

Desposeída del poder financiero especulativo la burocracia chavista no ha podido establecer alianzas sólidas ni con la burguesía nacional ni con la transnacional con lo cual su desarrollo histórico como clase dominante está trabado. Y a merced de las iniciativas populares en todos los escenarios. No será, pues, la continuación de Chávez como Presidente lo que impedirá a largo plazo que esa nueva clase devenga en dominante sino la iniciativa de las masas populares empleándose a fondo para consolidar posiciones y conquistar muchísimos más espacios mediante la autogestión obrera en alianza con la juventud y los estudiantes organizados. A decir verdad, esta es la garantía de que la contrarrevolución endógena al proceso bolivariano se evapore; no pueda aliarse con el escualidismo realmente existente ni con el capital transnacional, y este impedimento originado en la acción directa de las masas populares sólo puede ser quebrado por la guerra como las que acostumbra a implementar la mismísima OTAN.

Esta configuración esquematizada nos ilustra la dualidad del poder en la Venezuela actual. La serie de entidades que conforman el movimiento popular tiene una capacidad de movilización y presión que, por ahora, es reconocida por el poder político instituido como oba suya aunque en verdad es más obra de la dinámica revolucionaria misma que arranca desde 1989 (cuando se derrotó la versión radical del neoliberalismo), que se reimpulsa con las rebeliones de los jóvenes militares de 1992, que cobra más bríos con el golpe militar fallido de 2002 y el sabotaje petrolero subsiguiente, aunque, obviamente, el chavismo ha contribuido a su permanencia.

Mientras que la clase trabajadora y campesina, compuesta por obreros, empleados, pequeños propietarios del campo, marginales de los barrios populares del cinturón urbano del país, etc., conforma un bloque antisistémico más o menos homogéneo desde el punto de vista del poder popular, la clase media y la pequeña burguesía sólo puede ser incentivada mediante mecanismos de defensa y acceso de/a la propiedad privada, especialmente de la vivienda. De aquí que la nueva ley de arrendamientos venga a beneficiarlos, aunque algunos sectores se sienta desventajados ante su aprobación. Por eso la derecha hace campaña por la defensa de la propiedad y contra el comunismo como en lo tiempos cumbres de la Guerra Fría; entendiendo “la-propiedad-como-la- libertad” y “comunismo” como la presencia de cubanos en diversos sectores de la administración del país siguiendo los pactos del ALBA.

A su vez, la clase media o pequeña burguesía es poco proclive a aceptar el desmontaje de las desigualdades sociales más allá de las atenciones a la lucha contra el hambre y la pobreza, porque los valores de una sociedad desigual siguen teniendo un influjo cultural que no es fácilmente modificable por una propaganda o una lucha ideológica más o menos bien planificada en aras de un igualitarismo social que, aunque se pudiera admitir en el imaginario social. no se practica a la hora de los hechos, y esto requerirá un cambio radical (a decir verdad, una revolución) de la universidad, proveedora de las desigualdades sociales que dicen fundamentarse en la capacidad y el talento. Influjo al que juega con especial cinismo la cúpula de la Iglesia Católica.

La revolución bolivariana no ha llegado ni a las universidades autónomas ni a los cuarteles, con todo y aparentar o no que ha llegado a todo el país.  En los últimos doce años el juego de la democracia burguesa ha orillado terrenos muy candentes ante la opción de ganar elecciones. Hay que buscar las formas de darle un vuelco a esto, porque de las universidades reclutan las clases dominantes sus especialistas y de los cuarteles sus perros guardianes. Y, en la etapa actual, ciertamente, de momento son fuentes que nutren al gobierno bolivariano, especialmente los segundos antes que las primeras, pero tratándose de instituciones jerarquizadas y emanadoras del principio jerárquico en las sociedades de la modernidad líquida requerirían estar bajo el control del poder popular horizontalmente autogestionado por las trabajadoras y los trabajadores.

Mal podemos presagiar la “toma del poder” por el proletariado (entendido este como el conjunto de sectores de la población que producen la riqueza social con su trabajo) si el trabajo está a merced del casino financiero. Si no reinstitucionalizamos el trabajo como la fuente de toda riqueza, y esto deberá empezar por algún sitio para proyectarse a escala global –y no será precisamente en aquellas zonas en las cuales la precarización ha sustituido al trabajo e incrementado, por tanto, el poder de la clase dominante-. Y, curiosamente, dentro de las fronteras de una economía extractivista que depende del mercado global casi exclusivamente esa reinstitucionalización es casi imposible. Por eso la importancia que le damos a juntar saberes y poderes de pueblos diversos, por encima de las fronteras burguesas, entendiendo que la emancipación del proletariado sólo podrá ser internacional (por encima de las naciones).-

5/10/2011.

El_eco_de_los_pasos.

ORGANIZA CNT-AIT
9, 10 Y 11 DE DICIEMBRE 2011
LUGAR: Albergue Juvenil de San Fermín, Madrid.

A modo de introducción

CartelEl retroceso de la ilusión del estado como salvaguarda de unos mínimos nos devuelve a la realidad de hace más de un siglo cuando éramos las personas trabajadoras las que, aparte de producir para aquellos que detentaban el poder y el capital, proveíamos de lo imprescindible a los más cercanos (cuidados, alimentos, vivienda, vestido…) y, a través de fórmulas asociativas como sindicatos, cooperativas o sociedades de socorro, cajas de resistencia… encontrábamos respuesta a los servicios que iban más allá del ámbito vecinal: sanidad, auxilio social y educación.

Ya han pasado cuatro años desde que comenzara “la crisis”. Nosotros/as, clase trabajadora y ciudadanos/as estamos sufriendo especialmente los efectos de la desregulación, claudicación y desmovilización que han dado alas al capitalismo en su afán de mercantilizar todas las esferas de la economía. Una fuente inagotable de beneficios son nuestras necesidades más vitales. La burbuja hipotecaria -ese ciento y pico de endeudamiento familiar- explotó y se llevó por delante la ilusión de que podíamos vivir bien sin luchar por recuperar la plusvalía que el empresariado arranca de nuestro trabajo. La clase gestora (política, empresarial y burosindical) ha mostrado su cara más pusilánime sin respuestas ni migajas para repartir. Hay que recuperar parcelas abandonadas durante años de pacto social: nuestro futuro depende de ello. El camino ya ha sido transitado antes.

Recuperemos nuestra capacidad de producir y decidir, arrebatémosles la economía y construyámosla desde la plena igualdad, la cooperación y la autogestión para que este organizada por quienes producimos y orientada desde la racionalidad a atender nuestras aspiraciones y necesidades.

Hace 75 años nuestra meta se truncó. Levantemos la mirada, afiancemos el presente y olvidémonos de promesas vanas. Es nuestro momento.

Exposición de motivos

En su X Congreso Confederal (Córdoba, diciembre 2010/CeNTenario) la Confederación Nacional del Trabajo actualizó sus acuerdos sobre colectivismo y autogestión bajo el epígrafe Economía Alternativa, apostando por esta vía no solo para dar respuesta a las necesidades más apremiantes de la afiliación, sino como motor para el cambio social. Contamos con una buena infraestructura descentralizada, una red de solidaridad global y, lo más importante, un proyecto para la transformación integral de la economía fruto de la herencia de la memoria histórica de las colectividades y las colectivizaciones de industria y servicios. Y no vivimos del pasado seguimos creando proyectos, acumulando experiencias, investigando para crear las alternativas económicas para una sociedad sin clases ni estado, el comunismo libertario. En estas I Jornadas tendemos una mano al resto de los movimientos sociales para la interrelación y aprendizaje mutuo sobre las iniciativas por una economía alternativa y solidaria; con el fin de aportar, aprender y fortalecer entre todos/as las redes de economía alternativa y ayudarnos mutuamente al impulso de nuevos proyectos.

 

Secretaría de Acción Social | Comité Confederal CNT
Grupo de Trabajo de Economía Alternativa
social@cnt.es
638 201 990

http://www.cnt.es/conferencia-economia-alternativa


Esta obra, como todos los escritos que hasta la fecha he publicado, nació de los acontecimientos. Es la continuación natural de las Cartas a un francés, publicadas en septiembre de 1870, y en las cuales tuve el fácil y triste honor de prever y predecir las horribles desgracias que hieren hoy a Francia, y con ella, a todo el mundo civilizado; desgracias contra las que no había ni queda ahora más que un remedio: la revolución social.

Probar esta verdad, de aquí en adelante incontestable, por el desenvolvimiento histórico de la sociedad, y por los hechos mismos que se desarrollan bajo nuestros ojos en Europa, de modo que sea aceptada por todos los hombres de buena fe, por todos los investigadores sinceros de la verdad, y luego exponer francamente, sin reticencia, sin equívocos, los principios filosóficos tanto como los fines prácticos que constituyen, por decirlo así, el alma activa, la base y el fin de lo que llamamos la revolución social, es el objeto del presente trabajo.

La tarea que me impuse no es fácil, lo sé, y se me podría acusar de presunción si aportase a este trabajo una pretensión personal. Pero no hay tal cosa, puedo asegurarlo al lector. No soy ni un sabio ni un filósofo, ni siquiera un escritor de oficio. Escribí muy poco en mi vida y no lo hice nunca sino en caso de necesidad, y solamente cuando una convicción apasionada me forzaba a vencer mi repugnancia instintiva a manifestarme mediante mis escritos.

¿Qué soy yo, y qué me impulsa ahora a publicar este trabajo? Soy un buscador apasionado de la verdad y un enemigo no menos encarnizado de las ficciones perjudiciales de que el partido del orden, ese representante oficial, privilegiado e interesado de todas las ignominias religiosas, metafísicas, políticas, jurídicas, económicas y sociales, presentes y pasadas, pretende servirse hoy todavía para embrutecer y esclavizar al mundo. Soy un amante fanático de la libertad, considerándola como el único medio en el seno de la cual pueden desarrollarse y crecer la inteligencia, la dignidad y la dicha de los hombres; no de esa libertad formal, otorgada, medida y reglamentada por el Estado, mentira eterna y que en realidad no representa nunca nada más que el privilegio de unos pocos fundado sobre la esclavitud de todo el mundo; no de esa libertad individualista, egoísta, mezquina y ficticia, pregonada por la escuela de J. J. Rousseau, así como todas las demás escuelas del liberalismo burgués, que consideran el llamado derecho de todos, representado por el Estado, como el límite del derecho de cada uno, lo cual lleva necesariamente y siempre a la reducción del derecho de cada uno a cero. No, yo entiendo que la única libertad verdaderamente digna de este nombre, es la que consiste en el pleno desenvolvimiento de todas las facultades materiales, intelectuales y morales de cada individuo. Y es que la libertad, la auténtica, no reconoce otras restricciones que las propias de las leyes de nuestra propia naturaleza. Por lo que, hablando propiamente, la libertad no tiene restricciones, puesto que esas leyes no nos son impuestas por un legislador, sino que nos son inmanentes, inherentes, y constituyen la base misma de todo nuestro ser, y no pueden ser vistas como una limitante, sino más bien debemos considerarlas como las condiciones reales y la razón efectiva de nuestra libertad.

Yo me refiero a la libertad de cada uno que, lejos de agotarse frente a la libertad del otro, encuentra en ella su confirmación y su extensión hasta el infinito; la libertad ilimitada de cada uno por la libertad de todos, la libertad en la solidaridad, la libertad en la igualdad; la libertad triunfante sobre el principio de la fuerza bruta y del principio de autoridad que nunca ha sido otra cosa que la expresión ideal de esa fuerza; la libertad que, después de haber derribado todos los ídolos celestes y terrestres, fundará y organizará un mundo nuevo: el de la humanidad solidaria, sobre la ruina de todas la Iglesias y de todos los Estados.

Soy un partidario convencido de la igualdad económica y social, porque sé que fuera de esa igualdad, la libertad, la justicia, la dignidad humana, la moralidad y el bienestar de los individuos, lo mismo que la prosperidad de las naciones, no serán más que otras tantas mentiras. Pero, partidario incondicional de la libertad, esa condición primordial de la humanidad, pienso que la igualdad debe establecerse en el mundo por la organización espontánea del trabajo y de la propiedad colectiva de las asociaciones productoras libremente organizadas y federadas en las comunas, mas no por la acción suprema y tutelar del Estado.

Este es el punto que nos divide a los socialistas revolucionarios, de los comunistas autoritarios que defienden la iniciativa absoluta del Estado. El fin es el mismo, ya que ambos deseamos por igual la creación de un orden social nuevo, fundado únicamente sobre la organización del trabajo colectivo en condiciones económicas de irrestricta igualdad para todos, teniendo como base la posesión colectiva de los instrumentos de trabajo.

Ahora bien, los comunistas se imaginan que podrían llegar a eso por el desenvolvimiento y por la organización de la potencia política de las clases obreras, y principalmente del proletariado de las ciudades, con ayuda del radicalismo burgués, mientras que los socialistas revolucionarios, enemigos de toda ligazón y de toda alianza equívoca, pensamos que no se puede llegar a ese fin más que por el desenvolvimiento y la organización de la potencia no política sino social de las masas obreras, tanto de las ciudades como de los campos, comprendidos en ellas los hombres de buena voluntad de las clases superiores que, rompiendo con todo su pasado, quieran unirse francamente a ellas y acepten íntegramente su programa.

He ahí dos métodos diferentes. Los comunistas creen deber el organizar a las fuerzas obreras para posesionarse de la potencia política de los Estados. Los socialistas revolucionarios nos organizamos teniendo en cuenta su inevitable destrucción, o, si se quiere una palabra más cortés, teniendo en cuenta la liquidación de los Estados. Los comunistas son partidarios del principio y de la práctica de la autoridad, los socialistas revolucionarios no tenemos confianza más que en la libertad. Partidarios unos y otros de la ciencia que debe liquidar a la fe, los primeros quisieran imponerla y nosotros nos esforzamos en propagarla, a fin de que los grupos humanos, por ellos mismos se convenzan, se organicen y se federen de manera espontánea, libre; de abajo hacia arriba conforme a sus intereses reales, pero nunca siguiendo un plan trazado de antemano e impuesto a las masas ignorantes por algunas inteligencias superiores.

Los socialistas revolucionarios pensamos que hay mucha más razón práctica y espíritu en las aspiraciones instintivas y en las necesidades reales de las masas populares, que en la inteligencia profunda de todos esos doctores y tutores de la humanidad que, a tantas tentativas frustradas para hacerla feliz, pretenden añadir otro fracaso más. Los socialistas revolucionarios pensamos, al contrario, que la humanidad ya se ha dejado gobernar bastante tiempo, demasiado tiempo, y se ha convencido que la fuente de sus desgracias no reside en tal o cual forma de gobierno, sino en el principio y en el hecho mismo del gobierno, cualquiera que este sea.

Esta es, en fin, la contradicción que existe entre el comunismo científicamente desarrollado por la escuela alemana y aceptado en parte por los socialistas americanos e ingleses, y el socialismo revolucionario ampliamente desenvuelto y llevado hasta sus últimas consecuencias, por el proletariado de los países latinos.

El socialismo revolucionario llevó a cabo un intento práctico en la Comuna de París.

Soy un partidario de la Comuna de París, la que no obstante haber sido masacrada y sofocada en sangre por los verdugos de la reacción monárquica y clerical, no por eso ha dejado de hacerse más vivaz, más poderosa en la imaginación y en el corazón del proletariado de Europa; soy partidario de ella sobre todo porque ha sido una audaz negativa del Estado.

Es un hecho histórico el que esa negación del Estado se haya manifestado precisamente en Francia, que ha sido hasta ahora el país mas proclive a la centralización política; y que haya sido precisamente París, la cabeza y el creador histórico de esa gran civilización francesa, el que haya tomado la iniciativa. París, abdicando de su corona y proclamando con entusiasmo su propia decadencia para dar la libertad y la vida a Francia, a Europa, al mundo entero; París, afirmando nuevamente su potencia histórica de iniciativa al mostrar a todos los pueblos esclavos el único camino de emancipación y de salvación; París, que da un golpe mortal a las tradiciones políticas del radicalismo burgués y una base real al socialismo revolucionario; París, que merece de nuevo las maldiciones de todas las gentes reaccionarias de Francia y de Europa; París, que se envuelve en sus ruinas para dar un solemne desmentido a la reacción triunfante; que salva, con su desastre, el honor y el porvenir de Francia y demuestra a la humanidad que si bien la vida, la inteligencia y la fuerza moral se han retirado de las clases superiores, se conservaron enérgicas y llenas de porvenir en el proletariado; París, que inaugura la era nueva, la de la emancipación definitiva y completa de las masas populares y de su real solidaridad a través y a pesar de las fronteras de los Estados; París, que mata la propiedad y funda sobre sus ruinas la religión de la humanidad; París, que se proclama humanitario y ateo y reemplaza las funciones divinas por las grandes realidades de la vida social y la fe por la ciencia; las mentiras y las iniquidades de la moral religiosa, política y jurídica por los principios de la libertad, de la justicia, de la igualdad y de la fraternidad, fundamentos eternos de toda moral humana; París heroico y racional confirmando con su caída el inevitable destino de la humanidad transmitiéndolo mucho más enérgico y viviente a las generaciones venideras; París, inundado en la sangre de sus hijos más generosos. París, representación de la humanidad crucificada por la reacción internacional bajo la inspiración inmediata de todas las iglesias cristianas y del gran sacerdote de la iniquidad, el Papa. Pero la próxima revolución internacional y solidaria de los pueblos será la resurrección de París.

Tal es el verdadero sentido y tales las consecuencias bienhechoras e inmensas de los dos meses memorables de la existencia y de la caída imperecedera de la Comuna de París.

La Comuna de París ha durado demasiado poco tiempo y ha sido demasiado obstaculizada en su desenvolvimiento interior por la lucha mortal que debió sostener contra la reacción de Versalles, para que haya podido, no digo aplicar, sino elaborar teóricamente su programa socialista. Por lo demás, es preciso reconocerlo, la mayoría de los miembros de la Comuna no eran socialistas propiamente y, si se mostraron tales, es que fueron arrastrados invisiblemente por la fuerza irresistible de las cosas, por la naturaleza de su ambiente, por las necesidades de su posición y no por su convicción íntima. Los socialistas, a la cabeza de los cuales se coloca naturalmente nuestro amigo Varlin, no formaban en la Comuna mas que una minoría ínfima; a lo sumo no eran más que unos catorce o quince miembros. El resto estaba compuesto por jacobinos. Pero entendámonos, hay de jacobinos a jacobinos. Existen los jacobinos abogados y doctrinarios, como el señor Gambetta, cuyo republicanismo positivista, presuntuoso, despótico y formalista, habiendo repudiado la antigua fe revolucionaria y no habiendo conservado del jacobinismo mas que el culto de la unidad y de la autoridad, entregó la Francia popular a los prusianos y más tarde a la reacción interior; y existen los jacobinos francamente revolucionarios, los héroes, los últimos representantes sinceros de la fe democrática de 1793, capaces de sacrificar su unidad y su autoridad bien amadas, a las necesidades de la revolución, ante todo; y como no hay revolución sin masas populares, y como esas masas tienen eminentemente hoy el instinto socialista y no pueden ya hacer otra revolución que una revolución económica y social, los jacobinos de buena fe, dejándose arrastrar más y más por la lógica del movimiento revolucionario, acabaron convirtiéndose en socialistas a su pesar.

Tal fue precisamente la situación de los jacobinos que formaron parte de la Comuna de París. Delescluze y muchos otros, firmaron proclamas y programas cuyo espíritu general y cuyas promesas eran positivamente socialistas. Pero como a pesar de toda su buena fe y de toda su buena voluntad no eran más que individuos arrastrados al campo socialista por la fuerza de las circunstancias, como no tuvieron tiempo ni capacidad para vencer y suprimir en ellos el cúmulo de prejuicios burgueses que estaban en contradicción con el socialismo, hubieron de paralizarse y no pudieron salir de las generalidades, ni tomar medidas decisivas que hubiesen roto para siempre todas sus relaciones con el mundo burgués.

Fue una gran desgracia para la Comuna y para ellos; fueron paralizados y paralizaron la Comuna; pero no se les puede reprochar como una falta. Los hombres no se transforman de un día a otro y no cambian de naturaleza ni de hábitos a voluntad. Han probado su sinceridad haciéndose matar por la Comuna. ¿Quién se atreverá a pedirles más?

Son tanto más excusables cuanto que el pueblo de París mismo, bajo la influencia del cual han pensado y obrado, era mucho más socialista por instinto que por idea o convicción reflexiva. Todas sus aspiraciones son en el más alto grado y exclusivamente socialistas; pero sus ideas o más bien sus representaciones tradicionales están todavía bien lejos de haber llegado a esta altura. Hay todavía muchos prejuicios jacobinos, muchas imaginaciones dictatoriales y gubernamentales en el proletariado de las grandes ciudades de Francia y aún en el de París. El culto a la autoridad religiosa, esa fuente histórica de todas las desgracias, de todas las depravaciones y de todas las servidumbres populares no ha sido desarraigado aún completamente de su seno. Esto es tan cierto que hasta los hijos más inteligentes del pueblo, los socialistas más convencidos, no llegaron aún a libertarse de una manera completa de ella. Mirad su conciencia y encontraréis al jacobino, al gubernamentalista, rechazado hacia algún rincón muy oscuro y vuelto muy modesto, es verdad, pero no enteramente muerto.

Por otra parte, la situación del pequeño número de los socialistas convencidos que han constituido parte de la Comuna era excesivamente difícil. No sintiéndose suficientemente sostenidos por la gran masa de la población parisiense, influenciando apenas sobre unos millares de individuos, la organización de la Asociación Internacional, por lo demás muy imperfecta, han debido sostener una lucha diaria contra la mayoría jacobina. ¡Y en medio de qué circunstancias! Les ha sido necesario dar trabajo y pan a algunos centenares de millares de obreros, organizarlos y armarlos combatiendo al mismo tiempo las maquinaciones reaccionarias en una ciudad inmensa como París, asediada, amenazada por el hambre, y entregada a todas las sucias empresas de la reacción que había podido establecerse y que se mantenía en Versalles, con el permiso y por la gracia de los prusianos. Les ha sido necesario oponer un gobierno y un ejército revolucionarios al gobierno y al ejército de Versalles, es decir, que para combatir la reacción monárquica y clerical, han debido, olvidando y sacrificando ellos mismos las primeras condiciones del socialismo revolucionario, organizarse en reacción jacobina.

¿No es natural que en medio de circunstancias semejantes, los jacobinos, que eran los más fuertes, puesto que constituían la mayoría en la Comuna y que además poseían en un grado infinitamente superior el instinto político, la tradición y la práctica de la organización gubernamental, hayan tenido inmensas ventajas sobre los socialistas? De lo que hay que asombrarse es de que no se hayan aprovechado mucho más de lo que lo hicieron, de que no hayan dado a la sublevación de París un carácter exclusivamente jacobino y de que se hayan dejado arrastrar, al contrario, a una revolución social.

Sé que muchos socialistas, muy consecuentes en su teoría, reprochan a nuestros amigos de París el no haberse mostrado suficientemente socialistas en su práctica revolucionaria, mientras que todos los ladrones de la prensa burguesa los acusan, al contrario, de no haber seguido más que demasiado fielmente el programa del socialismo. Dejemos por el momento a un lado a los innobles denunciadores de esa prensa, y observemos que los severos teóricos de la emancipación del proletariado son injustos hacia nuestros hermanos de París porque, entre las teorías más justas y su práctica, hay una distancia inmensa que no se franquea en algunos días. El que ha tenido la dicha de conocer a Varlin, por ejemplo, para no nombrar sino a aquel cuya muerte es cierta, sabe cómo han sido apasionadas, reflexivas y profundas en él y en sus amigos las convicciones socialistas. Eran hombres cuyo celo ardiente, cuya abnegación y buena fe no han podido ser nunca puestas en duda por nadie de los que se les hayan acercado. Pero precisamente porque eran hombres de buena fe, estaban llenos de desconfianza en sí mismos al tener que poner en práctica la obra inmensa a que habían dedicado su pensamiento y su vida. Tenían por lo demás la convicción de que en la revolución social, diametralmente opuesta a la revolución política, la acción de los individuos es casi nula y, por el contrario, la acción espontánea de las masas lo es todo. Todo lo que los individuos pueden hacer es elaborar, aclarar y propagar las ideas que corresponden al instinto popular y además contribuir con sus esfuerzos incesantes a la organización revolucionaria del potencial natural de las masas, pero nada más, siendo al pueblo trabajador al que corresponde hacerlo todo. Ya que actuando de otro modo se llegaría a la dictadura política, es decir, a la reconstitución del Estado, de los privilegios, de las desigualdades, llegándose al restablecimiento de la esclavitud política, social, económica de las masas populares.

Varlin y sus amigos, como todos los socialistas sinceros, y en general como todos los trabajadores nacidos y educados en el pueblo, compartían en el más alto grado esa prevención perfectamente legítima contra la iniciativa continua de los mismos individuos, contra la dominación ejercida por las individualidades superiores; y como ante todo eran justos, dirigían también esa prevención, esa desconfianza, contra sí mismos más que contra todas las otras personas. Contrariamente a ese pensamiento de los comunistas autoritarios, según mi opinión, completamente erróneo, de que una revolución social puede ser decretada y organizada sea por una dictadura, sea por una asamblea constituyente salida de una revolución política, nuestros amigos, los socialistas de París, han pensado que no podía ser hecha y llevada a su pleno desenvolvimiento más que por la acción espontánea y continua de las masas, de los grupos y de las asociaciones populares.

Nuestros amigos de París han tenido mil veces razón. Porque, en efecto, por general que sea, ¿cuál es la cabeza, o si se quiere hablar de una dictadura colectiva, aunque estuviese formada por varios centenares de individuos dotados de facultades superiores, cuáles son los cerebros capaces de abarcar la infinita multiplicidad y diversidad de los intereses reales, de las aspiraciones, de las voluntades, de las necesidades cuya suma constituye la voluntad colectiva de un pueblo, y capaces de inventar una organización social susceptible de satisfacer a todo el mundo? Esa organización no será nunca más que un lecho de Procusto sobre el cual, la violencia más o menos marcada del Estado forzará a la desgraciada sociedad a extenderse. Esto es lo que sucedió siempre hasta ahora, y es precisamente a este sistema antiguo de la organización por la fuerza a lo que la revolución social debe poner un término, dando a las masas su plena libertad, a los grupos, a las comunas, a las asociaciones, a los individuos mismos, y destruyendo de una vez por todas la causa histórica de todas las violencias, el poder y la existencia misma del Estado, que debe arrastrar en su caída todas las iniquidades del derecho jurídico con todas las mentiras de los cultos diversos, pues ese derecho y esos cultos no han sido nunca nada más que la consagración obligada, tanto ideal como real, de todas las violencias representadas, garantizadas y privilegiadas por el Estado.

Es evidente que la libertad no será dada al género humano, y que los intereses reales de la sociedad, de todos los grupos, de todas las organizaciones locales así como de todos los individuos que la forman, no podrán encontrar satisfacción real más que cuando no haya Estados. Es evidente que todos los intereses llamados generales de la sociedad, que el Estado pretende representar y que en realidad no son otra cosa que la negación general y consciente de los intereses positivos de las regiones, de las comunas, de las asociaciones y del mayor número de individuos a él sometidos, constituyen una ficción, una obstrucción, una mentira, y que el Estado es como una carnicería y como un inmenso cementerio donde, a su sombra, acuden generosa y beatamente, a dejarse inmolar y enterrar, todas las aspiraciones reales, todas las fuerzas vivas de un país; y como ninguna abstracción existe por sí misma, ya que no tiene ni piernas para caminar, ni brazos para crear, ni estómago para digerir esa masa de víctimas que se le da para devorar, es claro que también la abstracción religiosa o celeste de Dios, representa en realidad los intereses positivos, reales, de una casta privilegiada: el clero, y su complemento terrestre, la abstracción política, el Estado, representa los intereses no menos positivos y reales de la clase explotadora que tiende a englobar todas las demás: la burguesía. Y como el clero está siempre dividido y hoy tiende a dividirse todavía más en una minoría muy poderosa y muy rica, y una mayoría muy subordinada y hasta cierto punto miserable. Por su parte, la burguesía y sus diversas organizaciones políticas y sociales, en la industria, en la agricultura, en la banca y en el comercio, al igual que en todos los órganos administrativos, financieros, judiciales, universitarios, policiales y militares del Estado, tiende a escindirse cada día más en una oligarquía realmente dominadora y en una masa innumerable de seres más o menos vanidosos y más o menos decaídos que viven en una perpetua ilusión, rechazados inevitablemente y empujados, cada vez más hacia el proletariado por una fuerza irresistible: la del desenvolvimiento económico actual, quedando reducidos a servir de instrumentos ciegos de esa oligarquía omnipotente.

La abolición de la Iglesia y del Estado debe ser la condición primaria e indispensable de la liberación real de la sociedad; después de eso, ella sola puede y debe organizarse de otro modo, pero no de arriba a abajo y según un plan ideal, soñado por algunos sabios, o bien a golpes de decretos lanzados por alguna fuerza dictatorial o hasta por una asamblea nacional elegida por el sufragio universal. Tal sistema, como lo he dicho ya, llevaría inevitablemente a la creación de un nuevo Estado, y, por consiguiente, a la formación de una aristocracia gubernamental, es decir, de una clase entera de gentes que no tienen nada en común con la masa del pueblo y, ciertamente, esa clase volvería a explotar y a someter bajo el pretexto de la felicidad común, o para salvar al Estado.

La futura organización social debe ser estructurada solamente de abajo a arriba, por la libre asociación y federación de los trabajadores, en las asociaciones primero, después en las comunas, en las regiones, en las naciones y finalmente en una gran federación internacional y universal. Es únicamente entonces cuando se realizará el orden verdadero y vivificador de la libertad y de la dicha general, ese orden que, lejos de renegar, afirma y pone de acuerdo los intereses de los trabajadores y los de la sociedad.

Se dice que el acuerdo y la solidaridad universal de los individuos y de la sociedad no podrá realizarse nunca porque esos intereses, siendo contradictorios, no están en condición de contrapesarse ellos mismos o bien de llegar a un acuerdo cualquiera. A una objeción semejante responderé que si hasta el presente los intereses no han estado nunca ni en ninguna parte en acuerdo mutuo, ello tuvo su causa en el Estado, que sacrificó los intereses de la mayoría en beneficio de una minoría privilegiada. He ahí por qué esa famosa incompatibilidad y esa lucha de intereses personales con los de la sociedad, no es más que otro engaño y una mentira política, nacida de la mentira teológica que imaginó la doctrina del pecado original para deshonrar al hombre y destruir en él la conciencia de su propio valor. Esa misma idea falsa del antagonismo de los intereses fue creada también por los sueños de la metafísica que, como se sabe, es próxima pariente de la teología. Desconociendo la sociabilidad de la naturaleza humana, la metafísica consideraba la sociedad como un agregado mecánico y puramente artificial de individuos asociados repentinamente en nombre de un tratado cualquiera, formal o secreto, concluido libremente, o bien bajo la influencia de una fuerza superior. Antes de unirse en sociedad, esos individuos, dotados de una especie de alma inmortal, gozaban de una absoluta libertad.

Pero si los metafísicos, sobre todo los que creen en la inmortalidad del alma, afirman que los hombres fuera de la sociedad son seres libres, nosotros llegamos entonces inevitablemente a una conclusión: que los hombres no pueden unirse en sociedad más que a condición de renegar de su libertad, de su independencia natural y de sacrificar sus intereses, personales primero y grupales después. Tal renunciamiento y tal sacrificio de sí mismos debe ser por eso tanto más imperioso cuanto que la sociedad es más numerosa y su organización más compleja. En tal caso, el Estado es la expresión de todos los sacrificios individuales. Existiendo bajo una semejante forma abstracta, y al mismo tiempo violenta, continúa perjudicando más y más la libertad individual en nombre de esa mentira que se llama felicidad pública, aunque es evidente que la misma no representa más que los intereses de la clase dominante. El Estado, de ese modo, se nos aparece como una negación inevitable y como una aniquilación de toda libertad, de todo interés individual y general.

Se ve aquí que en los sistemas metafísicos y teológicos, todo se asocia y se explica por sí mismo. He ahí por qué los defensores lógicos de esos sistemas pueden y deben, con la conciencia tranquila, continuar explotando las masas populares por medio de la Iglesia y del Estado. Llenandose los bolsillos y sacando todos sus sucios deseos, pueden al mismo tiempo consolarse con el pensamiento de que penan por la gloria de Dios, por la victoria de la civilización y por la felicidad eterna del proletariado.

Pero nosotros, que no creemos ni en Dios ni en la inmortalidad del alma, ni en la propia libertad de la voluntad, afirmamos que la libertad debe ser comprendida, en su acepción más completa y más amplia, como fin del progreso histórico de la humanidad. Por un extraño aunque lógico contraste, nuestros adversarios idealistas, de la teología y de la metafísica, toman el principio de la libertad como fundamento y base de sus teorías, para concluir buenamente en la indispensabilidad de la esclavitud de los hombres. Nosotros, materialistas en teoría, tendemos en la práctica a crear y hacer duradero un idealismo racional y noble. Nuestros enemigos, idealistas divinos y trascendentes, caen hasta el materialismo práctico, sanguinario y vil, en nombre de la misma lógica, según la cual todo desenvolvimiento es la negación del principio fundamental. Estamos convencidos de que toda la riqueza del desenvolvimiento intelectual, moral y material del hombre, lo mismo que su aparente independencia, son el producto de la vida en sociedad. Fuera de la sociedad, el hombre no solamente no será libre, sino que no será hombre verdadero, es decir, un ser que tiene conciencia de sí mismo, que siente, piensa y habla. El concurso de la inteligencia y del trabajo colectivo ha podido forzar al hombre a salir del estado de salvaje y de bruto que constituía su naturaleza primaria. Estamos profundamente convencidos de la siguiente verdad: que toda la vida de los hombres, es decir, sus intereses, tendencias, necesidades, ilusiones, e incluso sus tonterías, tanto como las violencias, y las injusticias que en carne propia sufren, no representa más que la consecuencia de las fuerzas fatales de la vida en sociedad. Las gentes no pueden admitir la idea de independencia mutua, sin renegar de la influencia recíproca de la correlación de las manifestaciones de la naturaleza exterior.

En la naturaleza misma, esa maravillosa correlación y filiación de los fenómenos no se ha conseguido sin lucha. Al contrario, la armonía de las fuerzas de la naturaleza no aparece más que como resultado verdadero de esa lucha constante que es la condición misma de la vida y el movimiento. En la naturaleza y en la sociedad el orden sin lucha es la muerte.

Si en el universo el orden natural es posible, es únicamente porque ese universo no es gobernado según algún sistema imaginado de antemano e impuesto por una voluntad suprema. La hipótesis teológica de una legislación divina conduce a un absurdo evidente y a la negación, no sólo de todo orden, sino de la naturaleza misma. Las leyes naturales no son reales más que en tanto son inherentes a la naturaleza, es decir, en tanto que no son fijadas por ninguna autoridad. Estas leyes no son más que simples manifestaciones, o bien continuas modalidades de hechos muy variados, pasajeros, pero reales. El conjunto constituye lo que llamamos naturaleza. La inteligencia humana y la ciencia observaron estos hechos, los controlaron experimentalmente, después los reunieron en un sistema y los llamaron leyes. Pero la naturaleza misma no conoce leyes; obra inconscientemente, representando por sí misma la variedad infinita de los fenómenos que aparecen y se repiten de una manera fatal. He ahí por qué, gracias a esa inevitabilidad de la acción, el orden universal puede existir y existe de hecho.

Un orden semejante aparece también en la sociedad humana que evoluciona en apariencia de un modo llamado antinatural, pero en realidad se somete a la marcha natural e inevitable de las cosas. Sólo que la superioridad del hombre sobre los otros animales y la facultad de pensar unieron a su desenvolvimiento un elemento particular que, como todo lo que existe, representa el producto material de la unión y de la acción de las fuerzas naturales. Este elemento particular es el razonamiento, o bien esa facultad de generalización y de abstracción gracias a la cual el hombre puede proyectarse por el pensamiento, examinándose y observándose como un objeto exterior extraño. Elevándose, por las ideas, por sobre sí mismo, así como por sobre el mundo circundante, logra arrivar a la representación de la abstracción perfecta: a la nada absoluta. Este límite último de la más alta abstracción del pensamiento, esa nada absoluta, es Dios.

He ahí el sentido y el fundamento histórico de toda doctrina teológica. No comprendiendo la naturaleza y las causas materiales de sus propios pensamientos, no dándose cuenta tampoco de las condiciones o leyes naturales que le son especiales, los hombres de la Iglesia y del Estado no pueden imaginar a los primeros hombres en sociedad, puesto que sus nociones absolutas no son más que el resultado de la facultad de concebir ideas abstractas. He ahí porque consideraron esas ideas, sacadas de la naturaleza, como objetos reales ante los cuales la naturaleza misma cesaba de ser algo. Luego se dedicaron a adorar a sus ficciones, sus imposibles nociones de absoluto, y a prodigarles todos los honores. Pero era preciso, de una manera cualquiera, figurar y hacer sensible la idea abstracta de la nada o de Dios. Con este fin inflaron la concepción de la divinidad y la dotaron, de todas las cualidades, buenas y malas, que encontraban sólo en la naturaleza y en la sociedad.

Tal fue el origen y el desenvolvimiento histórico de todas las religiones, comenzando por el fetichismo y acabando por el cristianismo.

No tenemos la intención de lanzarnos en la historia de los absurdos religiosos, teológicos y metafísicos, y menos aún de hablar del desplegamiento sucesivo de todas las encarnaciones y visiones divinas creadas por siglos de barbarie. Todo el mundo sabe que la superstición dio siempre origen a espantosas desgracias y obligó a derramar ríos de sangre y lágrimas. Diremos sólo que todos esos repulsivos extravíos de la pobre humanidad fueron hechos históricos inevitables en su desarrollo y en la evolución de los organismos sociales. Tales extravíos engendraron en la sociedad esta idea fatal que domina la imaginación de los hombres: la idea de que el universo es gobernado por una fuerza y por una voluntad sobrenaturales. Los siglos sucedieron a los siglos, y las sociedades se habituaron hasta tal punto a esta idea que finalmente mataron en ellas toda tendencia hacia un progreso más lejano y toda capacidad para llegar a él.

La ambición de algunos individuos y de algunas clases sociales, erigieron en principio la esclavitud y la conquista, y enraizaron la terrible idea de la divinidad. Desde entonces, toda sociedad fue imposible sin tener como base éstas dos instituciones: la Iglesia y el Estado. Estas dos plagas sociales son defendidas por todos los doctrinarios.

Apenas aparecieron estas dos instituciones en el mundo, se organizaron repentinamente dos castas sociales: la de los sacerdotes y la de los aristócratas, que sin perder tiempo se preocuparon en inculcar profundamente al pueblo subyugado la indispensabilidad, la utilidad y la santidad de la Iglesia y del Estado.

Todo eso tenía por fin transformar la esclavitud brutal en una esclavitud legal, prevista, consagrada por la voluntad del Ser Supremo.

Pero ¿creían sinceramente, los sacerdotes y los aristócratas, en esas instituciones que sostenían con todas sus fuerzas en su interés particular? o acaso ¿no eran más que mistificadores y embusteros? No, respondo, creo que al mismo tiempo eran creyentes e impostores.

Ellos creían, también, porque compartían natural e inevitablemente los extravíos de la masa y es sólo después, en la época de la decadencia del mundo antiguo, cuando se hicieron escépticos y embusteros. Existe otra razón que permite considerar a los fundadores de los Estados como gentes sinceras: el hombre cree fácilmente en lo que desea y en lo que no contradice a sus intereses; no importa que sea inteligente e instruido, ya que por su amor propio y por su deseo de convivir con sus semejantes y de aprovecharse de su respeto creerá siempre en lo que le es agradable y útil. Estoy convencido de que, por ejemplo, Thiers y el gobierno versallés se esforzaron a toda costa por convencerse de que matando en París a algunos millares de hombres, de mujeres y de niños, salvaban a Francia.

Pero si los sacerdotes, los augures, los aristócratas y los burgueses, de los viejos y de los nuevos tiempos, pudieron creer sinceramente, no por eso dejaron de ser siempre mistificadores. No se puede, en efecto, admitir que hayan creído en cada una de las ideas absurdas que constituyen la fe y la política. No hablo siquiera de la época en que, según Cicerón, los augures no podían mirarse sin reír. Aun en los tiempos de la ignorancia y de la superstición general es difícil suponer que los inventores de milagros cotidianos hayan sido convencidos de la realidad de esos milagros. Igual se puede decir de la política, según la cual es preciso subyugar y explotar al pueblo de tal modo, que no se queje demasiado de su destino, que no se olvide someterse y no tenga el tiempo para pensar en la resistencia y en la rebelión.

¿Cómo, pues, imaginar después de eso que las gentes que han transformado la política en un oficio y conocen su objeto – es decir, la injusticia, la violencia, la mentira, la traición, el asesinato en masa y aislado -, puedan creer sinceramente en el arte político y en la sabiduría de un Estado generador de la felicidad social? No pueden haber llegado a ese grado de estupidez, a pesar de toda su crueldad. La Iglesia y el Estado han sido en todos los tiempos grandes escuelas de vicios. La historia está ahí para atestiguar sus crímenes; en todas partes y siempre el sacerdote y el estadista han sido los enemigos y los verdugos conscientes, sistemáticos, implacables y sanguinarios de los pueblos.

Pero, ¿cómo conciliar dos cosas en apariencia tan incompatibles: los embusteros y los engañados, los mentirosos y los creyentes? Lógicamente eso parece difícil; sin embargo, en la realidad, es decir, en la vida práctica, esas cualidades se asocian muy a menudo.

Son mayoría las gentes que viven en contradicción consigo mismas. No lo advierten hasta que algún acontecimiento extraordinario las saca de la somnolencia habitual y las obliga a echar un vistazo sobre ellos y sobre su derredor.

En política como en religión, los hombres no son más que máquinas en manos de los explotadores. Pero tanto los ladrones como sus víctimas, los opresores como los oprimidos, viven unos al lado de otros, gobernados por un puñado de individuos a los que conviene considerar como verdaderos explotadores. Así, son esas gentes que ejercen las funciones de gobierno, las que maltratan y oprimen. Desde los siglos XVII y XVIII, hasta la explosión de la Gran Revolución, al igual que en nuestros días, mandan en Europa y obran casi a su capricho. Y ya es necesario pensar que su dominación no se prolongará largo tiempo.

En tanto que los jefes principales engañan y pierden a los pueblos, sus servidores, o las hechuras de la Iglesia y del Estado, se aplican con celo a sostener la santidad y la integridad de esas odiosas instituciones. Si la Iglesia, según dicen los sacerdotes y la mayor parte de los estadistas, es necesaria a la salvación del alma, el Estado, a su vez, es también necesario para la conservación de la paz, del orden y de la justicia; y los doctrinarios de todas las escuelas gritan: ¡sin iglesia y sin gobierno no hay civilización ni progreso!

No tenemos que discutir el problema de la salvación eterna, porque no creemos en la inmortalidad del alma. Estamos convencidos de que la más perjudicial de las cosas, tanto para la humanidad, para la libertad y para el progreso, lo es la Iglesia. ¿No es acaso a la iglesia a quien incumbe la tarea de pervertir las jóvenes generaciones, comenzando por las mujeres? ¿No es ella la que por sus dogmas, sus mentiras, su estupidez y su ignominia tiende a matar el razonamiento lógico y la ciencia? ¿Acaso no afecta a la dignidad del hombre al pervertir en él la noción de sus derechos y de la justicia que le asiste? ¿No transforma en cadáver lo que es vivo, no pierde la libertad, no es ella la que predica la esclavitud eterna de las masas en beneficio de los tiranos y de los explotadores? ¿No es ella, esa Iglesia implacable, la que tiende a perpetuar el reinado de las tinieblas, de la ignorancia, de la miseria y del crimen?

Si el progreso de nuestro siglo no es un sueño engañoso, debe conducir a la finiquitación de la Iglesia.