anarkismo.net

Los próximos 5 y 6 de diciembre cursarán las elecciones generales de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), agrupación de la principal casa de estudios superiores tradicional del país andino, originalmente pública, nacional, gratuita, laica y estatal, pero desde los tiempos de la tiranía y la Concertación, arrojada al autofinanciamiento, a una subvención fiscal insuficiente y administrativamente diezmada a través de la diáspora de las universidades regionales salidas de su vientre.

Podrán participar en los sufragios más de 20 mil estudiantes ante un cuadro electoral donde compiten 9 listas. Ilustrando la peregrina situación de los sectores progresivos en Chile,   5 de las ofertas reivindican la izquierda (Creando Izquierda, Izquierda Estudiantil, Nueva Izquierda, ¡Abran paso a la lucha!, y     Luchar, creando universidad popular). Una de la Concertación denominada Nace (DC + PPD); dos de derecha (CDU Atrévete a pensar diferente (RN) y La Chile Para Todos,   la solución es naranja! (gremialista)); y una formada por quienes acamparon en la Casa Central de la universidad (República Independiente, Autárquica y Anárquica de la cochina). Los 5 cargos de la nueva mesa directiva se prorretearán proporcionalmente de acuerdo a la cantidad de votos que obtenga cada postulante.

Mientras quien suscribe lee un correo urgente que denuncia que, una vez más,  la policía militarizada asaltó esta madrugada territorio mapuche de “Temucuicui, en la Comuna de Ercilla. Son unos 200 carabineros, con armamento, disparando a las casas y a la gente, niños incluidos, bombas lacrimógenas. Enorme y descontrolada violencia”, por medio de skype se realiza la siguiente entrevista con el candidato que encabeza la Lista I para las próximas elecciones de la FECH, Felipe Ramírez Sánchez.

Felipe (23 años) expresa el proyecto del Frente de Estudiantes Libertarios, colectivos independientes, Praxis, Igualdad, y Auka-Mapu, y cursa su último año de periodismo en el Instituto de la Comunicación Imagen de la Universidad de Chile, donde presidió el centro de estudiantes. Se ha desempeñado como comunicador social en el periódico de papel y digital El Ciudadano, y haciendo largas caminatas como trabajador de Correos de Chile. Felipe Ramírez proviene de una familia graneada políticamente que recorre todo el espectro existente.     

-¿Cuáles son los aspectos esenciales del programa de tu lista?

“Fortalecer el movimiento estudiantil y articularlo con el movimiento social (trabajadores y pobladores); la educación como un derecho social fundamental de los pueblos y no una mercancía, que esté asegurada por el Estado en su conjunto y ligada a cada persona y colectividad; la construcción de un sistema de enseñanza pública popular y de excelencia.”

-Ustedes hablan de un diseño de universidad otro…

“Sí. Junto con las modificaciones a sus formas de financiamiento y a los currículos, nos interesa abrir el debate más amplio posible respecto de la orientación de la educación superior en el país, el rol de la universidad, su relación con el mundo social. La universidad debe superar los ámbitos educativos convencionales y dedicarse también a la producción de conocimientos asociados a los derechos laborales, medioambientales, de género. El objetivo superior es crear un proyecto de país que provenga desde abajo, desde las grandes mayorías hasta ahora, subordinadas.”

-¿Y cuáles serían sus determinaciones?

“Las del socialismo.”

-¿Cuál de sus versiones?

“Una sociedad que se construya sobre la decisión participativa de todos y todas, lejos de un Estado y sobre la base del movimiento social ‘en poder’, bajo el control de la producción y administración económica del conjunto social.”    

“ES PRECISO ‘TIRARSE A LA PISCINA’”

-¿Por qué estimas que se ganaron la posibilidad de conducir la FECH?

“El espacio nació a lo largo de los meses de movilización y cristalizó en la actual confluencia que represento. Ocurrió que el énfasis de las distintas agrupaciones en el trabajo diario era muy parecido; territorial, de base, junto a organizaciones sociales. Y nos encontramos de cara a las elecciones de la FECH sin una alternativa de carácter estratégico que empatara con nuestra visión, diferente a la de la izquierda convencional. Como nunca antes, los estudiantes están empoderados. No es responsable soslayar esta posibilidad histórica. Resulta preciso ‘tirarse a la piscina’ para transformar la institucionalidad estudiantil vigente.”

“EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL ES UN RESULTADO HISTÓRICO”

-¿Qué evaluación hacen del movimiento de este año que termina, en el medio vaso lleno y en el medio vaso vacío?

“No conseguimos los objetivos que habíamos comprometido en la movilización. No logramos la educación gratuita y la desmunicipalización de la enseñanza escolar no está resolviéndose como lo demandan los jóvenes. Sin embargo, lo vivido y lo luchado es incomparable con procesos sociales anteriores. Hubo objetivamente un acompañamiento ampliado de la sociedad a través de protestas concretas, como los ‘caceroleos’ y las marchas nocturnas en un sinnúmero de comunas de todo Chile. Existe un avance tangible del movimiento social. Ahora bien, nosotros estimamos que el movimiento no ha terminado. Los estudiantes no se fueron ‘para la casa’. Ya existe una fuerza para enfrentar un nuevo ciclo de lucha en la calle, incorporando a los estudiantes de la enseñanza técnica, los institutos profesionales. ¿Cómo los integraremos a la Confederación de Universidades de Chile? Y los estudiantes ya están en condiciones de ser parte sustantiva de un eventual movimiento popular general. Y no sólo por lo que ha ocurrido estos meses. En rigor hay un largo trabajo anterior sin el cual era imposible lo acontecido. Es decir, el movimiento estudiantil es un producto de acumulación de fuerzas, es un resultado histórico.”

-¿Qué rol le asignas a los trabajadores?

“Si no   paralizan los sectores económicos estratégicos, como los portuarios, los forestales, los mineros del cobre, el comercio, el retailer, la banca, simplemente los estudiantes no podemos ganar.”

-¿Y los estudiantes de secundaria?

“El gobierno se ha ensañado con los escolares. Han sido los más duramente reprimidos por un lado, y políticamente el Ejecutivo ha adoptado una ofensiva privatizadora y cerrado establecimientos municipalizados, por otro. Aquí urge la alianza y la solidaridad más férrea y concreta.”

Nota de periodista: En pos de la unidad, se están realizando gestiones para   entrevistar a candidatos de otras listas que representen las demandas originales del movimiento estudiantil chileno.

Noviembre 26 de 2011

Bakunin era, innegablemente y al margen de lo que se piense sobre sus ideas políticas, un gran filósofo. Su pensamiento se agiganta con el paso del tiempo y merece la pena indagar en él, cuestionando con ello gran parte de nuestra herencia cultural, tratando de adquirir una mayor lucidez sobre nuestro entorno y alejándonos de todo dogmatismo. Esa herencia cultural, que nos hace tener tantas ideas preconcebidas, se encuentra impregnada de creencias sobrenaturales interiorizadas en la mayor parte de los individuos, como es el caso de la denominada “voluntad libre”, o de fantasías como la buscar en el ser humano una especie de toque divino que le llevará a la inmortalidad. Aunque chirríe para una mayoría, hablar de que el hombre esté en realidad determinado, la realidad es que hay que tener en cuenta todos los factores, políticos, religiosos y sociales, así como las condiciones materiales de existencia, que innegablemente condicionan nuestro pensamiento y nuestra existencia. Es posible que existen personas que quieran una verdadera independencia, y que actúen en consonancia, pero la realidad es que una amplia mayoría se muestra determinada por innumerables relaciones de todo tipo, por los prejuicios, las costumbres, y todo aquello que se manifiesta en la sociedad donde nacen, además de por el innegable legado cultural producto de siglos de historia.

Como el mismo pensador ruso escribía, “la mayoría piensa y quiere de acuerdo con las pautas sociales establecidas”. No se habla ya de personas (supuestamente) ignorantes, también aquellos que presumen de tener una formación elevada están condicionados por el pensamiento y el deseo del mundo circundante. Aunque tenemos la fantasía de un pensamiento independiente, la realidad es que la mayor parte de la veces reproducimos, de manera rutinaria y subordinada, lo que otros quieren y piensan. Bakunin consideraba que era esta rutina, esta falta de criterio y de iniciativa, lo que imposibilitaba un progreso rápido en la humanidad. Si existe una manera de conquistar la libertad y la conciencia, la auténtica emancipación, solo puede hacerse en sociedad. El hombre solo es capaz de desarrollar su personalidad, en aras de realizar su libertad individual, gracias al trabajo y con la cooperación del resto de miembros de la sociedad. La sociedad no supone, en la filosofía bakuniana, una reducción ni una limitación de la libertad del ser humano, sino la posibilidad de alcanzar la emancipación. Ésta, solo puede encontrarse al final, como objetivo y hecho logrado, nunca como concepto apriorístico.

Bakunin critica a Rousseau, y a otros pensadores individualistas y liberales, cuando hablan de un contrato tácito en el que el hombre se ata de antemano, cuando ni siquiera posee pensamiento ni voluntad, para fundar la sociedad. Es la premisa que justifica el Estado, que solo puede ser vista como símbolo de un estado natural primigenio en el que los individuos, supuestamente libres, aislados y autosuficientes, deciden firmar un contrato para renunciar a ciertas libertades en beneficio de crear una sociedad (o, más bien, un Estado) para asegurar su protección. Todas las leyes políticas y jurídicas, promulgadas por algún cuerpo legislativo, se deducen de esta idea del contrato social. Como es sabido, Bakunin y el anarquismo consideran que el Estado, nacido de esa fantasía de una voluntad libre y consciente del hombre (en su versión liberal, ya que el absolutismo político se funda en la voluntad divina), supone la negación de la sociedad. En suma, se niega que la sociedad solo se produzca después de la firma de un supuesto contrato entre individuos libres y conscientes. La sociedad precede a todo pensamiento, conciencia y voluntad de cada uno de sus miembros.

En la sociedad humana, al igual que en el resto de la naturaleza, todo cuanto en ella ocurre tiene como condición categórica la interferencia en alguna existencia. La absoluta independencia es imposible, ya que ello supondría la desaparición de la sociedad, cada uno de nosotros es a la vez producto y productor de una serie de relaciones mutuas con el resto de individuos. Es por eso que Bakunin considera la libertad como el efecto continuamente renovado de esa gran masa de influencia físicas, intelectuales y morales a las que está sometido el hombre por el entorno. Solo idealistas y metafísicos pueden aceptar que existe una independencia de esa realidad, la cual es definida por el pensador ruso como pura y simple no-existencia. Lo que desea Bakunin, y los anarquistas, lejos de negar todas esas dependencias sociales, es negar todo privilegio en ellas, toda influencia fáctica legitimada. Por lo tanto, no se niegan las leyes fundadas en la sociedad, pero sí todas aquellas leyes autoritarias, arbitrarias, políticas, religiosas y civiles que han llevado a cabo las clases privilegiadas en nombre de una moralidad ficticia.

Bakunin considera que la voluntad humana está sujeta a esa influencia del medio, o leyes naturales, pero al mismo tiempo es deseable una independencia, tan absoluta como sea posible, de cada individuo respecto a las pretensiones de gobierno de otros (es decir, de imposición de leyes arbitrarias). No es posible subvertir la influencia natural que los seres humanos ejercen entre sí, a nivel material, moral e intelectual, algo que podemos denominar solidaridad. Si hablamos de una vida ajena a la sociedad y extraña a toda influencia humana, es decir del absoluto aislamiento, ello equivale a la muerte intelectual, moral y material. Frente a otras concepciones individualistas, el pensamiento de Bakunin considera que es la solidaridad la que da lugar a la individualidad, y no al revés. Cada personalidad humana adquiere un elevado desarrollo, únicamente, en sociedad. Los intereses individuales y los sociales no tienen que ser antagónicos, lo que sí hay que hacer es liberarlos de la influencia fáctica de minorías privilegiadas y de toda aquella herencia cultural que impide el desarrollo de la conciencia.

Capì Vidal
http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com/
 
 

 

ORGANIZA CNT-AIT
9, 10 Y 11 DE DICIEMBRE 2011
LUGAR: Albergue Juvenil de San Fermín, Madrid.

A modo de introducción

CartelEl retroceso de la ilusión del estado como salvaguarda de unos mínimos nos devuelve a la realidad de hace más de un siglo cuando éramos las personas trabajadoras las que, aparte de producir para aquellos que detentaban el poder y el capital, proveíamos de lo imprescindible a los más cercanos (cuidados, alimentos, vivienda, vestido…) y, a través de fórmulas asociativas como sindicatos, cooperativas o sociedades de socorro, cajas de resistencia… encontrábamos respuesta a los servicios que iban más allá del ámbito vecinal: sanidad, auxilio social y educación.

Ya han pasado cuatro años desde que comenzara “la crisis”. Nosotros/as, clase trabajadora y ciudadanos/as estamos sufriendo especialmente los efectos de la desregulación, claudicación y desmovilización que han dado alas al capitalismo en su afán de mercantilizar todas las esferas de la economía. Una fuente inagotable de beneficios son nuestras necesidades más vitales. La burbuja hipotecaria -ese ciento y pico de endeudamiento familiar- explotó y se llevó por delante la ilusión de que podíamos vivir bien sin luchar por recuperar la plusvalía que el empresariado arranca de nuestro trabajo. La clase gestora (política, empresarial y burosindical) ha mostrado su cara más pusilánime sin respuestas ni migajas para repartir. Hay que recuperar parcelas abandonadas durante años de pacto social: nuestro futuro depende de ello. El camino ya ha sido transitado antes.

Recuperemos nuestra capacidad de producir y decidir, arrebatémosles la economía y construyámosla desde la plena igualdad, la cooperación y la autogestión para que este organizada por quienes producimos y orientada desde la racionalidad a atender nuestras aspiraciones y necesidades.

Hace 75 años nuestra meta se truncó. Levantemos la mirada, afiancemos el presente y olvidémonos de promesas vanas. Es nuestro momento.

Exposición de motivos

En su X Congreso Confederal (Córdoba, diciembre 2010/CeNTenario) la Confederación Nacional del Trabajo actualizó sus acuerdos sobre colectivismo y autogestión bajo el epígrafe Economía Alternativa, apostando por esta vía no solo para dar respuesta a las necesidades más apremiantes de la afiliación, sino como motor para el cambio social. Contamos con una buena infraestructura descentralizada, una red de solidaridad global y, lo más importante, un proyecto para la transformación integral de la economía fruto de la herencia de la memoria histórica de las colectividades y las colectivizaciones de industria y servicios. Y no vivimos del pasado seguimos creando proyectos, acumulando experiencias, investigando para crear las alternativas económicas para una sociedad sin clases ni estado, el comunismo libertario. En estas I Jornadas tendemos una mano al resto de los movimientos sociales para la interrelación y aprendizaje mutuo sobre las iniciativas por una economía alternativa y solidaria; con el fin de aportar, aprender y fortalecer entre todos/as las redes de economía alternativa y ayudarnos mutuamente al impulso de nuevos proyectos.

 

Secretaría de Acción Social | Comité Confederal CNT
Grupo de Trabajo de Economía Alternativa
social@cnt.es
638 201 990

http://www.cnt.es/conferencia-economia-alternativa


affiche-2012

Del 9 al 12 de agosto de 2012 se celebrará en Saint-Imier (Jura Bernois, Suiza) un encuentro internacional de libertarixs de todo tipo, así como de toda persona que tenga intención de conocer los diferentes posicionamientos anarquistas.

Este “Mundial del Anarquismo” será una comemoración de la primera internacional antiautoritaria que se organizó en 1872, en respuesta a la internacional de Marx. Desde entonces, el mundo ha cambiado bastante; las corrientes libertarias han sabido evolucionar con el tiempo y este encuentro lo demostrará. Algo seguro es que el tiempo no ha disminuido la opresión de los poderosos sobre los mas débiles. Este encuentro expondrá numerosos medios de resistencia en sus variadas expresiones.

La Federación Jurasiana :

La Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) nace en 1864. Muy pronto, las secciones són creadas en La Chaux-de-Fonds, al Locle, en St Imier y en el resto del Jura suizo. Muchos obreros y obreras que se afilian, aún son trabajadores y trabajadoras a domicilio. Ellos y ellas tienen el gusto de la lectura y de la independencia. En 1869, cuando Bakunin llega a la región, el encuentro genera resultados. La convergencia de ideas que ellos y ellas descubren hará de la Federación Jurasiana el polo libertario de la AIT que se opone a la tendencia marxista. Harto de esta oposición, Marx hace todo lo que puede para eliminar esta corriente. En 1872 promueve lograrlo. Al congreso de La Haya, consigue hacer reunir a sus delegados afines, y entre ellos algunos pretenden representar secciones que se revelan inexistentes. Con esta mayoría ficticia, hace votar la exclusión de Bakunin y James Guillaume, y carece de algunos votos para la de Adhemar Schwitzguebel, todos delegados del Jura. Escandalizadas, las secciones de tendencia antiautoritaria de la AIT, particularmente de España, Italia, Francia, Bélgica, Estados Unidos de America, organizan un congreso en Saint-Imier en donde las resoluciones tomadas serán claramente libertarias. La AIT antiautoritaria sobrevivirá a la rama marxista, hasta el fin de siglo.

140 años después del congreso de Saint-Imier, la explotación y la alienación de los trabajadores-as siguen siendo brutales. La ilusión marxista se ha disipado viendo en perspectiva las dictaturas comunistas. El capitalismo va de crisis en crisis, crisis economica y social, crisis política, a las cuales se añade ahora la crisis ecológica.

¿Y el movimiento anarquista ?

Estos encuentros internacionales de agosto de 2012 serán la ocasión de hacer un balance de la historia del movimiento anarquista, de sus ideas, sus realizaciones, sus esperanzas, sus derrotas; lo que queda hoy de todo esto, las luchas que son suyas y las que comparte con otros: antimilitarismo, antiracismo, antisexismo, autogestión, decrecimiento, educación, femenismo, internacionalismo, no-violencia etc …

Un cierto número de talleres y de comunicaciones están ya previstas : conferencias históricas, conferencias temáticas, teatro, conciertos, exposiciones, cine, salón del libro, radio, acampada libertaria, feria de la autogestión y de los productos biológicos, talleres de práctica, etc …

Esta manifestación internacional será pública y desea ser abierta a todo el movimiento anarquista internacional, pero también a toda la población sin discriminación.

Las zonas gratuitas y el precio libre seran favorecidos para que todo el mundo pueda participar en el encuentro.

El comité organizador se reserva el derecho de acoger a los participantes. Las decisiones se tomarán según las ideas y las prácticas que son las nuestras, y las de la Internacional antiautoritaria. La expresión y la manifestación del racismo, del sexismo, de la xenofobia, de la homofobia y de toda forma de violencia y de discriminación no se tolerarán.

Tomando como base lo que se acaba de decir, cualquiera persona, estructura u organización puede pedir a asociarse a esta iniciativa, y proponer lugares de exposición, debates, conferencias, espectaculos, intervenciones, talleres etc … También buscamos voluntarios! ( flm.osl@espacenoir.ch )

El Comité de organización de los Encuentros Internacionales de l’Anarquismo, St-Imier 2012.

http://www.anarchisme2012.ch/

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Esta obra, como todos los escritos que hasta la fecha he publicado, nació de los acontecimientos. Es la continuación natural de las Cartas a un francés, publicadas en septiembre de 1870, y en las cuales tuve el fácil y triste honor de prever y predecir las horribles desgracias que hieren hoy a Francia, y con ella, a todo el mundo civilizado; desgracias contra las que no había ni queda ahora más que un remedio: la revolución social.

Probar esta verdad, de aquí en adelante incontestable, por el desenvolvimiento histórico de la sociedad, y por los hechos mismos que se desarrollan bajo nuestros ojos en Europa, de modo que sea aceptada por todos los hombres de buena fe, por todos los investigadores sinceros de la verdad, y luego exponer francamente, sin reticencia, sin equívocos, los principios filosóficos tanto como los fines prácticos que constituyen, por decirlo así, el alma activa, la base y el fin de lo que llamamos la revolución social, es el objeto del presente trabajo.

La tarea que me impuse no es fácil, lo sé, y se me podría acusar de presunción si aportase a este trabajo una pretensión personal. Pero no hay tal cosa, puedo asegurarlo al lector. No soy ni un sabio ni un filósofo, ni siquiera un escritor de oficio. Escribí muy poco en mi vida y no lo hice nunca sino en caso de necesidad, y solamente cuando una convicción apasionada me forzaba a vencer mi repugnancia instintiva a manifestarme mediante mis escritos.

¿Qué soy yo, y qué me impulsa ahora a publicar este trabajo? Soy un buscador apasionado de la verdad y un enemigo no menos encarnizado de las ficciones perjudiciales de que el partido del orden, ese representante oficial, privilegiado e interesado de todas las ignominias religiosas, metafísicas, políticas, jurídicas, económicas y sociales, presentes y pasadas, pretende servirse hoy todavía para embrutecer y esclavizar al mundo. Soy un amante fanático de la libertad, considerándola como el único medio en el seno de la cual pueden desarrollarse y crecer la inteligencia, la dignidad y la dicha de los hombres; no de esa libertad formal, otorgada, medida y reglamentada por el Estado, mentira eterna y que en realidad no representa nunca nada más que el privilegio de unos pocos fundado sobre la esclavitud de todo el mundo; no de esa libertad individualista, egoísta, mezquina y ficticia, pregonada por la escuela de J. J. Rousseau, así como todas las demás escuelas del liberalismo burgués, que consideran el llamado derecho de todos, representado por el Estado, como el límite del derecho de cada uno, lo cual lleva necesariamente y siempre a la reducción del derecho de cada uno a cero. No, yo entiendo que la única libertad verdaderamente digna de este nombre, es la que consiste en el pleno desenvolvimiento de todas las facultades materiales, intelectuales y morales de cada individuo. Y es que la libertad, la auténtica, no reconoce otras restricciones que las propias de las leyes de nuestra propia naturaleza. Por lo que, hablando propiamente, la libertad no tiene restricciones, puesto que esas leyes no nos son impuestas por un legislador, sino que nos son inmanentes, inherentes, y constituyen la base misma de todo nuestro ser, y no pueden ser vistas como una limitante, sino más bien debemos considerarlas como las condiciones reales y la razón efectiva de nuestra libertad.

Yo me refiero a la libertad de cada uno que, lejos de agotarse frente a la libertad del otro, encuentra en ella su confirmación y su extensión hasta el infinito; la libertad ilimitada de cada uno por la libertad de todos, la libertad en la solidaridad, la libertad en la igualdad; la libertad triunfante sobre el principio de la fuerza bruta y del principio de autoridad que nunca ha sido otra cosa que la expresión ideal de esa fuerza; la libertad que, después de haber derribado todos los ídolos celestes y terrestres, fundará y organizará un mundo nuevo: el de la humanidad solidaria, sobre la ruina de todas la Iglesias y de todos los Estados.

Soy un partidario convencido de la igualdad económica y social, porque sé que fuera de esa igualdad, la libertad, la justicia, la dignidad humana, la moralidad y el bienestar de los individuos, lo mismo que la prosperidad de las naciones, no serán más que otras tantas mentiras. Pero, partidario incondicional de la libertad, esa condición primordial de la humanidad, pienso que la igualdad debe establecerse en el mundo por la organización espontánea del trabajo y de la propiedad colectiva de las asociaciones productoras libremente organizadas y federadas en las comunas, mas no por la acción suprema y tutelar del Estado.

Este es el punto que nos divide a los socialistas revolucionarios, de los comunistas autoritarios que defienden la iniciativa absoluta del Estado. El fin es el mismo, ya que ambos deseamos por igual la creación de un orden social nuevo, fundado únicamente sobre la organización del trabajo colectivo en condiciones económicas de irrestricta igualdad para todos, teniendo como base la posesión colectiva de los instrumentos de trabajo.

Ahora bien, los comunistas se imaginan que podrían llegar a eso por el desenvolvimiento y por la organización de la potencia política de las clases obreras, y principalmente del proletariado de las ciudades, con ayuda del radicalismo burgués, mientras que los socialistas revolucionarios, enemigos de toda ligazón y de toda alianza equívoca, pensamos que no se puede llegar a ese fin más que por el desenvolvimiento y la organización de la potencia no política sino social de las masas obreras, tanto de las ciudades como de los campos, comprendidos en ellas los hombres de buena voluntad de las clases superiores que, rompiendo con todo su pasado, quieran unirse francamente a ellas y acepten íntegramente su programa.

He ahí dos métodos diferentes. Los comunistas creen deber el organizar a las fuerzas obreras para posesionarse de la potencia política de los Estados. Los socialistas revolucionarios nos organizamos teniendo en cuenta su inevitable destrucción, o, si se quiere una palabra más cortés, teniendo en cuenta la liquidación de los Estados. Los comunistas son partidarios del principio y de la práctica de la autoridad, los socialistas revolucionarios no tenemos confianza más que en la libertad. Partidarios unos y otros de la ciencia que debe liquidar a la fe, los primeros quisieran imponerla y nosotros nos esforzamos en propagarla, a fin de que los grupos humanos, por ellos mismos se convenzan, se organicen y se federen de manera espontánea, libre; de abajo hacia arriba conforme a sus intereses reales, pero nunca siguiendo un plan trazado de antemano e impuesto a las masas ignorantes por algunas inteligencias superiores.

Los socialistas revolucionarios pensamos que hay mucha más razón práctica y espíritu en las aspiraciones instintivas y en las necesidades reales de las masas populares, que en la inteligencia profunda de todos esos doctores y tutores de la humanidad que, a tantas tentativas frustradas para hacerla feliz, pretenden añadir otro fracaso más. Los socialistas revolucionarios pensamos, al contrario, que la humanidad ya se ha dejado gobernar bastante tiempo, demasiado tiempo, y se ha convencido que la fuente de sus desgracias no reside en tal o cual forma de gobierno, sino en el principio y en el hecho mismo del gobierno, cualquiera que este sea.

Esta es, en fin, la contradicción que existe entre el comunismo científicamente desarrollado por la escuela alemana y aceptado en parte por los socialistas americanos e ingleses, y el socialismo revolucionario ampliamente desenvuelto y llevado hasta sus últimas consecuencias, por el proletariado de los países latinos.

El socialismo revolucionario llevó a cabo un intento práctico en la Comuna de París.

Soy un partidario de la Comuna de París, la que no obstante haber sido masacrada y sofocada en sangre por los verdugos de la reacción monárquica y clerical, no por eso ha dejado de hacerse más vivaz, más poderosa en la imaginación y en el corazón del proletariado de Europa; soy partidario de ella sobre todo porque ha sido una audaz negativa del Estado.

Es un hecho histórico el que esa negación del Estado se haya manifestado precisamente en Francia, que ha sido hasta ahora el país mas proclive a la centralización política; y que haya sido precisamente París, la cabeza y el creador histórico de esa gran civilización francesa, el que haya tomado la iniciativa. París, abdicando de su corona y proclamando con entusiasmo su propia decadencia para dar la libertad y la vida a Francia, a Europa, al mundo entero; París, afirmando nuevamente su potencia histórica de iniciativa al mostrar a todos los pueblos esclavos el único camino de emancipación y de salvación; París, que da un golpe mortal a las tradiciones políticas del radicalismo burgués y una base real al socialismo revolucionario; París, que merece de nuevo las maldiciones de todas las gentes reaccionarias de Francia y de Europa; París, que se envuelve en sus ruinas para dar un solemne desmentido a la reacción triunfante; que salva, con su desastre, el honor y el porvenir de Francia y demuestra a la humanidad que si bien la vida, la inteligencia y la fuerza moral se han retirado de las clases superiores, se conservaron enérgicas y llenas de porvenir en el proletariado; París, que inaugura la era nueva, la de la emancipación definitiva y completa de las masas populares y de su real solidaridad a través y a pesar de las fronteras de los Estados; París, que mata la propiedad y funda sobre sus ruinas la religión de la humanidad; París, que se proclama humanitario y ateo y reemplaza las funciones divinas por las grandes realidades de la vida social y la fe por la ciencia; las mentiras y las iniquidades de la moral religiosa, política y jurídica por los principios de la libertad, de la justicia, de la igualdad y de la fraternidad, fundamentos eternos de toda moral humana; París heroico y racional confirmando con su caída el inevitable destino de la humanidad transmitiéndolo mucho más enérgico y viviente a las generaciones venideras; París, inundado en la sangre de sus hijos más generosos. París, representación de la humanidad crucificada por la reacción internacional bajo la inspiración inmediata de todas las iglesias cristianas y del gran sacerdote de la iniquidad, el Papa. Pero la próxima revolución internacional y solidaria de los pueblos será la resurrección de París.

Tal es el verdadero sentido y tales las consecuencias bienhechoras e inmensas de los dos meses memorables de la existencia y de la caída imperecedera de la Comuna de París.

La Comuna de París ha durado demasiado poco tiempo y ha sido demasiado obstaculizada en su desenvolvimiento interior por la lucha mortal que debió sostener contra la reacción de Versalles, para que haya podido, no digo aplicar, sino elaborar teóricamente su programa socialista. Por lo demás, es preciso reconocerlo, la mayoría de los miembros de la Comuna no eran socialistas propiamente y, si se mostraron tales, es que fueron arrastrados invisiblemente por la fuerza irresistible de las cosas, por la naturaleza de su ambiente, por las necesidades de su posición y no por su convicción íntima. Los socialistas, a la cabeza de los cuales se coloca naturalmente nuestro amigo Varlin, no formaban en la Comuna mas que una minoría ínfima; a lo sumo no eran más que unos catorce o quince miembros. El resto estaba compuesto por jacobinos. Pero entendámonos, hay de jacobinos a jacobinos. Existen los jacobinos abogados y doctrinarios, como el señor Gambetta, cuyo republicanismo positivista, presuntuoso, despótico y formalista, habiendo repudiado la antigua fe revolucionaria y no habiendo conservado del jacobinismo mas que el culto de la unidad y de la autoridad, entregó la Francia popular a los prusianos y más tarde a la reacción interior; y existen los jacobinos francamente revolucionarios, los héroes, los últimos representantes sinceros de la fe democrática de 1793, capaces de sacrificar su unidad y su autoridad bien amadas, a las necesidades de la revolución, ante todo; y como no hay revolución sin masas populares, y como esas masas tienen eminentemente hoy el instinto socialista y no pueden ya hacer otra revolución que una revolución económica y social, los jacobinos de buena fe, dejándose arrastrar más y más por la lógica del movimiento revolucionario, acabaron convirtiéndose en socialistas a su pesar.

Tal fue precisamente la situación de los jacobinos que formaron parte de la Comuna de París. Delescluze y muchos otros, firmaron proclamas y programas cuyo espíritu general y cuyas promesas eran positivamente socialistas. Pero como a pesar de toda su buena fe y de toda su buena voluntad no eran más que individuos arrastrados al campo socialista por la fuerza de las circunstancias, como no tuvieron tiempo ni capacidad para vencer y suprimir en ellos el cúmulo de prejuicios burgueses que estaban en contradicción con el socialismo, hubieron de paralizarse y no pudieron salir de las generalidades, ni tomar medidas decisivas que hubiesen roto para siempre todas sus relaciones con el mundo burgués.

Fue una gran desgracia para la Comuna y para ellos; fueron paralizados y paralizaron la Comuna; pero no se les puede reprochar como una falta. Los hombres no se transforman de un día a otro y no cambian de naturaleza ni de hábitos a voluntad. Han probado su sinceridad haciéndose matar por la Comuna. ¿Quién se atreverá a pedirles más?

Son tanto más excusables cuanto que el pueblo de París mismo, bajo la influencia del cual han pensado y obrado, era mucho más socialista por instinto que por idea o convicción reflexiva. Todas sus aspiraciones son en el más alto grado y exclusivamente socialistas; pero sus ideas o más bien sus representaciones tradicionales están todavía bien lejos de haber llegado a esta altura. Hay todavía muchos prejuicios jacobinos, muchas imaginaciones dictatoriales y gubernamentales en el proletariado de las grandes ciudades de Francia y aún en el de París. El culto a la autoridad religiosa, esa fuente histórica de todas las desgracias, de todas las depravaciones y de todas las servidumbres populares no ha sido desarraigado aún completamente de su seno. Esto es tan cierto que hasta los hijos más inteligentes del pueblo, los socialistas más convencidos, no llegaron aún a libertarse de una manera completa de ella. Mirad su conciencia y encontraréis al jacobino, al gubernamentalista, rechazado hacia algún rincón muy oscuro y vuelto muy modesto, es verdad, pero no enteramente muerto.

Por otra parte, la situación del pequeño número de los socialistas convencidos que han constituido parte de la Comuna era excesivamente difícil. No sintiéndose suficientemente sostenidos por la gran masa de la población parisiense, influenciando apenas sobre unos millares de individuos, la organización de la Asociación Internacional, por lo demás muy imperfecta, han debido sostener una lucha diaria contra la mayoría jacobina. ¡Y en medio de qué circunstancias! Les ha sido necesario dar trabajo y pan a algunos centenares de millares de obreros, organizarlos y armarlos combatiendo al mismo tiempo las maquinaciones reaccionarias en una ciudad inmensa como París, asediada, amenazada por el hambre, y entregada a todas las sucias empresas de la reacción que había podido establecerse y que se mantenía en Versalles, con el permiso y por la gracia de los prusianos. Les ha sido necesario oponer un gobierno y un ejército revolucionarios al gobierno y al ejército de Versalles, es decir, que para combatir la reacción monárquica y clerical, han debido, olvidando y sacrificando ellos mismos las primeras condiciones del socialismo revolucionario, organizarse en reacción jacobina.

¿No es natural que en medio de circunstancias semejantes, los jacobinos, que eran los más fuertes, puesto que constituían la mayoría en la Comuna y que además poseían en un grado infinitamente superior el instinto político, la tradición y la práctica de la organización gubernamental, hayan tenido inmensas ventajas sobre los socialistas? De lo que hay que asombrarse es de que no se hayan aprovechado mucho más de lo que lo hicieron, de que no hayan dado a la sublevación de París un carácter exclusivamente jacobino y de que se hayan dejado arrastrar, al contrario, a una revolución social.

Sé que muchos socialistas, muy consecuentes en su teoría, reprochan a nuestros amigos de París el no haberse mostrado suficientemente socialistas en su práctica revolucionaria, mientras que todos los ladrones de la prensa burguesa los acusan, al contrario, de no haber seguido más que demasiado fielmente el programa del socialismo. Dejemos por el momento a un lado a los innobles denunciadores de esa prensa, y observemos que los severos teóricos de la emancipación del proletariado son injustos hacia nuestros hermanos de París porque, entre las teorías más justas y su práctica, hay una distancia inmensa que no se franquea en algunos días. El que ha tenido la dicha de conocer a Varlin, por ejemplo, para no nombrar sino a aquel cuya muerte es cierta, sabe cómo han sido apasionadas, reflexivas y profundas en él y en sus amigos las convicciones socialistas. Eran hombres cuyo celo ardiente, cuya abnegación y buena fe no han podido ser nunca puestas en duda por nadie de los que se les hayan acercado. Pero precisamente porque eran hombres de buena fe, estaban llenos de desconfianza en sí mismos al tener que poner en práctica la obra inmensa a que habían dedicado su pensamiento y su vida. Tenían por lo demás la convicción de que en la revolución social, diametralmente opuesta a la revolución política, la acción de los individuos es casi nula y, por el contrario, la acción espontánea de las masas lo es todo. Todo lo que los individuos pueden hacer es elaborar, aclarar y propagar las ideas que corresponden al instinto popular y además contribuir con sus esfuerzos incesantes a la organización revolucionaria del potencial natural de las masas, pero nada más, siendo al pueblo trabajador al que corresponde hacerlo todo. Ya que actuando de otro modo se llegaría a la dictadura política, es decir, a la reconstitución del Estado, de los privilegios, de las desigualdades, llegándose al restablecimiento de la esclavitud política, social, económica de las masas populares.

Varlin y sus amigos, como todos los socialistas sinceros, y en general como todos los trabajadores nacidos y educados en el pueblo, compartían en el más alto grado esa prevención perfectamente legítima contra la iniciativa continua de los mismos individuos, contra la dominación ejercida por las individualidades superiores; y como ante todo eran justos, dirigían también esa prevención, esa desconfianza, contra sí mismos más que contra todas las otras personas. Contrariamente a ese pensamiento de los comunistas autoritarios, según mi opinión, completamente erróneo, de que una revolución social puede ser decretada y organizada sea por una dictadura, sea por una asamblea constituyente salida de una revolución política, nuestros amigos, los socialistas de París, han pensado que no podía ser hecha y llevada a su pleno desenvolvimiento más que por la acción espontánea y continua de las masas, de los grupos y de las asociaciones populares.

Nuestros amigos de París han tenido mil veces razón. Porque, en efecto, por general que sea, ¿cuál es la cabeza, o si se quiere hablar de una dictadura colectiva, aunque estuviese formada por varios centenares de individuos dotados de facultades superiores, cuáles son los cerebros capaces de abarcar la infinita multiplicidad y diversidad de los intereses reales, de las aspiraciones, de las voluntades, de las necesidades cuya suma constituye la voluntad colectiva de un pueblo, y capaces de inventar una organización social susceptible de satisfacer a todo el mundo? Esa organización no será nunca más que un lecho de Procusto sobre el cual, la violencia más o menos marcada del Estado forzará a la desgraciada sociedad a extenderse. Esto es lo que sucedió siempre hasta ahora, y es precisamente a este sistema antiguo de la organización por la fuerza a lo que la revolución social debe poner un término, dando a las masas su plena libertad, a los grupos, a las comunas, a las asociaciones, a los individuos mismos, y destruyendo de una vez por todas la causa histórica de todas las violencias, el poder y la existencia misma del Estado, que debe arrastrar en su caída todas las iniquidades del derecho jurídico con todas las mentiras de los cultos diversos, pues ese derecho y esos cultos no han sido nunca nada más que la consagración obligada, tanto ideal como real, de todas las violencias representadas, garantizadas y privilegiadas por el Estado.

Es evidente que la libertad no será dada al género humano, y que los intereses reales de la sociedad, de todos los grupos, de todas las organizaciones locales así como de todos los individuos que la forman, no podrán encontrar satisfacción real más que cuando no haya Estados. Es evidente que todos los intereses llamados generales de la sociedad, que el Estado pretende representar y que en realidad no son otra cosa que la negación general y consciente de los intereses positivos de las regiones, de las comunas, de las asociaciones y del mayor número de individuos a él sometidos, constituyen una ficción, una obstrucción, una mentira, y que el Estado es como una carnicería y como un inmenso cementerio donde, a su sombra, acuden generosa y beatamente, a dejarse inmolar y enterrar, todas las aspiraciones reales, todas las fuerzas vivas de un país; y como ninguna abstracción existe por sí misma, ya que no tiene ni piernas para caminar, ni brazos para crear, ni estómago para digerir esa masa de víctimas que se le da para devorar, es claro que también la abstracción religiosa o celeste de Dios, representa en realidad los intereses positivos, reales, de una casta privilegiada: el clero, y su complemento terrestre, la abstracción política, el Estado, representa los intereses no menos positivos y reales de la clase explotadora que tiende a englobar todas las demás: la burguesía. Y como el clero está siempre dividido y hoy tiende a dividirse todavía más en una minoría muy poderosa y muy rica, y una mayoría muy subordinada y hasta cierto punto miserable. Por su parte, la burguesía y sus diversas organizaciones políticas y sociales, en la industria, en la agricultura, en la banca y en el comercio, al igual que en todos los órganos administrativos, financieros, judiciales, universitarios, policiales y militares del Estado, tiende a escindirse cada día más en una oligarquía realmente dominadora y en una masa innumerable de seres más o menos vanidosos y más o menos decaídos que viven en una perpetua ilusión, rechazados inevitablemente y empujados, cada vez más hacia el proletariado por una fuerza irresistible: la del desenvolvimiento económico actual, quedando reducidos a servir de instrumentos ciegos de esa oligarquía omnipotente.

La abolición de la Iglesia y del Estado debe ser la condición primaria e indispensable de la liberación real de la sociedad; después de eso, ella sola puede y debe organizarse de otro modo, pero no de arriba a abajo y según un plan ideal, soñado por algunos sabios, o bien a golpes de decretos lanzados por alguna fuerza dictatorial o hasta por una asamblea nacional elegida por el sufragio universal. Tal sistema, como lo he dicho ya, llevaría inevitablemente a la creación de un nuevo Estado, y, por consiguiente, a la formación de una aristocracia gubernamental, es decir, de una clase entera de gentes que no tienen nada en común con la masa del pueblo y, ciertamente, esa clase volvería a explotar y a someter bajo el pretexto de la felicidad común, o para salvar al Estado.

La futura organización social debe ser estructurada solamente de abajo a arriba, por la libre asociación y federación de los trabajadores, en las asociaciones primero, después en las comunas, en las regiones, en las naciones y finalmente en una gran federación internacional y universal. Es únicamente entonces cuando se realizará el orden verdadero y vivificador de la libertad y de la dicha general, ese orden que, lejos de renegar, afirma y pone de acuerdo los intereses de los trabajadores y los de la sociedad.

Se dice que el acuerdo y la solidaridad universal de los individuos y de la sociedad no podrá realizarse nunca porque esos intereses, siendo contradictorios, no están en condición de contrapesarse ellos mismos o bien de llegar a un acuerdo cualquiera. A una objeción semejante responderé que si hasta el presente los intereses no han estado nunca ni en ninguna parte en acuerdo mutuo, ello tuvo su causa en el Estado, que sacrificó los intereses de la mayoría en beneficio de una minoría privilegiada. He ahí por qué esa famosa incompatibilidad y esa lucha de intereses personales con los de la sociedad, no es más que otro engaño y una mentira política, nacida de la mentira teológica que imaginó la doctrina del pecado original para deshonrar al hombre y destruir en él la conciencia de su propio valor. Esa misma idea falsa del antagonismo de los intereses fue creada también por los sueños de la metafísica que, como se sabe, es próxima pariente de la teología. Desconociendo la sociabilidad de la naturaleza humana, la metafísica consideraba la sociedad como un agregado mecánico y puramente artificial de individuos asociados repentinamente en nombre de un tratado cualquiera, formal o secreto, concluido libremente, o bien bajo la influencia de una fuerza superior. Antes de unirse en sociedad, esos individuos, dotados de una especie de alma inmortal, gozaban de una absoluta libertad.

Pero si los metafísicos, sobre todo los que creen en la inmortalidad del alma, afirman que los hombres fuera de la sociedad son seres libres, nosotros llegamos entonces inevitablemente a una conclusión: que los hombres no pueden unirse en sociedad más que a condición de renegar de su libertad, de su independencia natural y de sacrificar sus intereses, personales primero y grupales después. Tal renunciamiento y tal sacrificio de sí mismos debe ser por eso tanto más imperioso cuanto que la sociedad es más numerosa y su organización más compleja. En tal caso, el Estado es la expresión de todos los sacrificios individuales. Existiendo bajo una semejante forma abstracta, y al mismo tiempo violenta, continúa perjudicando más y más la libertad individual en nombre de esa mentira que se llama felicidad pública, aunque es evidente que la misma no representa más que los intereses de la clase dominante. El Estado, de ese modo, se nos aparece como una negación inevitable y como una aniquilación de toda libertad, de todo interés individual y general.

Se ve aquí que en los sistemas metafísicos y teológicos, todo se asocia y se explica por sí mismo. He ahí por qué los defensores lógicos de esos sistemas pueden y deben, con la conciencia tranquila, continuar explotando las masas populares por medio de la Iglesia y del Estado. Llenandose los bolsillos y sacando todos sus sucios deseos, pueden al mismo tiempo consolarse con el pensamiento de que penan por la gloria de Dios, por la victoria de la civilización y por la felicidad eterna del proletariado.

Pero nosotros, que no creemos ni en Dios ni en la inmortalidad del alma, ni en la propia libertad de la voluntad, afirmamos que la libertad debe ser comprendida, en su acepción más completa y más amplia, como fin del progreso histórico de la humanidad. Por un extraño aunque lógico contraste, nuestros adversarios idealistas, de la teología y de la metafísica, toman el principio de la libertad como fundamento y base de sus teorías, para concluir buenamente en la indispensabilidad de la esclavitud de los hombres. Nosotros, materialistas en teoría, tendemos en la práctica a crear y hacer duradero un idealismo racional y noble. Nuestros enemigos, idealistas divinos y trascendentes, caen hasta el materialismo práctico, sanguinario y vil, en nombre de la misma lógica, según la cual todo desenvolvimiento es la negación del principio fundamental. Estamos convencidos de que toda la riqueza del desenvolvimiento intelectual, moral y material del hombre, lo mismo que su aparente independencia, son el producto de la vida en sociedad. Fuera de la sociedad, el hombre no solamente no será libre, sino que no será hombre verdadero, es decir, un ser que tiene conciencia de sí mismo, que siente, piensa y habla. El concurso de la inteligencia y del trabajo colectivo ha podido forzar al hombre a salir del estado de salvaje y de bruto que constituía su naturaleza primaria. Estamos profundamente convencidos de la siguiente verdad: que toda la vida de los hombres, es decir, sus intereses, tendencias, necesidades, ilusiones, e incluso sus tonterías, tanto como las violencias, y las injusticias que en carne propia sufren, no representa más que la consecuencia de las fuerzas fatales de la vida en sociedad. Las gentes no pueden admitir la idea de independencia mutua, sin renegar de la influencia recíproca de la correlación de las manifestaciones de la naturaleza exterior.

En la naturaleza misma, esa maravillosa correlación y filiación de los fenómenos no se ha conseguido sin lucha. Al contrario, la armonía de las fuerzas de la naturaleza no aparece más que como resultado verdadero de esa lucha constante que es la condición misma de la vida y el movimiento. En la naturaleza y en la sociedad el orden sin lucha es la muerte.

Si en el universo el orden natural es posible, es únicamente porque ese universo no es gobernado según algún sistema imaginado de antemano e impuesto por una voluntad suprema. La hipótesis teológica de una legislación divina conduce a un absurdo evidente y a la negación, no sólo de todo orden, sino de la naturaleza misma. Las leyes naturales no son reales más que en tanto son inherentes a la naturaleza, es decir, en tanto que no son fijadas por ninguna autoridad. Estas leyes no son más que simples manifestaciones, o bien continuas modalidades de hechos muy variados, pasajeros, pero reales. El conjunto constituye lo que llamamos naturaleza. La inteligencia humana y la ciencia observaron estos hechos, los controlaron experimentalmente, después los reunieron en un sistema y los llamaron leyes. Pero la naturaleza misma no conoce leyes; obra inconscientemente, representando por sí misma la variedad infinita de los fenómenos que aparecen y se repiten de una manera fatal. He ahí por qué, gracias a esa inevitabilidad de la acción, el orden universal puede existir y existe de hecho.

Un orden semejante aparece también en la sociedad humana que evoluciona en apariencia de un modo llamado antinatural, pero en realidad se somete a la marcha natural e inevitable de las cosas. Sólo que la superioridad del hombre sobre los otros animales y la facultad de pensar unieron a su desenvolvimiento un elemento particular que, como todo lo que existe, representa el producto material de la unión y de la acción de las fuerzas naturales. Este elemento particular es el razonamiento, o bien esa facultad de generalización y de abstracción gracias a la cual el hombre puede proyectarse por el pensamiento, examinándose y observándose como un objeto exterior extraño. Elevándose, por las ideas, por sobre sí mismo, así como por sobre el mundo circundante, logra arrivar a la representación de la abstracción perfecta: a la nada absoluta. Este límite último de la más alta abstracción del pensamiento, esa nada absoluta, es Dios.

He ahí el sentido y el fundamento histórico de toda doctrina teológica. No comprendiendo la naturaleza y las causas materiales de sus propios pensamientos, no dándose cuenta tampoco de las condiciones o leyes naturales que le son especiales, los hombres de la Iglesia y del Estado no pueden imaginar a los primeros hombres en sociedad, puesto que sus nociones absolutas no son más que el resultado de la facultad de concebir ideas abstractas. He ahí porque consideraron esas ideas, sacadas de la naturaleza, como objetos reales ante los cuales la naturaleza misma cesaba de ser algo. Luego se dedicaron a adorar a sus ficciones, sus imposibles nociones de absoluto, y a prodigarles todos los honores. Pero era preciso, de una manera cualquiera, figurar y hacer sensible la idea abstracta de la nada o de Dios. Con este fin inflaron la concepción de la divinidad y la dotaron, de todas las cualidades, buenas y malas, que encontraban sólo en la naturaleza y en la sociedad.

Tal fue el origen y el desenvolvimiento histórico de todas las religiones, comenzando por el fetichismo y acabando por el cristianismo.

No tenemos la intención de lanzarnos en la historia de los absurdos religiosos, teológicos y metafísicos, y menos aún de hablar del desplegamiento sucesivo de todas las encarnaciones y visiones divinas creadas por siglos de barbarie. Todo el mundo sabe que la superstición dio siempre origen a espantosas desgracias y obligó a derramar ríos de sangre y lágrimas. Diremos sólo que todos esos repulsivos extravíos de la pobre humanidad fueron hechos históricos inevitables en su desarrollo y en la evolución de los organismos sociales. Tales extravíos engendraron en la sociedad esta idea fatal que domina la imaginación de los hombres: la idea de que el universo es gobernado por una fuerza y por una voluntad sobrenaturales. Los siglos sucedieron a los siglos, y las sociedades se habituaron hasta tal punto a esta idea que finalmente mataron en ellas toda tendencia hacia un progreso más lejano y toda capacidad para llegar a él.

La ambición de algunos individuos y de algunas clases sociales, erigieron en principio la esclavitud y la conquista, y enraizaron la terrible idea de la divinidad. Desde entonces, toda sociedad fue imposible sin tener como base éstas dos instituciones: la Iglesia y el Estado. Estas dos plagas sociales son defendidas por todos los doctrinarios.

Apenas aparecieron estas dos instituciones en el mundo, se organizaron repentinamente dos castas sociales: la de los sacerdotes y la de los aristócratas, que sin perder tiempo se preocuparon en inculcar profundamente al pueblo subyugado la indispensabilidad, la utilidad y la santidad de la Iglesia y del Estado.

Todo eso tenía por fin transformar la esclavitud brutal en una esclavitud legal, prevista, consagrada por la voluntad del Ser Supremo.

Pero ¿creían sinceramente, los sacerdotes y los aristócratas, en esas instituciones que sostenían con todas sus fuerzas en su interés particular? o acaso ¿no eran más que mistificadores y embusteros? No, respondo, creo que al mismo tiempo eran creyentes e impostores.

Ellos creían, también, porque compartían natural e inevitablemente los extravíos de la masa y es sólo después, en la época de la decadencia del mundo antiguo, cuando se hicieron escépticos y embusteros. Existe otra razón que permite considerar a los fundadores de los Estados como gentes sinceras: el hombre cree fácilmente en lo que desea y en lo que no contradice a sus intereses; no importa que sea inteligente e instruido, ya que por su amor propio y por su deseo de convivir con sus semejantes y de aprovecharse de su respeto creerá siempre en lo que le es agradable y útil. Estoy convencido de que, por ejemplo, Thiers y el gobierno versallés se esforzaron a toda costa por convencerse de que matando en París a algunos millares de hombres, de mujeres y de niños, salvaban a Francia.

Pero si los sacerdotes, los augures, los aristócratas y los burgueses, de los viejos y de los nuevos tiempos, pudieron creer sinceramente, no por eso dejaron de ser siempre mistificadores. No se puede, en efecto, admitir que hayan creído en cada una de las ideas absurdas que constituyen la fe y la política. No hablo siquiera de la época en que, según Cicerón, los augures no podían mirarse sin reír. Aun en los tiempos de la ignorancia y de la superstición general es difícil suponer que los inventores de milagros cotidianos hayan sido convencidos de la realidad de esos milagros. Igual se puede decir de la política, según la cual es preciso subyugar y explotar al pueblo de tal modo, que no se queje demasiado de su destino, que no se olvide someterse y no tenga el tiempo para pensar en la resistencia y en la rebelión.

¿Cómo, pues, imaginar después de eso que las gentes que han transformado la política en un oficio y conocen su objeto – es decir, la injusticia, la violencia, la mentira, la traición, el asesinato en masa y aislado -, puedan creer sinceramente en el arte político y en la sabiduría de un Estado generador de la felicidad social? No pueden haber llegado a ese grado de estupidez, a pesar de toda su crueldad. La Iglesia y el Estado han sido en todos los tiempos grandes escuelas de vicios. La historia está ahí para atestiguar sus crímenes; en todas partes y siempre el sacerdote y el estadista han sido los enemigos y los verdugos conscientes, sistemáticos, implacables y sanguinarios de los pueblos.

Pero, ¿cómo conciliar dos cosas en apariencia tan incompatibles: los embusteros y los engañados, los mentirosos y los creyentes? Lógicamente eso parece difícil; sin embargo, en la realidad, es decir, en la vida práctica, esas cualidades se asocian muy a menudo.

Son mayoría las gentes que viven en contradicción consigo mismas. No lo advierten hasta que algún acontecimiento extraordinario las saca de la somnolencia habitual y las obliga a echar un vistazo sobre ellos y sobre su derredor.

En política como en religión, los hombres no son más que máquinas en manos de los explotadores. Pero tanto los ladrones como sus víctimas, los opresores como los oprimidos, viven unos al lado de otros, gobernados por un puñado de individuos a los que conviene considerar como verdaderos explotadores. Así, son esas gentes que ejercen las funciones de gobierno, las que maltratan y oprimen. Desde los siglos XVII y XVIII, hasta la explosión de la Gran Revolución, al igual que en nuestros días, mandan en Europa y obran casi a su capricho. Y ya es necesario pensar que su dominación no se prolongará largo tiempo.

En tanto que los jefes principales engañan y pierden a los pueblos, sus servidores, o las hechuras de la Iglesia y del Estado, se aplican con celo a sostener la santidad y la integridad de esas odiosas instituciones. Si la Iglesia, según dicen los sacerdotes y la mayor parte de los estadistas, es necesaria a la salvación del alma, el Estado, a su vez, es también necesario para la conservación de la paz, del orden y de la justicia; y los doctrinarios de todas las escuelas gritan: ¡sin iglesia y sin gobierno no hay civilización ni progreso!

No tenemos que discutir el problema de la salvación eterna, porque no creemos en la inmortalidad del alma. Estamos convencidos de que la más perjudicial de las cosas, tanto para la humanidad, para la libertad y para el progreso, lo es la Iglesia. ¿No es acaso a la iglesia a quien incumbe la tarea de pervertir las jóvenes generaciones, comenzando por las mujeres? ¿No es ella la que por sus dogmas, sus mentiras, su estupidez y su ignominia tiende a matar el razonamiento lógico y la ciencia? ¿Acaso no afecta a la dignidad del hombre al pervertir en él la noción de sus derechos y de la justicia que le asiste? ¿No transforma en cadáver lo que es vivo, no pierde la libertad, no es ella la que predica la esclavitud eterna de las masas en beneficio de los tiranos y de los explotadores? ¿No es ella, esa Iglesia implacable, la que tiende a perpetuar el reinado de las tinieblas, de la ignorancia, de la miseria y del crimen?

Si el progreso de nuestro siglo no es un sueño engañoso, debe conducir a la finiquitación de la Iglesia.

Entendemos como sindicato a aquella organización de trabajadores/as que se organizan para la defensa de sus intereses sociales, económicos y profesionales dentro del entorno laboral y la actividad de producción. En la CNT somos los/as trabajadores/as quienes nos organizamos por ramos de producción formando sindicatos y estos sindicatos se federan entre sí en Federaciones Locales, estas a su vez en Federaciones Regionales y estas a su vez se confederan entre sí.

Pero esto tiene un problema, y somos las personas que por circunstancias sociales y económicas propiciadas por el estado y el capital, aun siendo trabajadores/as en activo, nos encontramos en situación de desempleo. Situación delicada para cualquier persona, que si se amplia en el tiempo puede acarrear terribles y dramáticas consecuencias tanto personales, como familiares y sociales desembocando en un terrible sock y en la exclusión social.

Como se esta viendo actualmente en este contexto en el cual los capitalistas tienen sometido a la clase obrera a una crisis sin precedentes en la triste historia del estado Español, mientras los políticos solo se dedican a seguir parasitando, chupando, robando del bote y los banqueros siguen engordando cada vez más. La protección social que garantiza el Estado (Estado del Bienestar) es pésima e insuficiente: Familias enteras con todos sus miembros en paro sin ningún tipo de subsidios, desestructuración, desahucios etc. El estado del bienestar tiene su raíz en evitar el malestar social que llevó a Europa a la Segunda Guerra Mundial. Es un pacto social que establece un reparte equitativo de los beneficios y de la riqueza entre la población. Actualmente, la miseria a la que estamos condenados los trabajadores/as es gestionado por ONGs y asociaciones formadas por buitres carroñeros, más que por personas con inquietudes sociales. El estado del bienestar, mandatado por el neoliberalismo, esta siendo desmantelado y privatizando. Las ONGs, asociaciones y otras empresas se lucran a costa de subvenciones y concesiones que reciben de los estados a costa de mantener la miseria bajo mínimos y ejercer actividades que para nada acaba con la miseria, sino que la aumenta y la mantiene. Por lo tanto hasta los pobres somos rentables aunque no produzcamos.

Como trabajadores/as que somos organizados en CNT, es deber nuestro el fomentar entre los compañeros/as pertenecientes al sindicato en situaciones tan delicadas como la de encontrarse en paro, la autoorganización de los mismos para su autoprotección social, el fomento y la exigencia entre la clase obrera de las reivindicaciones de la CNT para acabar con esta lacra que nos atormenta como trabajadores/as:

  • Jornada Laboral de 30 horas semanales sin reducción del salario.
  • Reducción de la edad de jubilación a los 55 años sin reducción del salario.
  • No a los destajos
  • No a las horas extra
  • No al trabajo temporal
  • Control por parte de los sindicatos de las bolsas de trabajo

Por tanto, la actividad de la asamblea de parados de CNT de Madrid consistirá en:

  • Creación de comisiones para hablar con las empresas.
  • Concienciación de otros trabajadores/as en INEM`s, ETT`s y otros lugares donde existan obreros/as en búsqueda de empleo
  • Impedir desahucios de nuestros/as compañeros/as
  • Apoyo mutuo entre los/as parados/as y todos los trabajadores/as en activo de la Federación Local para asegurar las necesidades básicas de todos nuestros compañeros/as mediante la autogestión.

La finalidad es la inserción en el mercado laboral con un puesto fijo, estable, bien remunerado que satisfaga las necesidades de nuestros/as compañeros/as para acabar con esta situación. Todo ello, claro está, coordinado con la lucha del anarcosindicalismo para las mejoras de las condiciones de los/as trabajadores/as y seguir impulsando a nuestra organización como herramienta lucha para la totalidad de la clase obrera y seguir construyendo el cambio social hacia el comunismo libertario.

Asamblea de Parados de Madrid CNT-AIT

asambleadeparadoscntmadrid.blogspot.com

asamblea de parados de madrid

Este texto está escrito en Madrid, por lo que muchas de las descripciones y reflexiones pueden no ajustarse a la realidad de otras localidades, especialmente dada la heterogeneidad del movimiento 15M. Aun así, pensamos que puede resultar útil como punto de partida para la reflexión a todos los compañerxs que se están implicando en las asambleas, independientemente del sitio.

El texto ha sido redactado y corregido precipitadamente para que estuviese disponible antes de la convocatoria de asambleas de barrios y pueblos del 28 de mayo. Tenedlo en cuenta a la hora de leerlo y disculpad las meteduras de pata que pueda tener. 0. Unas palabras para empezar…

Dejemos las cosas claras. Lxs que firmamos este texto somos anarquistas, comunistas antiautoritarios, anticapitalistas o la etiqueta que más os guste. Es decir, estamos por la abolición del trabajo asalariado y el capital, la destrucción del estado y su sustitución por nuevas formas horizontales y fraternales de vivir en común. Creemos que los medios para conseguirlo deben ser lo más coherentes posible con los fines que buscan y, por tanto, estamos contra la participación en instituciones, contra los partidos políticos (parlamentarios o no) y las organizaciones jerárquicas, y apostamos por una política basada en el asamblearismo, la solidaridad, el apoyo mutuo, la acción directa, etc. Porque estamos convencidos que estos medios son los más eficaces para llevarnos a la revolución. Si decimos esto es para eliminar cualquier suspicacia y marcar las líneas sobre las que queremos que se mueva esta contribución. Ahora bien, el que estemos por una revolución social que destruya el capitalismo, el estado y que suponga la abolición de las clases sociales (y de tantas otras cosas), no significa que pensemos que esto puede ocurrir a corto plazo, de la noche a la mañana. Lo que hemos planteado aquí son fines, es decir, situaciones a las que, con suerte, llegaremos tras un largo recorrido y un desarrollo considerable del movimiento revolucionario. Pensar lo contrario no es que sea utópico, es un ejercicio de delirio y ensoñación inmediatista. Un planteamiento revolucionario debe plasmarse en una estrategia a corto plazo, en una serie de propuestas para intervenir en la realidad que nos acerquen a situaciones en las que estén en juego cuestiones como la abolición del trabajo asalariado, la instauración del comunismo libertario, la revolución social… cuestiones que hoy en día, obviamente, no están, ni de lejos, sobre la mesa. Esta intervención no puede limitarse a repetir machaconamente la rabiosa necesidad de revolución y de abolir el estado y el capital. Ser anarquista no significa ser un chapas que persigue a los demás repitiendo una y otra vez lo malo que es el estado y lo buena que es la anarquía. Y sin embargo, a raíz del movimiento 15-M, en los últimos días hemos leído por internet textos y comentarios cercanos al delirio inmediatista y, lo que es peor, hemos oído de compañerxs y amigxs posiciones que resbalan hacia el abismo del anarco-chapismo, que, con toda su buena intención, se atrapan en el maximalismo de las consignas grandiosas, de las propuestas a largo plazo, etc. Sabemos bien de lo que hablamos, todxs nosotrxs hemos estado en dichas situaciones y, lo que es peor, hemos contribuido en muchas ocasiones a su extensión. Dejemos claro también que este texto tiene tanto de crítica como de autocrítica, y que nos sirve, ante todo, para tratar de no caer nosotrxs mismxs también en dichas trampas. Para ir acabando, hay que tener en cuenta que este texto ha sido escrito deprisa y corriendo, al ritmo que marcan los acontecimientos, con el objetivo de que saliese antes del día 28, cuando se han convocado las Asambleas Populares en diferentes barrios y pueblos de Madrid, así que no os extrañe que en algunos puntos se note la precipitación y la urgencia. No damos para más.

En resumen, este texto pretende ser una reflexión y una propuesta para romper con el impasse en el que hemos estado anclados mucho tiempo, para deshacernos de lastres que muchxs arrastramos y nos inmovilizan. Es, en el fondo, una reflexión para intentar aclararnos en qué manera podemos aportar y participar en lo que ocurre a nuestro alrededor.

1. El Movimiento 15-M: coordenadas básicas

Y lo que ocurre a nuestro alrededor es, obviamente, el llamado movimiento 15-M, que en la última semana ha irrumpido como un elefante en la cacharrería en la política nacional. Nos guste o no, y lo queramos o no, el movimiento 15-M ha roto todas las expectativas y ha sorprendido a todo el mundo: policía, políticos, periodistas, convocantes, gente corriente, ciudadanistas, izquierdistas y, por supuesto, a los anarquistas. En primera instancia todo el mundo se quedó en fuera de juego y, a partir de ahí, todo ha sido una serie de intentos más o menos afortunados de tomar posiciones frente a o dentro del 15-M. No vamos a entrar a analizar sus causas o a repasar las diferentes teorías conspiranoicas o intoxicaciones que han surgido a su estela; no es importante para lo que queremos decir. Vamos a tratar de aportar lo que entendemos que son las coordenadas básicas en las que se mueve eso que llamamos movimiento 15-M o, al menos, las más importantes para ver si es posible (y en ese caso cómo) una participación anarquista o anticapitalista en él. Como es lógico, será una descripción fragmentaria, parcial e incompleta. Nos da igual, las cosas van demasiado rápido.

Lo primero que hay que decir es que el movimiento 15-M es un movimiento social real y, como tal, es tremendamente heterogéneo y contradictorio. Hay de todo y todo está en diferentes dosis. Es decir, todo lo que digamos aquí no debe tomarse como características definitorias absolutas, sino más bien como tendencias, matices, etc. Expresiones de un movimiento en construcción en cuyo seno hay luchas, tensiones y un continuo cambio.

Dicho esto, por su composición social y por las consignas que más se oyen en las asambleas y grupos de trabajo, así como por las opiniones de la gente que está continuamente publicitándolo en internet (twitter) podría decirse que, principalmente, es un movimiento ciudadanista y abiertamente demócrata. O mejor dicho, son este tipo de planteamientos de reforma política y social (reforma electoral, democracia real, mayor participación, crítica de los partidos políticos mayoritarios pero no del sistema representativo o los partidos en general…) los que, en general, aglutinan a más gente y manos alzadas a su alrededor.

Sin embargo, este contenido se expresa bajo formas asamblearias, que rechazan toda representación clásica (como por ejemplo, convertirse en otro partido político) y que reniegan de toda ideología, símbolo o forma política precocinada (desde partidos a banderas republicanas, pasando por las A circuladas). Hay una consigna que rula por twitter “Esto no va de izquierdas o derechas, sino de arriba y abajo”. Que, por el momento, apuesta mayoritariamente por la auto-organización, por la acción directa (no violenta) y la desobediencia civil, aunque no utilice estas palabras mágicas. La no-violencia es, de hecho, otra de las coordenadas fundamentales del 15-M, algo que, sin duda, es asumido colectivamente sin discusión. Entraremos en esto más adelante.

Todo esto no quita para que en su seno se pueda ver claramente una “lucha de poder” entre diferentes “facciones”, organizadas o no. Miembros y militantes de partidos políticos de izquierdas, miembros de los movimientos sociales, libertarios, gente normal y corriente “indignada” que va con su propia visión del mundo, etc. todos pugnan en su interior a todos los niveles, desde la orientación ideológica o práctica del movimiento, al control (y en muchos casos, manipulación) de las asambleas, comisiones, etc. En muchas comisiones y grupos se está viendo de todo: pérdidas casuales de actas, personalismos, gente que se aferra a las portavocías, delegados que se callan cosas en las asambleas generales, comisiones que se saltan acuerdos, grupitos que quieren mantener el chiringuito, etc. Muchas, seguro, fruto de la inexperiencia y los egos; otras, parecen directamente sacadas de los viejos manuales de manipulación de asambleas.

Alrededor de esta lucha, está también toda la gente que se acerca por allí. Gente que se acerca a participar, a escuchar, a ser escuchado, a aportar comida u otros materiales, a ver qué pasa, o simplemente a echarse unas fotos en plan turista en su propia ciudad. Bajo las carpas de Sol uno tiene la sensación de estar en un gran bazar en el que no se vende ni se compra nada.

Por otro lado, uno de los grandes problemas de las acampadas es la dificultad de participar en ella plenamente: no todo el mundo puede ir al centro todos los días, ni todo el mundo puede quedarse a dormir, ni todo el mundo puede participar habitualmente en las comisiones, etc. Esto sin duda puede favorecer la creación de liderazgos informales, camarillas, cosas raras y sesgos extraños que la gente, que gilipollas no es, lo va a notar, lo va a comentar y a actuar en consecuencia. De hecho, una posible consecuencia de quién está llevando el mayor peso del campamento (y también de quién está más habituado a ir y proponer actividades) es la progresiva guetización que ha sufrido la acampada el fin de semana. Comparada con el ambiente de encuentro y de protesta de los días más intensos (especialmente el viernes, dada la expectación por la prohibición de la Junta Electoral Central) el fin de semana la cosa perdió fuelle y comenzó a notarse un ambiente más lúdico y menos de protesta, a pesar de que las comisiones, subcomisiones y grupos de trabajo siguieron funcionando. A ratos, #acampadasol parece estar reproduciendo lo peor y más banal de las okupas del gueto: talleres, conciertos, batucadas, comedores, actuaciones, clowns, etc. a costa de sus aspectos iniciales, mucho más marcadamente de protesta, política e “indignación” (por pro-demócrata y limitada que fuese). En twitter, que no olvidemos que tiene gran culpa del ascenso del movimiento 15-M y del campamento de Sol, se está filtrando ese descontento en mucha gente, que no ve con buenos ojos esta deriva. Un ejemplo claro de ese descontento que tuvo lugar el fin de semana fue el tema botellón sí-botellón no, el sábado una de las asambleas tuvo que irse de Sol por la cantidad de gente que estaba a su pedo, y el tema de las batucadas, que el domingo obligaron incluso a aplazar a alguna asamblea que no oía con tanto ruido (aunque hay que decir, que las batucadas tuvieron bastante seguimiento, igual que el botellón).

Es obvio que el movimiento 15-M no es una revolución, eso es de primero de militancia, y quien lo critique en base al hashtag #spanishrevolution con el que se extendió inicialmente debería darse cuenta de que era una mezcla de marketing, gracieta e ilusión. Sin más.

El último apunte que queríamos hacer es lo que, para nosotrxs, quizás sea lo más importante que hemos visto junto con su marcado carácter asambleario y horizontal (con todos sus defectos, que son muchos): el cambio brutal de actitud que hemos podido observar en los alrededores de Sol durante toda esta semana. Recapitulemos. Tras la multitudinaria manifestación inicial del 15 de mayo y, especialmente, tras el desalojo de los primeros acampados, la gente ha tomado masivamente noche tras noche la Puerta del Sol de una manera que ninguno de nosotrxs habíamos visto nunca. Las movilizaciones contra la guerra, aunque alguna fuera más masiva, no tuvieron, ni de lejos, la continuidad, participación, actitud y ambiente que hemos visto esta semana en Sol. Es como si, de repente, la pasividad y el ir cada uno a lo suyo se hubiesen roto alrededor del Km. 0. Repartir panfletos en Sol y sus calles aledañas es una gozada, la gente te entra para pedirte que le des uno, los coge con una sonrisa, te pregunta, te da las gracias… Los primeros días, si hacías un corrillo para hablar de algo, la gente arrimaba la oreja para intervenir, para escuchar. Ha sido normal ver a la gente de lo más variopinta discutiendo en pequeños grupetes. Los grupos de trabajo y las asambleas generales son acontecimientos masivos de entre 500, 600 y 2000 personas (sentadas, de pie, arrejuntándose para oír algo), etc. Y aparte de esto, esa sensación permanente de buen ambiente, de “esto es algo especial”. Todo esto alcanzó su punto álgido la noche del viernes al sábado, cuando empezó la jornada de reflexión. Escuchar a más de 20.000 personas gritar “Somos ilegales” y disfrutar como niños de saltarse la ley, la verdad, impresiona. Bien es cierto que ese ambiente intenso, de participación y de política real empezó a decaer a partir de esa noche. En parte por el subidón del viernes noche, en parte por la decisión de “no hacer política” durante el sábado y el domingo, el fin de semana ha tenido un tono mucho más festivo, más “circense” que los días anteriores. Aun así, nosotrxs no recordamos nada parecido, la verdad.

2. Lo que no está en juego. Una visión estratégica.

Dicho esto, ¿qué pintamos los anarquistas por allí? Para cualquier libertario con dos dedos de frente, afortunadamente la gran mayoría, es evidente que es necesario estar allí, que ahí hay tema. Lo que ninguno tenemos tan claro es qué podemos hacer, qué podemos aportar y qué podemos esperar del movimiento 15-M. Y es lógico, dada la heterogeneidad y contradicciones que abarca. En esta sección vamos a intentar expresar cómo y en qué sentido vemos nosotrxs que puede ser interesante participar y aportar en dicho movimiento. Decimos visión estratégica porque es una visión general, que intentaremos acotar más adelante con propuestas concretas y algunas consideraciones tácticas.

La mayor parte del proceso que se desarrolla actualmente en el movimiento del 15-M consiste en tratar de encontrar las consignas y reivindicaciones políticas que van a definirlo. Ese proceso se está dando tanto en los grupos de trabajo como en las propias comisiones. En los primeros está más el debate y la pelea ideológica, en algunas de las segundas, en las que se concretan dichos debates, es donde se están viendo las artimañas, tejemanejes, etc. No hay que ser muy listo para saber dónde está el lio: comisiones como comunicación, interna, asamblea y política son donde uno se va a encontrar mayor número de políticos por metro cuadrado. Mientras que en comisiones como infraestructura, alimentación o respeto, las cuchilladas serán mucho menores. Ojo, que no estamos diciendo que en las comisiones sólo se esté haciendo esto, pero algunas cosas que hemos visto o nos han contado tienen tela.

Como hemos dicho anteriormente, las reivindicaciones con mayor eco en #acampadasol son las de reforma política y, en menor medida, social, de gran contenido ciudadanista: reforma de la ley electoral, una ley de responsabilidad política, mayor participación, ley de dación en pago de las hipotecas, etc. Los miembros y militantes de partidos de izquierda (IU, IA, etc.) y movimiento sociales están tratando de virar el barco más hacia la izquierda, para que asuma reivindicaciones clásicas de la izquierda (desde la renta básica o la condonación de la deuda externa, a la nacionalización de la banca) aunque en frente tienen a los que prefieren que el movimiento sea lo más neutral posible (por ejemplo, http://twitpic.com/51lyqa) y se centre en un #consensodeminimos básico[1]. En nuestra opinión, creemos que lo más probable es que el objetivo final de unos y otros sea que, o bien mediante algún tipo de Iniciativa Legislativa Popular[2] o bien de la mano de algún partido político, seguramente IU, se presente una propuesta al Congreso y se pida su aprobación mediante un referéndum. En este sentido, unos y otros se juegan los contenidos de dicha propuesta y seguramente cómo se va a hacer, pero en un momento dado pueden confluir en ciertos puntos básicos.

Obviamente, los anarquistas estamos convencidos de que si se lograran algunas de estas reformas, aun cambiando algunos de los “defectos” del sistema que más sulfuran a la gente, no van a modificar para nada lo esencial. El problema no es la corrupción política, sino la política como esfera separada de la vida, el problema no es la falta de transparencia de los gobiernos, son los propios gobiernos, y el problema no es la banca y los banqueros, sino la explotación capitalista: la grande, y la pequeña.

Dicho esto, creemos que los anarquistas ni estamos ni deberíamos estar en esa pelea, la de las reivindicaciones grandilocuentes y la política de altos vuelos. No deberíamos entrar en ese juego, aunque si queremos estar en las asambleas debemos asumir que tendremos que tragar y enfrentarnos a ello. A nosotrxs no se nos ha perdido nada en ese tablero. El movimiento del 15-M no es un movimiento anarquista o anticapitalista, así que las reivindicaciones anarquistas maximalistas están fuera de lugar. No tiene sentido luchar por que las asambleas generales asuman cosas como la autogestión generalizada, la abolición de las cárceles o incluso simplemente la huelga general indefinida, porque es evidente que la gente que está ahí y la gente que lo sigue con expectación y simpatía no está por eso. Suponiendo (y es mucho suponer) que por alguna extraña razón, o tejemaneje, se consiguiese que la asamblea general o las asambleas de los barrios aceptasen y asumiesen como propia alguna de estas consignas, lo más seguro es que el movimiento 15-M se desinflaría rápidamente, perdiese buena parte de sus apoyos y simpatías, y se quedase en un extraño cóctel frentepopulista de militantes izquierdistas, ciudadanistas, comunistas y anarquistas. Es decir, justo lo que siempre hemos criticado y donde nunca hemos querido estar. En política existe un término que se llama “votar con los pies”, significa que cuando no te gusta la gestión de un lugar, simplemente te vas a otro lado. Algo parecido pasa en todas las asambleas, hay mucha gente que cuando algo no le gusta o no se siente cómodo, se calla, agacha la cabeza y deja de pasarse, sin reflejar su descontento.

¿Por qué ocurre todo esto? Pues porque los movimientos reales suelen ser bastante complejos. Tienen su composición, su idiosincrasia y sus desarrollos, y, sobre todo, porque no se puede pretender que la gente se haga anarquista de la noche a la mañana. Ninguno de nosotrxs hemos llegado a serlo rápida e indoloramente, sino a base de equívocos, ilusiones, incoherencias, desengaños, debates, frustraciones, flipaduras y de darnos muchas veces de bruces contra el suelo (a veces en un sentido literal, con un policía encima). Da igual que en estas ocasiones, las personas y las cosas cambien vertiginosamente. Lo sentimos, pero creemos que, simplemente, no funcionará.

Tenemos que ser conscientes de la representatividad de las comisiones frente a las personas que integran la movilización. Esto se vio claramente en la comisión de Política, que en el momento de mayor auge pudo aglutinar unas 350 personas entre las dos subcomisiones (corto y largo plazo), está claro que las asambleas son abiertas y todos y todas podrían participar en ellas pero lo cierto es que al final se han convertido en dos subcomisiones que aparentemente se han separado por fases temporales, pero que realmente marcan dos postulados muy diferentes, el “reformista” y el “revolucionario”, entre los que están exigiendo y legitimando a las estructuras de poder con pequeñas (o grandes) reformas legislativas, y los que quieren marcar una hoja de ruta de ruptura con el modelo impuesto por el capitalismo.

Esto es un grave error ya que medidas “revolucionarias” o radicales, puede haberlas a corto plazo y a largo, sólo hay que tener claro de contexto actual y los pasos que queremos dar. Por citar un ejemplo, en la Comisión a Corto Plazo se plantean cambios en la Constitución española, y en la Comisión de Largo Plazo consensos como huelga general. No creemos que un cambio en la Constitución (necesita la aprobación de ¾ partes del Congreso de los Diputados) sea mucho más factible a corto plazo que convocar una huelga general (que es más una herramienta de lucha que un fin en sí mismo), por mucho que esto sea, a día de hoy, bastante complicado.

Creemos necesaria una reflexión sobre nuestra implicación en las comisiones, intentar que sean eficientes y el desgaste y el derroche de energías esté bien canalizado. No sirve de nada que 200 personas con un ideario “similar” se junten y marquen un rumbo que no sea ni asumible por este movimiento (a día de hoy) ni dejar que las exigencias a corto plazo sean simplemente un alegato a fortalecer el estado del bienestar… En dicha reflexión deberíamos hacer una autocrítica y plantearnos de forma inmediata propuestas a corto y largo plazo asumibles y que caminen o que nos hagan avanzar pasitos hacia una revolución social de verdad, ya que si no terminaremos en la inanición propia de un grupo de personas que están por encima del momento. Deberíamos mostrar cierta inteligencia y sumarnos de forma real a la ilusión de cambio que se respira estos días por la puerta del Sol, a ver si entre todos conseguimos que ese cambio vaya un poco más allá de cuatro arreglos en la fachada de la democracia.

Entonces ¿qué otras opciones tenemos?

Seguro que muchos se habrán planteado, o incluso se habrán encontrado haciéndolo casi sin darse cuenta, lo que podríamos llamar rebajar el discurso, es decir, edulcorar nuestras propuestas a ver si con un poco de azúcar pasan mejor. Por ejemplo, jugando un interesado confusionismo semántico que habla de “democracia directa” en vez de “anarquía”, tragar con todo lo que tengamos que tragar para mantener la historia en el tiempo, etc., etc.

Otra opción es abandonar el chiringuito por reformista. Tal y como nosotrxs lo vemos esto es simplemente absurdo. Básicamente porque ni actualmente ni a lo largo de la historia, los movimientos revolucionarios brotan de la nada o surgen solos, sino que son los propios revolucionarios, y los acontecimientos, los que con su esfuerzo y tesón a veces consiguen que los movimientos sociales dejen de ser el coto de partidos, aprovechados, etc.

Aunque hablaremos de esto más adelante, dejemos claro que nuestra idea no es convertir el movimiento 15-M en un “movimiento revolucionario” de masas, algo igual de peliculero que pensar que la anarquía vendrá mañana si lo deseamos con suficiente fuerza. Tampoco estamos diciendo que tengamos que estar por estar hasta el final. Tenemos bastante claro que, si no hacemos las cosas bien, en algún momento habrá que irse o, también bastante probable, nos acabarán echando. Pero nos parece obvio que ese momento no ha llegado aún, que todavía hay oportunidades de aportar y participar en esta historia, sobre todo de cara a la convocatoria de asambleas populares en los barrios.

Sirva esto para dejar claro que no somos unos ilusos, a los que el 15-M les ha nublado la vista o que han cerrado sus chiringuitos “por revolución” (más marketing), sino simplemente somos anarquistas que hemos visto una oportunidad clara, la primera en muchos años, de participar en un movimiento real de tamaño considerable.

3. Por una participación anarquista práctica y concreta.

En nuestra opinión, lo que está en juego en el movimiento 15-M es conseguir que sea un punto de partida capaz de activar la lucha cotidiana por aspectos concretos y básicos, una lucha que se lleve a cabo desde la horizontalidad, el asamblearismo, la acción directa, la participación directa, la solidaridad, etc. que forman parte de las coordenadas básicas del movimiento 15-M. Que las asambleas no sólo sean sitios desde los que pedir (¿A quién? ¿Cómo?) leyes, reformas y referéndums (¿Cuáles?), sino que sean espacios en los que la gente debata sobre sus propios problemas, busque soluciones y decida cómo llevarlas a cabo por ellxs mismxs. Que se conviertan en puntos de encuentro, de comunicación y participación real. Pequeños (o grandes) núcleos solidarios de resistencia.

Está claro que una parte importante de este proceso es qué problemas y qué soluciones se van a tratar, qué contenido, por así decirlo, van a expresarse en dichas asambleas. Ese podría ser la otra tarea que podríamos marcarnos, intentar que los temas a tratar en las asambleas sean cuestiones de clase, de género, etc. que profundice, desde la práctica, en la crítica del Estado, el capital y el trabajo asalariado.

Dicho de otra forma, nosotrxs proponemos una participación práctica y concreta desde una perspectiva y unas formas de funcionar antiautoritarias, sobre cuestiones básicas de clase y otras opresiones igual de importantes como el patriarcado, el racismo, etc.

Para complementar esta contribución práctica también debemos aportar nuestro punto de vista y nuestro discurso, una vez más, sin caer en maximalismos del tipo “¡Revolución ya!” y cosas por el estilo.

Tal y como nosotrxs lo vemos, intentar que la gente haga suyo nuestro discurso no es, no debería ser, ir a machacar con las consignas y principios anarquistas de toda la vida. Consignas que, en nuestra opinión, estarán fuera de lugar. No porque no tengan sentido o no sean verdad, sino porque no están en la onda de lo que está pasando, están fuera de contexto. Esto es como si tú estás hablando con un colega de fútbol y viene otro a contarte nosequé historia de una película iraní, pues ni caso. ¿Significa esto que debemos abandonar el anarquismo y pasarnos a la democracia? Lógicamente no. ¿Debemos escondernos? No. ¿Debemos exhibir al mundo que somos anarquistas? Para nosotrxs, no tiene ningún sentido si eso no va más allá que “ser anarquista”. Llamarse a uno mismo anarquista no significa nada en sí mismo, no dice nada: ni bueno, ni malo. En nuestra opinión no se trata ni de escondernos ni de exhibirnos, sino de practicar el anarquismo en un contexto determinado. Un ejemplo: de todos los lemas que algunxs de nosotrxs y otrxs compañerxs cantamos uno de los primeros días en Sol sólo un par de consignas se extendió mínimamente más allá de nuestro circulo: “el pueblo unido funciona sin partidos” y “A, anti, anticapitalistas”, ¿Por qué? No porque los lemas fuesen gran cosa, que no lo son, ni porque fuesen ingeniosos, que tampoco, creemos que fue porque, en ese momento y en ese lugar, eran lemas que puede contactar al menos con parte de la gente que estaba allí. Nos guste o no, la gente ahí no estaba contra la policía nacional, ni quería tumbar al Estado… el trabajo es mucho más de fondo… Si nos limitamos a cantar o a proponer en las asambleas consignas descontextualizadas, lo que hacemos es caer en la propaganda pura y dura, en el peor sentido de la palabra, no en la participación.

Y es que en muchas ocasiones nos puede la inercia, seguramente como a todxs lxs demás. En vez de pensar qué podemos y queremos decir acabamos yendo a lo fácil: al “la lucha es el único camino”, al “de norte a sur, de este a oeste….”, “muerte al estado….”, etc. Un discurso, en nuestra opinión, fuera de lugar y, por tanto, ineficaz. En el Bloque Libertario de la mani del 15M pasó un poco lo mismo, tras una primera fase con lemas (mejores o peores, más o menos útiles, eso es lo de menos) pero sobre el tema en cuestión (democracia, capitalismo, crisis) se pasó a un remix del gueto (desde los presos a Patricia Heras pasando por el policía asesina), resbalamos hacia la autorreferencialidad, hacia el hacer piña… Por desgracia, por allí nadie sabía quién era Patricia Heras más que nosotrxs cuatro, ¿qué sentido tenía gritar sin un panfleto que lo explicase?, sólo desconcertamos a la gente, que nos mira como si viniésemos de otra película… Todo tiene un momento y un lugar, y si no sabemos adaptar nuestro discurso al momento y al lugar, nos irá mal. Adaptar el discurso no es rebajar el discurso, es adecuar el mensaje al contexto y adecuar el código al receptor, es dar nuestra opinión sobre lo que la gente está hablando, no sobre lo que nosotrxs creemos que debería estar hablando la gente…. Y dar esa opinión en su “idioma”, no en nuestro “dialecto”, lleno de tecnicismos y modismos, cómodos para hablar entre nosotros, pero que generan barreras y confusiones con quien no los maneja.

4. Algunos objetivos y posibles ejes de actuación

Esta propuesta de participar desde la práctica y desde lo concreto tiene varios objetivos. Obviamente, mejorar nuestras condiciones de supervivencia dentro del capitalismo. Seguro que algunx lo tachará de reformismo, para nosotrxs es simplemente necesidad. Otro objetivo es ser capaces de señalar y desmontar, durante el proceso, todas las contradicciones y miserias del capitalismo, la democracia, los sindicatos, etc. No mediante discursos elaborados y prefabricados, sino a través del debate y la reflexión sobre lo que nos vayamos encontrando, algo mucho más complejo y trabajoso que simplemente editar libros escritos en otro momento y en otro lugar. También busca crear y extender una cultura de lucha entre la población, un sentimiento colectivo de que las cosas se consiguen luchando junto a otros iguales, solucionando los problemas por los mismos afectados, desde la solidaridad y el apoyo mutuo, sin delegar en profesionales de la mediación o la representación. Un sentimiento de “hoy por ti, mañana por mí” que cale entre la población y que desplace al “cada uno a lo suyo” y el “menos mal que no me ha tocado a mí” que arrasa en nuestra sociedad.

Por último, si algo nos ha quedado claro en esta última semana es que, si bien lxs anarquistas tenemos mucho que aportar, tenemos también mucho, muchísimo que aprender, tanto de la gente que nos encontremos en el camino como de las situaciones a las que tengamos que enfrentarnos. Participar en las asambleas será la oportunidad perfecta de aclararnos nosotrxs mismos, nuestras posturas y la manera en las que se las comunicamos a nuestros iguales. Esto es lo normal. La mejor manera de darnos cuenta de nuestros fallos e incoherencias (que las tenemos y seguramente serán muchas) es tratar de explicar y compartir nuestra postura con quien la desconoce.

Creemos sinceramente que esta puede ser una buena manera de salir de la trampa de una intervención desde la ideología, que pretenda que se aprueben principios u objetivos a largo plazo específicamente anarquistas, algo que, como hemos repetido unas cuantas veces ya, no es algo que esté o pueda estar en el orden del día de aquí a mañana. Creemos también, que puede ser una manera de obviar y esquivar las luchas de poder que se darán en las asambleas por las cuestiones de alto nivel (leyes, etc.) sin tener que dejar por ello de participar en un movimiento que aún puede dar mucho juego. Meternos en una guerra de desgaste para que no salgan dichas propuestas o enfrentarnos abierta y continuamente a todos los izquierdistas, ciudadanistas y gente normal que sólo quiere un par de cambios no nos va a valer para nada. Tenemos que ser conscientes en todo momento de dónde estamos y hasta dónde puede llegar. Si no hacemos este ejercicio de análisis y de reflexión continuamente nos vamos a llevar un palo muy serio y una frustración considerable.

Por supuesto, al participar en el movimiento 15M siempre vamos a correr el riesgo de acabar haciéndole el curro y el trabajo sucio a la izquierda y al ciudadanismo. Nosotrxs creemos que a día de hoy, dada nuestro escaso poder de convocatoria y apoyos, este riesgo siempre va a estar ahí, en cualquier movilización real a la que nos sumemos (huelgas, conflictos antidesarrollistas, etc.). Es un riesgo que no se puede prever, y seguramente sea algo que, hasta cierto punto, no se pueda evitar, lo único que podemos hacer es permanecer atentxs, no dejar llevarnos por la emoción y tratar de valorar en qué momento nuestra participación se está limitando a la de ser mano de obra de otrxs, en ese momento será necesario abandonar el chiringuito.

Para acabar esta sección, vemos necesario concretar algunas líneas de actuación que se nos han ocurrido como ejemplo de lo que tenemos en mente. Ni son las únicas, ni son las mejores, de hecho son bastante vagas, sólo son algunos ejemplos que se nos han ocurrido o que hemos escuchado estos días en las asambleas. Entre todos deberíamos completarlas, clarificarlas, criticarlas, etc…

· Vivienda: Autoorganizarse para resistir frente a los desahucios y el mobbing inmobiliario. Proponer la okupación como alternativa temporal en los desahucios que no se frenen. Presionar a los caseros que pasan o se aprovechan de sus inquilinos. Presionar mediante la acción directa a las sucursales bancarias de las que dependen las hipotecas de familias en problemas para que las renegocien o simplemente para visibilizar el conflicto. Visibilizar el conflicto mediante banderas o similares en los balcones de las casas que estén siendo presionadas.

· Trabajo/Paro: Aprovechar el ejemplo asambleario de Sol para llevarlo a los curros, debatir y hablar en las asambleas sobre los conflictos laborales, sobre nuestros problemas como parados, proponer que las asambleas sean un punto de apoyo si tenemos algún problema en el curro. Visitar y denunciar los trabajos en los que se produzcan accidentes laborales…

· Migraciones: Tratar de implicar a los inmigrantes, que seguramente estén subrepresentados en un primer momento, informar a la gente de lo que pasa en los CIEs, informar y proponer mecanismos de actuación frente a las redadas contra inmigrantes, autoorganizarse para ofrecer información legal, mediante asesorías, talleres, etc.

· Salud-Sanidad: tratar de implicar a trabajadores y usuarios-sufridores de la sanidad pública en la lucha contra su deterioro y la inaccesibilidad, evitar que nos enfrenten a unos contra otros (“la culpa es de los trabajadores que curran poco” o “la culpa es de los viejitos que van mucho”).

· Género: hay que ver cómo contrarrestar la enorme oleada actual de anti-feminismo que se masca a nivel social, y que se ha expresado varias veces en las acampadas. Podría ser interesante tratar de incidir o debatir sobre la violencia machista…

· Organización: Tratar de mejorar el funcionamiento asambleario. Luchar por una horizontalidad real, no meramente formal, evitar la formación de camarillas de especialistas o de representantes perpetuos, evitar convertirnos en una camarilla de especialistas o representantes perpetuos.

Estos temas y propuestas son claramente limitados, fruto de la prisa y de nuestra propia inexperiencia en este tipo de movidas. Hay que mejorarlas, afinarlas y compartirlas. Y sobre todo, hay que construirlas en común con la gente que vaya a las asambleas, en un proceso que cambiará tanto las propuestas como a los que las asumen y las ponen en práctica y que, seguramente, irá de menos a más. No nos pensemos ahora que por ir con cuatro propuestas concretas en vez de con la cantinela ácrata de siempre, la gente las va a aceptar por arte de magia. No, no estamos proponiendo conjuros, tenemos que tener claro, que aun siendo capaces de iniciar este proceso, será un camino largo y difícil. Creemos que con el tiempo, todos iremos aprendiendo y sacando más cosas en claro. De alguna forma, los anarquistas tenemos que tomarnos las asambleas del 15-M como un laboratorio en el que experimentar, proponer, equivocarnos, aprender y volver a empezar.

5. Asambleas de barrio: esperanzas y localismos

En buena parte este texto se ha escrito con la mente puesta en que llegue antes de las asambleas populares en los barrios que se han convocado para el 28 de mayo, de ahí su urgencia, su precipitación y buena parte de los errores que tendrá.

La extensión a los barrios es una extensión lógica porque la acampada en Sol es insostenible a largo plazo y porque, por sus características, permite una participación mucho más limitada, como ya hemos comentado.

Hablando con muchos compañerxs hemos visto que algunos tienen bastantes esperanzas en las asambleas de barrio. La idea es “ya no hay nada que hacer en Sol, vamos a los Barrios”. No nos engañemos, si el movimiento 15-M sigue su tirón los barrios van a ser Puertas de Sol en pequeñito, con todas sus cosas buenas pero con todos sus defectos, incluidos los militantes de partidos que van de pesca, los ciudadanistas, etc. En algunos barrios y pueblos del Sur de Madrid, de hecho la proporción de militantes de partidos políticos puede incluso aumentar respecto a la que nos encontramos en Sol. Puede que el terreno de juego sea más pequeño y menos abrumador, pero la heterogeneidad, los problemas, contradicciones y conflictos van a ser los mismos o incluso mayores.

Nosotrxs creemos que lxs militantes izquierdistas, así como toda la gente corriente que está por las cuatro reformas básicas, van a tratar de que las asambleas populares se conviertan en focos desde los que promocionar las consignas y reivindicaciones por las que han peleado en Sol. Que se encarguen de recoger firmas, y de hacer propaganda de las movilizaciones y de sumar apoyos en los barrios (asociaciones vecinales, de comerciantes…) de cara a la estrategia que tengan a medio plazo para llevar a cabo los cambios legales. Y poco más. Los ciudadanistas puede que intenten empujar un poco más hacia problemas específicos de los barrios, estableciendo lazos con las asociaciones de vecinos que puedan, potenciando sus locales, centros sociales y oficinas de derechos sociales allá donde los tengan, etc.

Ya hemos comentado en el punto anterior que creemos que puede ser una manera interesante de participar en dichas asambleas, no nos extenderemos. Sí que nos gustaría comentar que en cada barrio y pueblo algunos temas y propuestas pueden tener más calado que otros (por ejemplo, en algunas zonas las redadas contra inmigrantes son más frecuentes que en otras, en algunos sitios la sanidad está peor que en otras, etc.) Habrá que ver qué es más necesario y más importante en cada caso concreto, aquí no hay fórmulas mágicas.

6. Cuestiones tácticas

El texto se va alargando y queremos cerrarlo con algunas reflexiones -intentaremos ser breves- sobre ciertos aspectos tácticos que hemos visto, y que seguiremos viendo, en los próximos días.

· Violencia/No violencia: Como comentamos al describirlo, el rechazo a la violencia es un punto básico sobre el que se asiente el movimiento del 15M. Los iniciadores (Democracia Real Ya) se encargaron de expresarlo de la manera más asquerosa posible: desmarcándose de los incidentes tras la mani y señalando a quien hiciese falta. Tampoco es que sea muy extraño, dado el bombardeo mediático con este tema los últimos años. A través de la policía, medios como La Razón o Público no dudaron en alertar sobre el peligro de los “400 antisistema” que trataban de controlar y/o reventar el movimiento. Una semana después, nada de nada. Parece que la gran mayoría de los anarquistas hemos asumido (con mayor o menor problema) que no pasa nada porque alguien se declare no violento. La violencia o autodefensa es una cuestión que siempre va a estar ahí, pero que es completamente secundaria. Si dejamos de considerarla algo que puede ser útil o no, beneficiosa o perjudicial según las circunstancias y la transformamos en algo irrenunciable, o nos entra la pataleta por que el 15-M cante las bondades de la violencia estaremos perdiendo el norte completamente. Hoy toca no violencia, otro día tocará otra cosa.

· Asamblearismo: se escucha mucho la crítica de que las asambleas no son verdaderas asambleas, que no hay una horizontalidad real, que hay algunos que tratan de manipularlas, etc. Lógico, porque son asambleas de verdad, con gente normal, en medio de una pelea entre diferentes sectores por “controlar” (conscientemente o no) la situación. La horizontalidad, la igualdad, la eficacia de las asambleas, la comunicación de las asambleas, el que sean saludables, no es algo que venga dado porque la gente se reúna en una plaza y hablen entre ellos. Ni de coña. Hay que pelearlo frente a los manipuladores, políticos e intoxicadores; y hay que construirlo frente a los años de desmovilización, de gregarismo y delegacionismo cotidiano. Si no tenemos esto claro, estamos en manos de los que van para que las asambleas sean las correas de transmisión que se limiten a aprobar o a aceptar sus propuestas cocinadas en casa.

· Luchar contra monstruos: Participar en asambleas en las que hay gente que está dispuesta a hacer lo que haga falta (manipular, mentir y, la mayoría de las veces, hacerse el tonto) para que salga su historia es muy complicado y frustrante. Cualquiera que haya pasado por ese trago puede decir que es una jodida mierda. Primero, por todo lo que te toca tragar, segundo porque no todo el mundo suele verlo, con lo que si acusas a alguien acabas siendo tú el que levanta sospechas, tercero, porque acabas confundiendo lo que son simples fallos o despistes con intentos descarados de manipular (rozando la paranoia) y, por último, porque en cuanto no te das cuenta acabas haciendo o viéndote obligado a hacer cosas parecidas a ellos. En estos días hemos oído cosas como “copar las comisiones”, “tomar los puestos de poder en las asambleas”, “dispersarse por las asambleas”, “hacer como que no nos conocemos” y otras lindezas, por parte de compañerxs de los que no tenemos ningún tipo de duda o sospecha, y a los que por supuesto, no vamos a juzgar. Este tipo de situaciones son así, la frustración, el cabreo con los manipuladores y el encontrarse contra la espada y la pared te hacen decir y hacer cosas del estilo. Contra esto no hay más remedio que estar atento constantemente, hacer autocrítica y saber criticar y encajar las críticas, sin acusaciones histéricas o victimismos estúpidos. Y asumir que en algún momento que otro nos vamos a manchar las manos, lo queramos o no. Pasa en las mejores familias.

· “No tengas miedo, sólo ve adelante y juega” Ch. Parker: Enlazando con lo anterior, hay que ser conscientes de que participar en el movimiento 15-M es entrar en territorio desconocido para la mayoría de nosotrxs. Asumamos que la vamos a cagar y mucho. Lxs anarquistas ni somos ni queremos ser perfectxs, tenemos todo el derecho del mundo a equivocarnos. Negarse a actuar por miedo a transformarse en un reformista, o peor aún, por miedo a que algún imbécil te tache de reformista o de vanguardista es tan absurdo como renunciar a pensar por miedo a equivocarse.

· Vanguardismo anarquista: Dos palabras que juntas podrían parecer una contradicción pero que no lo son, ni mucho menos. Algunas corrientes marxistas se consideran y se jactan de ser vanguardia o de pretender serlo, aun cuando nadie les haga ni caso. Lxs anarquistas rechazamos convertirnos en vanguardia, lo que no quita para que, si nos despistamos, acabemos cayendo en el vanguardismo. Si se trata de ir mucho más deprisa que el ritmo de los acontecimientos, se corre el riesgo de irse desligando más y más de ellos hasta quedarse solo, lejos de la realidad y de lo que está pasando. Aún más, eso ni siquiera te asegura estar “por delante” de lxs demás, puedes haber cogido un camino equivocado. Lxs anarquistas no queremos decirle a la gente lo que tiene o no tiene que hacer en base a un mejor conocimiento de algún libro sagrado o del santoral revolucionario, pero eso no implica que en ocasiones acabemos creyéndonos mejores al resto y que pensemos que deberían “seguir nuestro ejemplo”, especialmente cuando participamos en conflictos de este tipo.

· Simbología y dialectos: Para que nuestra participación sea eficaz y podamos construir colectivamente algo que merezca la pena es necesario que dejemos a un lado toda la simbología, códigos propios, palabras fetiche y demás merchandasing propio de nuestro movimiento-gueto. Igual que comentamos más arriba con el tema del discurso. Esto no significa rebajar el discurso o engañar a la gente, significa abandonar las palabras mágicas y las ideas fuerza que solemos utilizar. Conceptos como abstención activa, acción directa, apoyo mutuo, revolución, etc. no tienen por qué ser entendidos a la primera por gente que no está familiarizada con su uso. No sirve de nada enquistarse en ellos. Es más útil tratar de explicarlos en un lenguaje llano y sencillo, sin intelectualismos ni tecnicismos anarquistas. Lo mismo valdría para la estética de la propaganda, que suele ser tan uniforme como lejana para la mayoría de la gente. Un ejemplo claro es el problema que hubo con las A circuladas en la acampada de Sol. Como no se permite ningún símbolo político o banderas, mucha gente de la asamblea veía, con mayor o menor razón, que las A circuladas tampoco tenían lugar ahí. Entendiendo que las A circuladas no son símbolos políticos sino todo lo contrario algunxs anarquistas se lo tomaron bastante a mal. Otros, dando un ejemplo de que la horizontalidad y el consenso muchas veces se respetan sólo cuando les interesa, siguieron utilizándola en pancartas y pintadas. En cualquier caso, deberíamos reflexionar si todo esto no es nuestra culpa, de no haber sabido hacer ver durante todos estos años que no somos lo mismo que todos los demás, aunque, en nuestro favor, hay que decir que la decisión de dejar fuera también las A circuladas parece que fue discutida. El tema aquí es que las A circuladas es lo de menos, lo importante son los mensajes que queremos dar, y si tenemos que dejar de ponerlas, pues tampoco pasa nada. Al fin y al cabo, como decía con razón un compañero el otro día, no tenemos nada que vender (lo cual es cierto cuando en la práctica nos comportamos así, lo que no siempre es el caso). Peor que el caso de las A circuladas, que por mucho que nos pueda doler, es hasta cierto punto comprensible, es el caso del feminismo, que está encontrando cierta oposición tanto en las acampadas como en twitter, con gestos bastante feos y comentarios fuera de lugar.

7. El fin, al fin.

Terminamos, ya, por fin, haciendo una última reflexión. El movimiento 15-M ha tenido un principio y tendrá un final. Siendo realistas y teniendo en cuenta lo pocxs que somos lxs anarquistas y nuestra inexperiencia es bastante improbable que nuestra participación en él sea el componente que determine su desarrollo y su fin. Aun así, creemos que tenemos margen y capacidad para participar en él y aportar, y que no se limite a un movimiento de reforma ciudadana, o al chiringo de cualquier partiducho. Esta propuesta va en ese sentido, en el de intentar ir un poco más allá. No tenemos muchas esperanzas en que el movimiento 15-M cambie radicalmente la naturaleza de la sociedad actual, no podría ni aunque quisiera, y todo parece indicar que no quiere. Aunque consiga sus objetivos, todo se traducirá en una reforma del sistema democrático o incluso en un reforzamiento temporal del estado del bienestar. Aun así, esto no son excusas para quedarse en casa. Creemos que hay que estar allí y participar, porque si lo hacemos medianamente bien, puede ser beneficioso para el anticapitalismo y el anarquismo a medio y largo plazo.

En primer lugar, nosotrxs creemos que el sistema democrático y el capital son como son, y que todos los partidos, en el fondo, son iguales. Si el movimiento 15-M prospera y consigue reformar el sistema democrático, acabando con el “bipartidismo” y la “partitocracia”; con el tiempo, los partidos minoritarios acabarán por quedar en evidencia, porque el sistema democrático y el capital son así.

En segundo lugar, hay una cosa positiva en todo esto, pase lo que pase. Hace un mes, el sentimiento general era “que mierda es todo, pero qué podemos hacer. No se puede hacer nada, etc.” Hoy hay bastante gente que cree que se puede cambiar la ley electoral, que es lícito saltarse lo que diga la Junta Electoral cuando es injusto, etc. Por algún sitio se empieza. Si el movimiento 15-M continúa y se consiguen cosas a través de movilizaciones y asambleas, y estas más o menos funcionan, independientemente del resultado, es una baza a explotar. En este país no se ha ganado nada de nada desde hace mucho tiempo: la entrada en la OTAN, nada, el PRESTIGE, nada, la Guerra de Irak, nada, las luchas en la Universidad, nada… De hecho, el único cambio que mucha gente asumió como propio fue cuando el PSOE gano al PP después del 11-M ¡y se hizo votando!, lo que encima reforzó las ilusiones democráticas.

En tercer lugar, el movimiento 15M ha conseguido sacar a la calle a la gente a hablar colectiva y públicamente de política, de algunos de los problemas sociales y políticos que les rodean. Esto era algo que hacía mucho tiempo que no se veía. La mayoría de las conversaciones son en torno a cuestiones de reformas, de cambios mínimos, pero, como decíamos antes, por algún sitio se empieza. De alguna forma ha abierto una brecha en el “no te metas en política”, el “desencanto” y el “no se puede hacer nada”, los tres regalitos que franquismo, transición y democracia nos habían dejado. Lo que no puede ser es que cuando la gente se quede en casa, la critiquemos por que no sale a la calle y cuando sale a la calle la critiquemos porque lo que pide no es la revolución social. Eso no tiene ningún sentido.

Si se consiguen algunas cosas mediante la lucha en la calle, creemos que cuando todo esto acabe, quizás sea más fácil convencer a la gente de que una asamblea en el curro puede funcionar, de que salir a la calle a protestar sirve para algo, que se puede ganar una huelga o echar abajo un plan urbanístico: mediante la solidaridad, la acción directa, etc. Por supuesto, si lo que se consigue se hace exclusivamente a través de maniobras políticas, votaciones, referéndums, etc. (algo bastante improbable si no hay una presión considerable desde la calle) lo único que va a salir reforzado es el sistema democrático. Ahí está la cuestión, y ahí debemos estar los anarquistas.

Veremos cómo acaba todo esto, pero el movimiento anarquista saldrá reforzado si sus prácticas, su forma de afrontar la realidad y algunos de sus puntos de vista se extienden y echan raíces en el ideario colectivo. El movimiento anarquista también será más fuerte si nuestra participación en el movimiento del 15M se traduce, tras la crítica, la autocrítica y el análisis público, en nuevas experiencias colectivas. Es poco probable que nuestros objetivos a largo plazo crezcan significativamente a nivel social gracias al 15-M, independientemente de que podamos convencer a cierta gente en el proceso. Esta lucha va por otros caminos, por el trabajo constante de abrir locales, de editar material, de análisis, de hacer jornadas, charlas, etc. que en ningún caso deberíamos abandonar sólo por estar en el 15M.

Algunxs anarquistas madrileñxs

[1] Durante la corrección del texto, la acampada de sol ha aprobado los cuatro puntos que conforman el llamado #consensodeminimos. No vamos a valorarlo, ya que no creemos que cambie esencialmente lo dicho en el texto, algo así nos esperábamos tarde o temprano.

[2] http://es.wikipedia.org/wiki/Iniciativa_popular


Este texto está escrito en Madrid, por lo que muchas de las
descripciones y reflexiones pueden no ajustarse a la realidad de otras
localidades, especialmente dada la heterogeneidad del movimiento 15M.
Aun así, pensamos que puede resultar útil como punto de partida para
la reflexión a todos los compañerxs que se están implicando en las
asambleas, independientemente del sitio. El texto ha sido redactado y
corregido precipitadamente para que estuviese disponible antes de la
convocatoria de asambleas de barrios y pueblos del 28 de mayo. Tenedlo
en cuenta a la hora de leerlo y disculpad las meteduras de pata que
pueda tener.
Algunxs anarquistas madrileñxs

0. Unas palabras para empezar…
Dejemos las cosas claras. Lxs que firmamos este texto somos
anarquistas, comunistas antiautoritarios, anticapitalistas o la
etiqueta que más os guste. Es decir, estamos por la abolición del
trabajo asalariado y el capital, la destrucción del estado y su
sustitución por nuevas formas horizontales y fraternales de vivir en
común. Creemos que los medios para conseguirlo deben ser lo más
coherentes posible con los fines que buscan y, por tanto, estamos
contra la participación en instituciones, contra los partidos
políticos (parlamentarios o no) y las organizaciones jerárquicas, y
apostamos por una política basada en el asamblearismo, la solidaridad,
el apoyo mutuo, la acción directa, etc.

Porque estamos convencidos que estos medios son los más eficaces para
llevarnos a la revolución. Si decimos esto es para eliminar cualquier
suspicacia y marcar las líneas sobre las que queremos que se mueva
esta contribución. Ahora bien, el que estemos por una revolución
social que destruya el capitalismo, el estado y que suponga la
abolición de las clases sociales (y de tantas otras cosas), no
significa que pensemos que esto puede ocurrir a corto plazo, de la
noche a la mañana. Lo que hemos planteado aquí son fines, es decir,
situaciones a las que, con suerte, llegaremos tras un largo recorrido
y un desarrollo considerable del movimiento revolucionario. Pensar lo
contrario no es que sea utópico, es un ejercicio de delirio y
ensoñación inmediatista. Un planteamiento revolucionario debe
plasmarse en una estrategia a corto plazo, en una serie de propuestas
para intervenir en la realidad que nos acerquen a situaciones en las
que estén en juego cuestiones como la abolición del trabajo
asalariado, la instauración del comunismo libertario, la revolución
social… cuestiones que hoy en día, obviamente, no están, ni de
lejos, sobre la mesa. Esta intervención no puede limitarse a repetir
machaconamente la rabiosa necesidad de revolución y de abolir el
estado y el capital. Ser anarquista no significa ser un chapas que
persigue a los demás repitiendo una y otra vez lo malo que es el
estado y lo buena que es la anarquía. Y sin embargo, a raíz del
movimiento 15-M, en los últimos días hemos leído por internet textos y
comentarios cercanos al delirio inmediatista y, lo que es peor, hemos
oído de compañerxs y amigxs posiciones que resbalan hacia el abismo
del anarco-chapismo, que, con toda su buena intención, se atrapan en
el maximalismo de las consignas grandiosas, de las propuestas a largo
plazo, etc. Sabemos bien de lo que hablamos, todxs nosotrxs hemos
estado en dichas situaciones y, lo que es peor, hemos contribuido en
muchas ocasiones a su extensión. Dejemos claro también que este texto
tiene tanto de crítica como de autocrítica, y que nos sirve, ante
todo, para tratar de no caer nosotrxs mismxs también en dichas
trampas. Para ir acabando, hay que tener en cuenta que este texto ha
sido escrito deprisa y corriendo, al ritmo que marcan los
acontecimientos, con el objetivo de que saliese antes del día 28,
cuando se han convocado las Asambleas Populares en diferentes barrios
y pueblos de Madrid, así que no os extrañe que en algunos puntos se
note la precipitación y la urgencia. No damos para más.

En resumen, este texto pretende ser una reflexión y una propuesta para
romper con el impasse en el que hemos estado anclados mucho tiempo,
para deshacernos de lastres que muchxs arrastramos y nos inmovilizan.
Es, en el fondo, una reflexión para intentar aclararnos en qué manera
podemos aportar y participar en lo que ocurre a nuestro alrededor.

1. El Movimiento 15-M: coordenadas básicas
Y lo que ocurre a nuestro alrededor es, obviamente, el llamado
movimiento 15-M, que en la última semana ha irrumpido como un elefante
en la cacharrería en la política nacional. Nos guste o no, y lo
queramos o no, el movimiento 15-M ha roto todas las expectativas y ha
sorprendido a todo el mundo: policía, políticos, periodistas,
convocantes, gente corriente, ciudadanistas, izquierdistas y, por
supuesto, a los anarquistas. En primera instancia todo el mundo se
quedó en fuera de juego y, a partir de ahí, todo ha sido una serie de
intentos más o menos afortunados de tomar posiciones frente a o dentro
del 15-M. No vamos a entrar a analizar sus causas o a repasar las
diferentes teorías conspiranoicas o intoxicaciones que han surgido a
su estela; no es importante para lo que queremos decir. Vamos a tratar
de aportar lo que entendemos que son las coordenadas básicas en las
que se mueve eso que llamamos movimiento 15-M o, al menos, las más
importantes para ver si es posible (y en ese caso cómo) una
participación anarquista o anticapitalista en él. Como es lógico, será
una descripción fragmentaria, parcial e incompleta. Nos da igual, las
cosas van demasiado rápido.
Lo primero que hay que decir es que el movimiento 15-M es un
movimiento social real y, como tal, es tremendamente heterogéneo y
contradictorio. Hay de todo y todo está en diferentes dosis. Es decir,
todo lo que digamos aquí no debe tomarse como características
definitorias absolutas, sino más bien como tendencias, matices, etc.
Expresiones de un movimiento en construcción en cuyo seno hay luchas,
tensiones y un continuo cambio.

Dicho esto, por su composición social y por las consignas que más se
oyen en las asambleas y grupos de trabajo, así como por las opiniones
de la gente que está continuamente publicitándolo en internet
(twitter) podría decirse que, principalmente, es un movimiento
ciudadanista y abiertamente demócrata. O mejor dicho, son este tipo de
planteamientos de reforma política y social (reforma electoral,
democracia real, mayor participación, crítica de los partidos
políticos mayoritarios pero no del sistema representativo o los
partidos en general…) los que, en general, aglutinan a más gente y
manos alzadas a su alrededor.

Sin embargo, este contenido se expresa bajo formas asamblearias, que
rechazan toda representación clásica (como por ejemplo, convertirse en
otro partido político) y que reniegan de toda ideología, símbolo o
forma política precocinada (desde partidos a banderas republicanas,
pasando por las A circuladas). Hay una consigna que rula por twitter
“Esto no va de izquierdas o derechas, sino de arriba y abajo”. Que,
por el momento, apuesta mayoritariamente por la auto-organización, por
la acción directa (no violenta) y la desobediencia civil, aunque no
utilice estas palabras mágicas. La no-violencia es, de hecho, otra de
las coordenadas fundamentales del 15-M, algo que, sin duda, es asumido
colectivamente sin discusión. Entraremos en esto más adelante.

Todo esto no quita para que en su seno se pueda ver claramente una
“lucha de poder” entre diferentes “facciones”, organizadas o no.
Miembros y militantes de partidos políticos de izquierdas, miembros de
los movimientos sociales, libertarios, gente normal y corriente
“indignada” que va con su propia visión del mundo, etc. todos pugnan
en su interior a todos los niveles, desde la orientación ideológica o
práctica del movimiento, al control (y en muchos casos, manipulación)
de las asambleas, comisiones, etc. En muchas comisiones y grupos se
está viendo de todo: pérdidas casuales de actas, personalismos, gente
que se aferra a las portavocías, delegados que se callan cosas en las
asambleas generales, comisiones que se saltan acuerdos, grupitos que
quieren mantener el chiringuito, etc. Muchas, seguro, fruto de la
inexperiencia y los egos; otras, parecen directamente sacadas de los
viejos manuales de manipulación de asambleas.

Alrededor de esta lucha, está también toda la gente que se acerca por
allí. Gente que se acerca a participar, a escuchar, a ser escuchado, a
aportar comida u otros materiales, a ver qué pasa, o simplemente a
echarse unas fotos en plan turista en su propia ciudad. Bajo las
carpas de Sol uno tiene la sensación de estar en un gran bazar en el
que no se vende ni se compra nada.

Por otro lado, uno de los grandes problemas de las acampadas es la
dificultad de participar en ella plenamente: no todo el mundo puede ir
al centro todos los días, ni todo el mundo puede quedarse a dormir, ni
todo el mundo puede participar habitualmente en las comisiones, etc.
Esto sin duda puede favorecer la creación de liderazgos informales,
camarillas, cosas raras y sesgos extraños que la gente, que gilipollas
no es, lo va a notar, lo va a comentar y a actuar en consecuencia. De
hecho, una posible consecuencia de quién está llevando el mayor peso
del campamento (y también de quién está más habituado a ir y proponer
actividades) es la progresiva guetización que ha sufrido la acampada
el fin de semana. Comparada con el ambiente de encuentro y de protesta
de los días más intensos (especialmente el viernes, dada la
expectación por la prohibición de la Junta Electoral Central) el fin
de semana la cosa perdió fuelle y comenzó a notarse un ambiente más
lúdico y menos de protesta, a pesar de que las comisiones,
subcomisiones y grupos de trabajo siguieron funcionando. A ratos,
#acampadasol parece estar reproduciendo lo peor y más banal de las
okupas del gueto: talleres, conciertos, batucadas, comedores,
actuaciones, clowns, etc. a costa de sus aspectos iniciales, mucho más
marcadamente de protesta, política e “indignación” (por pro-demócrata
y limitada que fuese). En twitter, que no olvidemos que tiene gran
culpa del ascenso del movimiento 15-M y del campamento de Sol, se está
filtrando ese descontento en mucha gente, que no ve con buenos ojos
esta deriva. Un ejemplo claro de ese descontento que tuvo lugar el fin
de semana fue el tema botellón sí-botellón no, el sábado una de las
asambleas tuvo que irse de Sol por la cantidad de gente que estaba a
su pedo, y el tema de las batucadas, que el domingo obligaron incluso
a aplazar a alguna asamblea que no oía con tanto ruido (aunque hay que
decir, que las batucadas tuvieron bastante seguimiento, igual que el
botellón).

Es obvio que el movimiento 15-M no es una revolución, eso es de
primero de militancia, y quien lo critique en base al hashtag
#spanishrevolution con el que se extendió inicialmente debería darse
cuenta de que era una mezcla de marketing, gracieta e ilusión. Sin
más.

El último apunte que queríamos hacer es lo que, para nosotrxs, quizás
sea lo más importante que hemos visto junto con su marcado carácter
asambleario y horizontal (con todos sus defectos, que son muchos): el
cambio brutal de actitud que hemos podido observar en los alrededores
de Sol durante toda esta semana. Recapitulemos. Tras la multitudinaria
manifestación inicial del 15 de mayo y, especialmente, tras el
desalojo de los primeros acampados, la gente ha tomado masivamente
noche tras noche la Puerta del Sol de una manera que ninguno de
nosotrxs habíamos visto nunca. Las movilizaciones contra la guerra,
aunque alguna fuera más masiva, no tuvieron, ni de lejos, la
continuidad, participación, actitud y ambiente que hemos visto esta
semana en Sol. Es como si, de repente, la pasividad y el ir cada uno a
lo suyo se hubiesen roto alrededor del Km. 0. Repartir panfletos en
Sol y sus calles aledañas es una gozada, la gente te entra para
pedirte que le des uno, los coge con una sonrisa, te pregunta, te da
las gracias… Los primeros días, si hacías un corrillo para hablar de
algo, la gente arrimaba la oreja para intervenir, para escuchar. Ha
sido normal ver a la gente de lo más variopinta discutiendo en
pequeños grupetes. Los grupos de trabajo y las asambleas generales son
acontecimientos masivos de entre 500, 600 y 2000 personas (sentadas,
de pie, arrejuntándose para oír algo), etc. Y aparte de esto, esa
sensación permanente de buen ambiente, de “esto es algo especial”.
Todo esto alcanzó su punto álgido la noche del viernes al sábado,
cuando empezó la jornada de reflexión. Escuchar a más de 20.000
personas gritar “Somos ilegales” y disfrutar como niños de saltarse la
ley, la verdad, impresiona. Bien es cierto que ese ambiente intenso,
de participación y de política real empezó a decaer a partir de esa
noche. En parte por el subidón del viernes noche, en parte por la
decisión de “no hacer política” durante el sábado y el domingo, el fin
de semana ha tenido un tono mucho más festivo, más “circense” que los
días anteriores. Aun así, nosotrxs no recordamos nada parecido, la
verdad.

2. Lo que no está en juego. Una visión estratégica.
Dicho esto, ¿qué pintamos los anarquistas por allí? Para cualquier
libertario con dos dedos de frente, afortunadamente la gran mayoría,
es evidente que es necesario estar allí, que ahí hay tema. Lo que
ninguno tenemos tan claro es qué podemos hacer, qué podemos aportar y
qué podemos esperar del movimiento 15-M. Y es lógico, dada la
heterogeneidad y contradicciones que abarca. En esta sección vamos a
intentar expresar cómo y en qué sentido vemos nosotrxs que puede ser
interesante participar y aportar en dicho movimiento. Decimos visión
estratégica porque es una visión general, que intentaremos acotar más
adelante con propuestas concretas y algunas consideraciones tácticas.

La mayor parte del proceso que se desarrolla actualmente en el
movimiento del 15-M consiste en tratar de encontrar las consignas y
reivindicaciones políticas que van a definirlo. Ese proceso se está
dando tanto en los grupos de trabajo como en las propias comisiones.
En los primeros está más el debate y la pelea ideológica, en algunas
de las segundas, en las que se concretan dichos debates, es donde se
están viendo las artimañas, tejemanejes, etc. No hay que ser muy listo
para saber dónde está el lio: comisiones como comunicación, interna,
asamblea y política son donde uno se va a encontrar mayor número de
políticos por metro cuadrado. Mientras que en comisiones como
infraestructura, alimentación o respeto, las cuchilladas serán mucho
menores. Ojo, que no estamos diciendo que en las comisiones sólo se
esté haciendo esto, pero algunas cosas que hemos visto o nos han
contado tienen tela.

Como hemos dicho anteriormente, las reivindicaciones con mayor eco en
#acampadasol son las de reforma política y, en menor medida, social,
de gran contenido ciudadanista: reforma de la ley electoral, una ley
de responsabilidad política, mayor participación, ley de dación en
pago de las hipotecas, etc. Los miembros y militantes de partidos de
izquierda (IU, IA, etc.) y movimiento sociales están tratando de virar
el barco más hacia la izquierda, para que asuma reivindicaciones
clásicas de la izquierda (desde la renta básica o la condonación de la
deuda externa, a la nacionalización de la banca) aunque en frente
tienen a los que prefieren que el movimiento sea lo más neutral
posible (por ejemplo, http://twitpic.com/51lyqa) y se centre en un
#consensodeminimos básico[1]. En nuestra opinión, creemos que lo más
probable es que el objetivo final de unos y otros sea que, o bien
mediante algún tipo de Iniciativa Legislativa Popular[2] o bien de la
mano de algún partido político, seguramente IU, se presente una
propuesta al Congreso y se pida su aprobación mediante un referéndum.
En este sentido, unos y otros se juegan los contenidos de dicha
propuesta y seguramente cómo se va a hacer, pero en un momento dado
pueden confluir en ciertos puntos básicos.

Obviamente, los anarquistas estamos convencidos de que si se lograran
algunas de estas reformas, aun cambiando algunos de los “defectos” del
sistema que más sulfuran a la gente, no van a modificar para nada lo
esencial. El problema no es la corrupción política, sino la política
como esfera separada de la vida, el problema no es la falta de
transparencia de los gobiernos, son los propios gobiernos, y el
problema no es la banca y los banqueros, sino la explotación
capitalista: la grande, y la pequeña.

Dicho esto, creemos que los anarquistas ni estamos ni deberíamos estar
en esa pelea, la de las reivindicaciones grandilocuentes y la política
de altos vuelos. No deberíamos entrar en ese juego, aunque si queremos
estar en las asambleas debemos asumir que tendremos que tragar y
enfrentarnos a ello. A nosotrxs no se nos ha perdido nada en ese
tablero. El movimiento del 15-M no es un movimiento anarquista o
anticapitalista, así que las reivindicaciones anarquistas maximalistas
están fuera de lugar. No tiene sentido luchar por que las asambleas
generales asuman cosas como la autogestión generalizada, la abolición
de las cárceles o incluso simplemente la huelga general indefinida,
porque es evidente que la gente que está ahí y la gente que lo sigue
con expectación y simpatía no está por eso. Suponiendo (y es mucho
suponer) que por alguna extraña razón, o tejemaneje, se consiguiese
que la asamblea general o las asambleas de los barrios aceptasen y
asumiesen como propia alguna de estas consignas, lo más seguro es que
el movimiento 15-M se desinflaría rápidamente, perdiese buena parte de
sus apoyos y simpatías, y se quedase en un extraño cóctel
frentepopulista de militantes izquierdistas, ciudadanistas, comunistas
y anarquistas. Es decir, justo lo que siempre hemos criticado y donde
nunca hemos querido estar. En política existe un término que se llama
“votar con los pies”, significa que cuando no te gusta la gestión de
un lugar, simplemente te vas a otro lado. Algo parecido pasa en todas
las asambleas, hay mucha gente que cuando algo no le gusta o no se
siente cómodo, se calla, agacha la cabeza y deja de pasarse, sin
reflejar su descontento.

 

 

¿CON QUÉ REIVINDICACIONES OBRERAS SE DEBE LUCHAR CONTRA LOS EFECTOS PERVERSAMENTE ANTIOBREROS DE ESTA CRISIS CRÓNICA DE SUPERPRODUCCIÓN CAPITALISTA?

Para luchar contra el paro:
a- Jornada semanal de 30 horas, sin reducción salarial.

b- Jubilación voluntaria a los 55 años con el 100% del salario, no a los 67-70 años como ya han acordado los sindicatos subvencionados, los sindicatos del régimen parlamentario, burgués, capitalista.

Sólo así se liberarán puestos de trabajo para los jóvenes y los parados. Con la política patronal de los gobiernos español y autonómicos, de los sindicatos subvencionados y de los falsos partidos de izquierda, se está prolongando la jornada de trabajo a 10-12-14 horas diarias con ritmos y tareas a lo CHAPLIN en la película “Tiempos Modernos”, por salarios de 500-1.000 euros, con pagas extras y vacaciones incluidas. Cuando el Salario Mínimo debe partir de 1.500 euros mensuales por la jornada de 30 horas semanales.

¿Si se han destruido unos 3 millones de puestos de trabajo, si se prolonga la jornada a 10-14 horas diarias sin pagar horas extras y se han multiplicado los ritmos y las tareas y se jubila a 67-70 años, de dónde van a salir, como van a crear esos 6 millones de puestos de trabajo para los 6 millones de parados? De ningún modo, ya que se está obligando a 1 trabajador a que haga el trabajo de 2. Además, los descubrimientos de los últimos 100 años permiten reducir la jornada de trabajo a la mitad. Piénsese en el uso de las tuneladoras abriendo túneles del AVE y del Metro, de las palas mecánicas abriendo y cerrando zanjas en las calles, la informática en oficinas y despachos, la automatización de los procesos comerciales en las Farmacias, etc., que reducen hasta en más de un 95% la mano de obra ¡salarios que se ahorran los capitalistas, dejando sin empleo a esa gran masa de trabajadores. Este desempleo sólo se puede combatir y mitigar con la reducción general de la jornada de trabajo a 30 horas semanales, sin reducir los salarios.

c- Puesto de trabajo o subsidio suficiente e indefinido de 1.500 euros mensuales.

d- La patronal también ha declarado la guerra a los trabajadores enfermos. La falta al trabajo por enfermedad justificada se condena como ABSENTISMO por los caníbales capitalistas. Las Mutuas y el INSALUD son los Mercenarios a sueldo de la patronal y de su Estado ¡¡Todo el mundo sabe que les pagan a esos falsos médicos por dar de alta a los trabajadores enfermos, por no hacer las pruebas de análisis, radiografías, resonancias, operaciones hospitalarias!! ¡Cada vez hay más trabajadoras/es obligadas a ir a trabajar en construcción, limpieza, etc., con muletas o bajo los efectos de sedaciones! Las tenemos (hombres y mujeres) en el Sindicato, se puede comprobar.

e- Hay unos 5 millones de viviendas vacías en el Estado burgués español. No tiene sentido seguir hinchando la burbuja de los 27 millones de viviendas ya existentes. Francia sólo tiene 26 millones de viviendas.

Bancos y Cajas han expropiado desde 2007, unas 600.000 viviendas de particulares y de inmobiliarias quebradas. El Estado debería quitárselas sin indemnización a los ladrones de los bancos y Cajas, entregándoselas a los desahuciados más necesitados.

Expropiando, sin indemnización, otros 2 millones de viviendas vacías y adjudicándoselas, como de promoción pública, a los trabajadores jóvenes necesitados se mitigaría el problema de la vivienda por un tiempo. Pero esto, el Estado parlamentario, basado en su DEMOCRACIA REAL, no se puede permitir ponerlo en práctica, porque la DEMOCRACIA REAL sigue siendo la DICTADURA DEL CAPITAL contra el TRABAJO ASALARIADO, independientemente de quien gobierne el capitalismo.

El dinero que se viene reduciendo en los costes laborales y sociales se lo apropian o se lo regalan a los capitalistas. Millones de empresarios declaran a Hacienda que sólo ganan 11.700 euros de media al año, cuando los asalariados y pensionistas que están obligados a hacer la declaración de la renta declaran una media de 19.300 euros anuales ¡¡Una limosnita para el pobre chupasangres explotador-empresario!!

Estos empresarios criminales ahora pasean gran parte de sus contratos y de su dinero por las cloacas del Mercado Negro, para reducir aún más los salarios y no cotizar a la Seguridad Social. También hacen contratos de trabajo de 2 horas diarias y luego imponen jornadas de 12 horas día y 70 horas a la semana.

La burguesía española se está llevando masivamente el dinero fuera de España: a Latinoamérica-Estados Unidos-Marruecos-Argelia-Europa del Este y del Oeste-China-India, etc., bancos y multinacionales están exportando todo lo que no invierten en el Estado capitalista español. Donde obtengan más GANANCIAS allí se llevan el producto de la explotación obrera española.

Los sindicatos subvencionados, con su ejército de liberados les toleran y les ayudan, lo mismo que hacen los politicastros desde los Ministerios-Consejerias-Ayuntamientos-senado-parlamentos. Todos ellos forman parte del gran SINDICATO PATRONAL, de la DEMOCRACIA REAL de cada legislatura.

¿Qué pasa con el terremoto y el desmoronamiento de los edificios de LORCA? ¿Quiénes son los responsables? ¿Cuántos arquitectos-aparejadores, empresarios, responsables y exresponsables políticos están en la CÁRCEL? NINGUNO. La especulación y el crimen de la mafia de la construcción y de todos sus ayudantes y socios, son GRATIS. Lorca es el ejemplo que siguen los capitalistas y sus políticos en el Estado español y en el mundo.

¿Qué es lo que necesita la clase obrera?
La clase obrera, la clase explotada y oprimida no necesita ni libertad de comercio ni el comercio en ninguna de sus facetas y menos aún que se permita la esclavitud que supone la compra-venta de la mercancía fuerza de trabajo. Ni la libertad de Despido. Ni la libertad de subir los precios. Ni la libertad de horarios. Ni la libertad de hacer la guerra a Libia-Afganistán-Irak…

Nosotros en el capitalismo sólo reclamamos la libertad de organización, de huelga, de manifestación, de autodefensa. Siendo conscientes que esas libertades debemos conquistarlas todos los días de cada año, porque la burguesía no nos regala nada.

Necesitamos las organizaciones clasistas proletarias clásicas: sindicato clasista obrero y partido de clase, que asuman, propaguen y defiendan las tablas reivindicativas, los métodos de lucha y las formas de organización impersonales o anónimas, verdaderamente independientes, económica y políticamente, de todos los sectores o estratos de la burguesía, de los muñidores de los negocios, limpios o sucios, legales o ilegales.

En la época del dominio del capital financiero, del capital imperialista, la DEMOCRACIA REAL es la que practican las 44 empresas que visitaron a Zapatero en el palacio de la Moncloa hace unas pocas semanas. Esos 44 votantes y unos pocos socios más, con sus empresas, sus medios de comunicación (Tv-Radio-Prensa-Cátedras-Púlpitos-Cuarteles…) son los auténticos electores, son la DEMOCRACIA REAL AQUÍ Y AHORA.

La clase obrera, sus reivindicaciones y sus luchas no están representadas en la Puerta del Sol, en la Plaza de Catalunya, etc.

Esas calderas de vapor contienen AGUA. Representan a la pequeña burguesía, a los intelectuales, a la DEMOCRACIA REAL PARLAMENTARIA.

La clase obrera es portadora del FÓSFORO, de la PÓLVORA que provoca la CHISPA QUE PRENDE EL FUEGO. Si mezclamos el FÓSFORO con el AGUA, ésta humedece al FÓSFORO y éste ya no provoca CHISPA ni prende FUEGO.

Nosotros, desde el Sindicato de clase debemos mantener la independencia, la separación del FÓSFORO lo más lejos posible del AGUA que mueve a la pequeña burguesía. Sólo así dispondremos de FÓSFOROS secos que provoquen CHISPAS, explosiones y fuegos cuando llegue nuestro día en una situación ya objetiva e históricamente más favorable para la defensa de los intereses de la clase obrera. Mientras tanto propagamos la defensa del presente y del futuro.

Por la jornada de 30 horas semanales, sin reducción salarial, jubilación voluntaria con el 100% del salario (como en banca-Telefonica-Repsol..) Salario Mínimo de 1.500 euros. Puesto de trabajo o Subsidio indefinido de 1.500 euros mensuales a los parados en busca de trabajo. Medicinas, hospitalización, pruebas de radiografía, análisis GRATIS y a cargo de la Seguridad Social. Ante la pérdida de poder adquisitivo, aumento lineal de 400 euros para los asalariados y pensionistas ¡El dinero que se da a los empresarios ybanqueros, para los obreros!

¡¡No te resignes a la impotencia individual ni al circo electoral, organízate en el S.U.T.!! 

http://www.nodo50.org/sindicatosut